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Son ferroviarios, estudian en la UNSAM y lograron que el tren volviera a pasar por dos pueblos bonaerenses después de 30 años

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Cinco estudiantes de nuestra Licenciatura en Tecnología y Gestión Ferroviaria, fundadores de la Asociación de Amigos del Ferrocarril General Belgrano, lograron reactivar el servicio del Ferrocarril Belgrano Sur y revitalizar los pueblos de Villars y Plomer. “Que ahora el servicio turístico funcione a pleno todos los fines de semana nos demuestra que esto trajo buenos resultados, que no estábamos tan locos, que no era puro romanticismo y que tenía una razón de ser”.

Por Gaspar Grieco. Fotos: Pablo Carrera Oser y Asociación Amigos del Belgrano

Una lluvia intensa riega los tranquilos campos del pueblo bonaerense de Villars. El agua forma pequeños charcos al costado de las vías abandonadas del tren Belgrano Sur, que no pasa por ahí desde hace más de veinte años. Los 1100 habitantes del pueblo duermen sin sobresaltos. A lo lejos, sobre las vías, dos luces se acercan a la vieja estación. Con transito lento pero firme, una zorra ferroviaria con motor de Citroën 3CV transporta a cinco jóvenes cubiertos por lonas que no paran de gritar y reír de felicidad.

“Fue una noche increíble”, recuerda quince años después Leandro Melluso. En esa aventura lo acompañaban sus amigos Juan Pablo Zupán, Federico Pallés, Andrés Rovira y Patricio Devoto, todos miembros fundadores de la Asociación de Amigos del Ferrocarril General Belgrano y actuales estudiantes del Instituto de Transporte (IT) de la Escuela de Hábitat y Sostenibilidad (EHyS) de la UNSAM.

Gracias al trabajo desinteresado de todos ellos, que durante más de una década y media limpiaron y arreglaron 110 kilómetros de vía, el tren Belgrano Sur volvió a circular por Villars y Plomer, lo que impulsó la reactivación de la actividad turística y comercial de estos dos pueblos de la provincia de Buenos Aires.

Una pasión de acero

Federico Pallés se crio en Ciudad Evita, frente a la estación Querandí del Ferrocarril Belgrano Sur. Cuando tenía trece años notó que el tren de carga había dejado de pasar y decidió investigar. Nunca imaginó que esa inquietud se convertiría en su vocación. “En la época en la que recién aparecía internet, al inicio del 2000, escribí unos relatos en los que compartía mis experiencias con los trenes”, cuenta Federico, que empezó a recibir correos electrónicos de personas que compartían su misma pasión ferroviaria.

“Conseguir un pasaje a Colonia Dora no fue fácil. Todos los trenes a Tucumán de enero estaban repletos y ya no había un solo asiento hasta febrero. ¿Qué podía hacer? ¿Contradecir mi espíritu aventurero y viajar en un indigno ómnibus de larga distancia pagando fortunas por ello?” Así empieza la crónica Retiro a la aventura, escrita por Federico en noviembre de 2003 y publicada en su blog personal Satélite Ferroviario.

Andrés Rovira era adolescente cuando leyó el relato de Federico. “Yo no tenía nada que me atara al Belgrano Sur, pero sí me nacía hacer algo para detener el deterioro”, cuenta el joven que empezó a interesarse por los trenes a los trece años, cuando la privatización noventista dejó varios ramales en estado de abandono. Andrés, quien hoy se desempeña como inspector de vías en la empresa Trenes Argentinos mientras cursa la Licenciatura en Tecnología y Gestión Ferroviaria de la UNSAM, fue uno de los que se comunicó con Federico para hacer algo por el Belgrano Sur. “Lo primero que hicimos fue una caminata por todo el ramal para conocer su estado de abandono. Después, de manera muy improvisada, nos organizamos en jornadas de trabajo para desmalezar, limpiar y patrullar la traza todos los fines de semana”.

Todo empezaba muy temprano: se encontraban en un punto medio y encaraban viajes larguísimos en colectivos y trenes hasta llegar a las vías que recorren la localidad de Mercedes y sus pueblos aledaños. “Lo tomábamos como un juego y, a la vez, como un trabajo. Volvíamos deslomados y, después, los lunes era volver a nuestros trabajos o a estudiar”, cuenta Leandro Melluso, trabajador del Ferrocarril Roca y estudiante de la misma licenciatura que cursa Andrés.

Si bien ninguno de ellos provenía de familias ferroviarias, todos compartían su fascinación por los trenes. “Sentimos algo muy visceral con el ferrocarril y podemos estar horas callados escuchando el paso de los trenes o el contacto de la rueda y el riel. Cuando nos subimos por primera vez a una zorra, que es algo tan sencillo, nos generó algo muy fuerte”, describe Leandro, que actualmente está en carrera para convertirse en conductor de trenes.

A tal punto llegó esa fascinación, que en 2006 el grupo conformó la Asociación Civil Amigos del Belgrano, una entidad sin fines de lucro que busca preservar la traza del ramal G del Ferrocarril General Belgrano y que hoy cuenta con más de 50 miembros organizados en la sede central en la ciudad de Mercedes y en dos bases de trabajo denominadas Equipo Sur, con equipos de trabajo en los pueblos de San Eladio y Plomer, y Equipo Norte, en Espora y Tres Sargentos.

Amigos del tren

Al igual que todos sus miembros, a Juan Pablo Zupan los trenes lo atrajeron desde adolescente. El entonces estudiante de la carrera de Comunicación Social se sumó a la Asociación en 2009 para colaborar en la gestión y, al igual que sus compañeros, se calzó la ropa de trabajo. Armado con una desmalezadora y un machete, pasó sus fines de semana limpiando los 110 kilómetros de vías en la llanura pampeana.

Hoy Juan es comunicador social y casi magíster en Política y Planificación del Transporte por la UNSAM. Además, trabaja en la empresa Trenes Argentinos.  “Las cosas más lindas de la vida las hice viajando en tren: ir a la casa de mi abuela en San Martín o a las quintas de amigos de mis viejos en Mariano Acosta”, recuerda. Entre 2015 y 2020 los “jornaleros” intensificaron su trabajo en la traza yendo todos los fines de semanas a Mercedes para dejar todo en condiciones. No fue en vano: “El trabajo de la asociación plantó la semilla: hace unos años apareció la decisión política de que el ferrocarril volviera a operar sobre esos sectores del trazado que estábamos custodiando”.

Patricio Devoto, estudiante de la Licenciatura en Política y Gestión Ferroviaria, es el único de los cinco que no trabaja en el ámbito ferroviario, pero comparte la misma pasión que sus compañeros. “Este es un grupo muy intelectual respecto del ferrocarril. Estamos muy al tanto de la actualidad ferroviaria nacional. Estudiamos la red de todo el país y la conocemos. Coleccionamos mapas y bibliografía al respecto”, detalla.

Lejos de dedicarse solo a tareas de mantenimiento, los amigos del Belgrano Sur realizaron numerosas tareas institucionales y administrativas. Se reunieron con intendentes, empresarios ferroviarios, ministros y secretarios de transporte de varios gobiernos nacionales y provinciales, siempre con el mismo norte: lograr que el tren regresara a los pueblos.

La llegada del tren

La Estación Villars de la localidad homónima del partido de General Las Heras fue inaugurada en 1908 para la circulación del tren Belgrano Sur. Con su depósito de locomotoras y mesas giratorias, entre 1914 y 1970 era una de las estaciones más importantes de la línea. Sin embargo, en 1993 la estación se convirtió en una víctima más de la privatización menemista y fue clausurada.

Los vecinos del pueblo nunca imaginaron que un grupo de jóvenes que ni siquiera eran vecinos del lugar limpiarían y protegerían las vías muertas en sus ratos libres. Menos se imaginaron que, veintinueve años después, todo ese trabajo ad honorem lograría lo que tanto anhelaban: la reinauguración de las estaciones de los pueblos de Villars y Plomer y el retorno del servicio del Ferrocarril Belgrano Sur.

El jueves 22 de diciembre de 2022 fue el gran día. “La llegada del tren fue increíble. Nosotros veíamos el estado de las vías y decíamos ‘es imposible que un tren haya pasado por acá’. Escuchábamos historias de los vecinos de hace treinta años y, de repente, lo vimos concretado”, cuenta Juan. “Verlo pasar fue surrealista. La capacidad de asombro no se agota porque ahora pasa por ese lugar donde nosotros estuvimos trabajando durante tanto tiempo, tantos fines de semana. Es una epopeya para nosotros”, completa Federico.

Hoy, los pueblos de Villars y Plomer —que juntos reúnen una población de 2200 habitantes— están unidos por la vía férrea a 10 km de distancia y son parte de un paseo turístico y gastronómico visitado por decenas de curiosxs, aficionadxs al ferrocarril, ciclistas y motoquerxs. “Que ahora el servicio turístico funcione a pleno todos los fines de semana nos demuestra que esto trajo buenos resultados, que no estábamos tan locos, que no era puro romanticismo, sino que tenía una razón de ser. ¿Qué más felicidad que eso?”, se emociona Juan.

De las vías a la Universidad

Hoy, los cinco amigos del Belgrano Sur continúan forjando su pasión de acero desde el Instituto de Transporte de la Escuela de Hábitat y Sostenibilidad de la UNSAM. “La Universidad nos aporta conocimientos nuevos y está homologando conocimientos informales que teníamos de antes, pero que terminaron sistematizándose y formalizándose con la carrera”, destaca Patricio.

“Siempre tuvimos la intención de despegarnos de lo romántico y la facultad nos brindó un montón de herramientas para chocar con la realidad. Ahora nos queda terminar la tesis. y, al mismo tiempo, cada uno de nosotros sigue desarrollándose profesionalmente en en distintas áreas del ferrocarril”, concluye Leandro.

Nota actualizada el 20 de mayo de 2024

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