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El programa Potencias de la Invención para Habitar el Encierro de la Escuela de Humanidades brinda talleres de lectura y escritura a personas privadas de su libertad en el Complejo Penitenciario Norte de José León Suárez. La iniciativa busca crear espacios de contención y crecimiento personal a través de la literatura y el arte.
¿Cómo se lee desde la cárcel? ¿Qué lugar puede ocupar allí la escritura? ¿Cómo se construye el rol docente en un contexto con lógicas de aprendizaje diferentes? Estas son algunas de las preguntas que impulsaron la creación del programa Potencias de la Invención para Habitar el Encierro de nuestra Escuela de Humanidades (EH), que brinda talleres de lectura y escritura a personas privadas de su libertad en el Complejo Penitenciario Norte de José León Suárez, donde funciona el Centro Universitario San Martín (CUSAM) de la UNSAM.
“Muchos estudiantes me contaron que tenían interés en encontrar lugares concretos para hacer intervenciones educativas. Empezamos a conversar con el CUSAM y surgió la posibilidad de dictar talleres en ese marco”, cuenta Sergio Frugoni, coordinador del programa y docente del Profesorado en Letras. “Nos interesaba pensar formas de intervención que ampliaran el perfil del egresado de letras de la UNSAM, que el trabajo en contextos de encierro fuera un horizonte posible, profesional y académico”, explica.
El programa busca distanciarse de los discursos “resocializadores” —que asignan a la lectura y la escritura un valor normalizador o correctivo— y adopta el enfoque sociocultural de la literacidad, que entiende que las personas aprenden a leer y escribir participando activamente en situaciones sociales específicas. Se trata de una perspectiva que considera la historia de cada persona como lectora y escritora, y reconoce su capacidad para apropiarse de recursos de literacidad con el acompañamiento de mediadores de cultura escrita.
En el marco del programa se desarrollan dos propuestas pedagógicas pensadas para el CUSAM: el taller “Literatura, juego e infancia”, del que participan mujeres de la Unidad Penitenciaria N.º 46 y que tiene como objetivo formar mediadoras de lectura a partir de un trabajo con literatura infantil y estrategias de formación de lectores, y el taller “Acompañamiento a la lectura, escritura y oralidad en la universidad”, dirigido a personas privadas de su libertad en la Unidad Penitenciaria N.º 48 que quieren iniciar los estudios superiores.
“La lectura y la escritura abren un espacio de intimidad, personal, propio, de autonomía, en un contexto en el que todas estas características están negadas u obturadas”, dice Frugoni, que destaca el impacto que tiene la escritura de poesía en la cárcel. “Muchas personas manifiestan que encontrarse no solo con la poesía, sino con un espacio en donde se lee y se escribe poesía, les permite asumir otras posiciones frente a sí mismos, a su subjetividad y a los demás”. Frugoni cuenta que los talleres también tienen un efecto positivo a nivel colectivo: “Implican siempre compartir espacios organizativos, herramientas y proyectos con otras personas. En el caso del CUSAM, les permite a quienes participan ser parte de la vida académica y, como dicen ellos, ‘pasar de ser un número a ser un estudiante’”.
Nadia Izaguirre, estudiante de Letras y coordinadora del taller “Literatura, juego e infancia”, cuenta: “La idea es capacitar a mujeres privadas de su libertad como mediadoras de prácticas de lectura y escritura con niños y niñas. Para eso trabajamos con libros, ejercicios literarios y formas de narrar que les permiten ir desarrollando diversas herramientas”. Al cierre del taller se realiza una actividad especial pensada para el día de visitas, con juegos y actividades planificados por ellas mismas en un patio también construido por ellas mismas. “La literatura tiene un poder muy fuerte para reconstruir subjetividades desarmadas en contextos vulnerados y para crear espacios de contención y crecimiento personal”, asegura Nadia. “Las chicas nos cuentan que, en el espacio del taller, pueden expresarse sin miedo porque no se sienten vigiladas y pueden decir lo que piensan sin que eso tenga repercusiones”. Para Nadia, participar del programa también aporta a su formación como educadora: “Es una práctica que está nutrida por una constante reflexión y diálogo con los colegas que forman parte del programa, con quienes compartimos bibliografía, experiencias, propuestas y puntos de vista. Es un proceso abierto, cambiante y no lineal que exige creatividad y permeabilidad para repensar la planificación y reconfigurar los encuentros”.
Asimismo, el taller “Acompañamiento a la lectura, escritura y oralidad en la universidad” apunta a que los estudiantes universitarios del CUSAM puedan fortalecer, desarrollar y poner en práctica sus habilidades lectoescritoras. Además del abordaje de cuestiones vinculadas con aspectos gramaticales y normativos, se busca que los participantes puedan tomar decisiones con creatividad y autonomía concientizando el proceso de escritura y generando estrategias de autocorrección. El acompañamiento es individualizado y atiende a las necesidades y dificultades particulares de cada tallerista.
Integran el programa Potencias de la Invención para Habitar el Encierro Sergio Frugoni (coordinador); Laura Ares y Vanina Santoro (asesoras); y Nadia Izaguirre, Yasmin Debesa, Constanza Rapallini, Julia Blanco, Nahuel Pérez, Luciana Narducci, Agustina Cabello y Tadeo Debesa (estudiantes).
Centro Universitario San Martín (CUSAM), Didáctica de la Lengua y la Literatura, Educación en contextos de encierro, Potencias de la invención para habitar el encierro