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La educación en Finlandia: ¿Un modelo posible para la Argentina?

Los docentes e investigadores de la Escuela de Humanidades Stella Maris Más Rocha y Jorge Gorostiaga analizan las particularidades del sistema educativo nórdico y evalúan los riesgos de adoptarlo en la Argentina. Similitudes y diferencias de dos países distantes.

Por Gaspar Grieco | Fotos: Pablo Carrera Oser

Durante la 39.ª reunión de la Conferencia General de la UNESCO, celebrada en París a principios de noviembre, el flamante ministro de Educación de la Nación, Alejandro Finocchiaro, firmó un memorándum de entendimiento con su par finlandesa Sanni Grahn para, entre otros puntos, intercambiar ideas sobre el diseño de políticas educativas, los procesos de enseñanza y la gestión pedagógica.

Si bien Finocchiaro fue claro al afirmar que “hay que tener la humildad de observar las buenas prácticas de otros países, pero no para copiarlas, sino para ver si pueden adaptarse”, el tema trascendió la agenda privada y diversos medios publicaron notas referidas a los alcances de la educación en Finlandia y la posibilidad de aplicar el modelo en la Argentina.

Con un sistema educativo 100 % público en casi todos sus niveles, Finlandia suele ser caracterizada en el mundo como la panacea educativa. En 2016, los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), que mide el rendimiento académico en las áreas de matemática, ciencia y comprensión lectora, ubicaron a Finlandia entre los primeros puestos en las tres categorías. ¿Cuál es el secreto de su éxito?

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Stella Maris Más Rocha y Jorge Gorostiaga

Al respecto, la directora de la Licenciatura en Educación de la Escuela de Humanidades de la UNSAM, Stella Maris Más Rocha, y el director de la Maestría y la Especialización en Gestión Educativa, Jorge Gorostiaga, coinciden al señalar que, a diferencia de la Argentina, Finlandia presenta altos niveles de equidad social. “Finlandia es un país muy pequeño —tiene una superficie de 338.424 kilómetros cuadrados y 5,4 millones de habitantes— y no tiene diferencias sociales tan marcadas. Cuando la equidad social está garantizada, el sistema educativo necesariamente presenta características diferenciales. Es decir, para poder hablar del sistema educativo, primero hay que hablar del sistema social del país. Pensar que podemos importarlo todo y después esperar que funcione es caer en un error”, advierte Más Rocha.

En esa línea, Gorostiaga menciona el elevado estatus social del que gozan los docentes finlandeses: “El respeto que existe en la sociedad finlandesa por los docentes es algo tradicional que se ha mantenido. A fines de los años setenta, todos los planes de formación docente del país se incorporaron a las universidades e incluso se estableció que los maestros primarios debían alcanzar un nivel de maestría, que equivale a un total de 1800 horas de estudio en una carrera de cinco años”.

Otro de los aspectos del modelo finlandés que suele ser destacado es el del trabajo por proyecto: en lugar de aprender los contenidos en materias fragmentadas, los alumnos desarrollan proyectos de investigación que cruzan diversas disciplinas y en los que hacen un uso académico de las TIC. Al respecto, Gorostiaga afirma que esa forma de enseñanza-aprendizaje es relativamente nueva: “Finlandia tiene un sistema bastante tradicional. Si bien busca introducir innovaciones, hay que tener en cuenta que el resultado de las últimas pruebas PISA fue el producto de modelos pedagógicos muy tradicionales y no del trabajo por proyecto”.

Cabe señalar que el modelo finlandés no se caracteriza por promover el uso de notebooks y tablets en las aulas, sino que fomenta el placer por la lectura, la alfabetización, el trabajo en grupo, la construcción de la autonomía de los niños y los trabajos manuales. “En la Argentina tenemos niveles de pobreza muy altos. Por ejemplo, en la UNSAM el 85 % de los estudiantes son primera generación de universitarios y, en algunas familias de San Martín, sus chicos son parte de la primera generación que asiste a la escuela secundaria. Es decir, hay un entorno familiar y cultural que hace muy difícil poder aplicar el modelo nórdico”, remarca Más Rocha.

Según los investigadores, en Finlandia cada docente cuenta además con un sueldo que se ajusta a la media de los países de Europa y una asignación de escuela única, lo que permite una planificación articulada de las actividades y facilita el trabajo por proyectos. Además, todos los alumnos almuerzan en la escuela y asisten en micros escolares por derecho. “En un sistema como el nuestro, en el que los profesores de secundaria trabajan por horas cátedra y cobran solo por la cantidad de horas trabajadas en el aula, es imposible exigir que trabajen en forma interdisciplinaria con sus colegas, porque, después de dar clase, muchos deben trabajar en otro curso o escuela”, advierte Más Rocha.

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Vaivenes de la educación en la Argentina

Cada una de las 24 provincias que integran el país debe elegir el modelo educativo que implementará para su población. No obstante, todas están enmarcadas por el artículo 14 de la Constitución Nacional y la Ley de Educación Nacional sancionada en 2006, cuyo artículo 16 establece que “la obligatoriedad escolar en todo el país se extiende desde la edad de cinco años hasta la finalización del nivel de la educación secundaria” y otorga un presupuesto del 6 % del total de PBI.

Si bien la educación argentina fue reconocida por la UNESCO como la más avanzada de América Latina, existen problemas estructurales desde hace décadas. Al respecto, Más Rocha señala: “La escuela secundaria es el nivel más crítico de nuestro sistema educativo. En los últimos 20 años se intentaron reformas sin modificar sustancialmente los problemas estructurales del sistema”, y añade: “La repitencia es uno de los problemas centrales, porque conlleva al abandono de los alumnos”.

Si bien Más Rocha y Gorostiaga celebran el intercambio con Finlandia, ambos se muestran críticos con la política educativa del Gobierno actual. “Es difícil entender el modelo que buscan llevar adelante; no hay un proyecto de ley que permita ver hacia dónde van. Sí hay propuestas aisladas (como la de la Escuela Secundaria del Futuro y la Universidad de Maestros en CABA, o el acuerdo con Finlandia), pero es difícil visualizar un proyecto común, nacional, porque no hay nada firmado, solo tenemos el borrador del Proyecto de Ley Plan [email protected], que aún no se presentó en el Congreso, y el Marco para la implementación de la Secundaria 2030 recientemente firmado por todos los ministros de Educación en el Consejo Federal”, puntualiza Más Rocha.

Al mismo tiempo, la investigadora habla del proceso de mercantilización de la educación: “Respecto de las capacitaciones docentes hay un proceso en el que el accionar de ONG y empresas privadas se yuxtapone con el Estado. Cuando esto sucede, es difícil que el Estado pueda resolver los problemas que detectó, porque ahí entran en juego los intereses del sector privado”. En sintonía, Gorostiaga completa: “Ese es uno de los temas críticos del sistema educativo argentino. La formación docente es muy heterogénea y desigual”.

En ese sentido, Más Rocha propone revalorizar el rol de la escuela pública: “Durante el siglo XX, la escuela en la Argentina fue un espacio importante y socialmente heterogéneo, en el que los maestros eran respetados y los alumnos aprendían. Para lograr una reforma adecuada es necesario un trabajo interministerial y políticas de largo plazo. No se pueden diseñar reformas educativas sin incluir en el proceso a los docentes, los estudiantes y las familias”.

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Nota actualizada el 12 de diciembre de 2017

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