Escuela de Arte y Patrimonio

Líquenes y hojas de jacarandá: una solución barata y eficaz para medir la calidad del aire en museos nacionales

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Científicos de las escuelas de Arte y Patrimonio, y Hábitat y Sostenibilidad de la UNSAM colocaron líquenes en el interior de los museos Histórico Nacional y Nacional de Bellas Artes para preservar sus obras y midieron el aire exterior con hojas de jacarandá para conocer la concentración de partículas contaminantes provenientes de los gases vehiculares y las frenadas en el asfalto. Un estudio internacional de conservación preventiva.

Por Gaspar Grieco. Fotos: Pablo Carrera Oser y Martina Scoccimarro 

Las obras de arte que conforman el patrimonio cultural de cada país están amenazadas por la contaminación del aire. No solo los edificios históricos, también las pinturas y esculturas ubicadas en ambientes cerrados pueden verse afectadas. ¿La fuente del problema? Los gases de los automóviles y las frenadas en el asfalto, los cuales desprenden material particulado que se transporta al interior de los museos a través del aire y puede actuar sobre las superficies de las obras generando capas oscuras (suciedad), abrasión de los materiales y decoloración.

Los científicos del Istituto Nazionale di Geofisica e Vulcanologia (Italia) monitorearon la calidad del aire utilizando líquenes naturales y hojas de plantas en la famosa Villa Farnesina de Roma, obra maestra del Renacimiento italiano con óleos pintados al fresco por artistas de renombre. Los resultados de este primer enfoque multidisciplinario de biomonitoreo para evaluar el impacto del tráfico vehicular en el patrimonio cultural mostraron que el uso de líquenes y hojas representa una solución “rápida, barata y muy sensible” para medir la calidad del aire.

Investigadores del Centro de Estudios sobre Patrimonios y Ambiente (CEPyA) de la Escuela de Arte y Patrimonio (EAyP) de la UNSAM replicaron la misma investigación junto con sus pares italianos en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) y el Museo Histórico Nacional de la Ciudad de Buenos Aires, pero con impronta argentina: utilizaron líquenes autóctonos de las sierras de Tandil y hojas de jacarandá y fresno.

“La contaminación te puede generar varios problemas. El material particulado puede hacer que se produzcan reacciones químicas que decoloren, cuarteen o que generen problemas de adhesión en una pintura o en el soporte de una escultura. Además, el simple hecho de su depósito en una obra empieza a afectar la parte estética. Cuando pasa eso, normalmente, la obra se restaura. Ahora, con esta información de antemano, se pueden acelerar los ciclos de intervención”, cuenta Fernando Marte, director del CEPyA y responsable del proyecto.

El material particulado que flota al interior de los museos está compuesto por varios contaminantes: partículas inertes, material orgánico y metales pesados, entre otros. Marcos Tascón, investigador de la Escuela de Hábitat y Sostenibilidad (EHyS) y miembro del CEPyA, explica que “todo esto puede provocar una reacción química con los pigmentos de la obra o el material que aglutina, lo que puede hacer que estos aglutinantes se degraden y afecten a los pigmentos”.

Por todo lo expuesto, es necesario monitorear la calidad del aire dentro de los museos. Los investigadores colocaron líquenes orgánicos en las salas interiores, ubicados en pequeñas bolsas de red detrás de ciertas obras pictóricas durante tres meses. También los colocaron en los árboles que rodean ambos edificios para monitorear la cantidad de material particulado que circula por el exterior y evaluaron cómo actúan los jacarandás y los fresnos que limitan entre la vereda y la calle.

“Los líquenes tienen la capacidad de absorber material particulado sobre la superficie, pueden sobrevivir en condiciones bastante adversas y no hace falta realizarles prácticamente ningún mantenimiento. Sólo rociarles un poquito de agua una vez por mes. Entonces, los líquenes son muestreadores naturales de material particulado totalmente sustentables”, dice Tascón.

Martina Scoccimarro, estudiante avanzada de la Licenciatura en Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural de la EAyP, se sumó a la investigación como estudiante y hoy se está especializando en monitoreo ambiental. “Fue un salto enorme porque empecé a ver la parte profesional y de investigación que no hubiese tenido la posibilidad si no ingresaba en un proyecto de este estilo ¡Estoy re contenta!”, dice emocionada y destaca la importancia de la llamada “conservación preventiva”: “Es una rama de la conservación que actúa sobre le ambiente circundante para evitar el deterioro de una obra. Lo que se hace es observar cómo actúan los agentes de deterioro sobre colecciones patrimoniales durante periodos extensos para evitar que se produzcan”.

Marte coincide con esta visión y señala que “la conservación preventiva es más económica, no actúa sobre la pieza sino sobre el ambiente y eso la hace menos invasiva”. Al mismo tiempo, destaca el alto potencial de las hojas del jacarandá para monitorear el ambiente: “Los ensayos preliminares muestran que la mayor fuente de material particulado se ve en la primera línea de árboles, especialmente en los jacarandás, que filtran muchísimo más material particulado que otros árboles como los fresnos. Sirven como una gran barrera de material particulado”.

Los resultados preliminares mostraron la enorme eficacia de los líquenes autóctonos y los jacarandás para el muestreo de material particulado. “Con esta información se pueden generar estrategias de arbolado que aporten soluciones mucho más sostenibles, como la plantación de jacarandás, que son autóctonos de la Argentina. Los jacarandás son bioacumuladores casi tan buenos como los líquenes”, apunta Tascón.

Los líquenes fueron recolectados de las cortezas de los árboles de una zona prístina de las Sierras de Tandil, con la colaboración de científicos de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN).

Nota actualizada el 19 de febrero de 2024

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