IDAES

Una radiografía de la industria de la indumentaria en Argentina

Previo al lanzamiento del libro “¿Quién hace tu ropa”?, Jerónimo Montero Bressán, autor y compilador de la obra, analiza los puntos más críticos del sector en Argentina, con especial énfasis en la relación entre los fenómenos migratorios y la cadena de producción informal

¿Quién hace tu ropa? es un estudio pormenorizado de la situación histórica y actual de la industria de la indumentaria en Argentina. Esta compilación reúne los trabajos de una docena de especialistas, que presentan a lo largo de sus páginas una radiografía de las dinámicas productivas del sector y abordan problemáticas como la informalidad laboral, la explotación de los trabajadores, los talleres clandestinos y su relación con los fenómenos migratorios.

Uno de los impulsores del proyecto fue el investigador de Escuela IDAES Jerónimo Montero Bressán, quien coordinó la compilación junto a Andrés Matta, de la Universidad Nacional de Córdoba.

“Mi interés por el tema surgió directamente del incendio de un taller de costura ilegal ubicado sobre la calle Luis Viale, en el Barrio de Caballito, en 2006. Ahí murieron cinco niños y una mujer de 25 años, que estaba embarazada”, recuerda Montero Bressán. El especialista destaca que, en este sector, “el nivel de explotación laboral es uno de los peores de la economía, con un nivel de informalidad que llega al 70%”. Y señala, también, que las políticas cortoplacistas y los planes de financiamiento público destinados a emprendimientos pequeños y medianos “solo han ayudado a fragmentar más la cadena productiva”. Por este motivo, según el entrevistado, el sector de indumentaria constituye “un ejemplo paradigmática del fracaso de las políticas industriales en Argentina”.

Actualmente, Montero Bressán calcula que hay alrededor de 5.000 talleres clandestinos en la Ciudad de Buenos Aires. Esta cifra proviene de un relevamiento realizado en 2006 por la Subsecretaría de Trabajo, junto a organizaciones de talleristas de la ciudad. Si bien la cantidad de trabajadores es difícil de establecer, el investigador sostiene que un relevamiento llevado adelante por la Protex (Procuraduría Contra La Explotación y Trata de Personas) estimó que, en todo el país, cerca de 50.000 trabajadores del sector de indumentaria están bajo condiciones de trabajo en las que hay riesgo de vida.

“Muchas son familias migrantes” explica Montero Bressán, y detalla que es muy común encontrar parejas con niños trabajando en los talleres. En el caso de los menores, la situación, “más que con trabajo infantil tiene que ver con maltrato, tanto físico como psicológico”, asegura el especialista. “Hay denuncias de periódicos de circulación nacional que hablan de lugares con chicos encerrados en una especie de corralito o jaula”, remarca.

La modalidad de contratación, subraya el analista, ofrece a personas en situación de extrema vulnerabilidad tres elementos básicos: casa, comida y trabajo. En palabras del autor, “un combo que soluciona todo”. Además, agrega que las personas ocupadas bajo estas condiciones pueden pasar hasta 4 meses sin cobrar y que suelen tener jornadas laborales entre 15 y 16 horas por día, “lo único que hacen es trabajar, comer y dormir”, asegura. “Sería como poner en suspenso sus vidas por un tiempo, y hacer un esfuerzo sobrehumano con la idea de llegar a poner su propio taller, o de poder juntar lo suficiente para volver a su país de origen”, resume Montero. Por otro lado, las propias lógicas de organización atentan contra la posibilidad de que los trabajadores logren mejores condiciones. “Están en una situación de amedrentamiento permanente, se los amenaza con no pagarles los salarios o con incluirlos en una lista negra que no les permita conseguir un nuevo trabajo”, detalla.

Frente a este panorama, Jerónimo Montero Bressán sostiene que “la responsabilidad de las marcas es clave, ya que son las que tienen el capital necesario para formalizar la cadena productiva”. Para el experto, la diferencia en el costo de una prenda producida en un taller clandestino respecto de una elaborada de forma legal no es significativa. Sin embargo, “la economía informal les permite a los productores abonar pura y exclusivamente por el trabajo a destajo”. Así, afirma el investigador, “evitan pagar salarios fijos, vendan o no vendan”. “Las grandes marcas crearon esta economía informal, que surgió de su estrategia de los años ’90 de cerrar sus propias fábricas y subcontratar la producción”, concluye.

 

El libro se presentará el próximo viernes 26 de marzo, a las 17hs.
La actividad se llevará a cabo con inscripción previa ingresando ACÁ

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Nota actualizada el 17 de marzo de 2021

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