Escuela de Humanidades

Mario Pecheny: “Las ciencias sociales y las humanidades producen evidencia empírica al servicio del debate público”

Galería

El segundo día del I Congreso Internacional de Ciencias Humanas de la UNSAM contó con las participaciones de Mario Pecheny, Gloria Chicote, Sandra Contreras y Diego Hurtado. Hubo consenso sobre la adversidad del contexto para el sector científico argentino durante el último gobierno y se identificó la confluencia del fascismo y el neoliberalismo como el principal desafío para el campo de las ciencias humanas y sociales.

Por Alejandro Zamponi. Fotos: Leandro Martínez

Durante la segunda jornada del Primer Congreso Internacional de Ciencias Humanas de la UNSAM, lxs investigadorxs Mario Pecheny, director del Área de Ciencias Sociales y Humanidades del CONICET; Gloria Chicote, directora del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP-CONICET); Sandra Contreras, directora del Instituto de Estudios Críticos en Humanidades (IECH-CONICET); y Diego Hurtado, director del Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y de la Técnica José Babini (UNSAM-CONICET) debatieron en el panel “Investigar en Humanidades: Entre pasado y futuro”.

Pecheny caracterizó el contexto de la actividad en la Argentina y el mundo. “Como investigadores e investigadoras de humanidades y ciencias sociales debemos enfrentar al fascismo y al neoliberalismo. Ambos frentes combinados implican ataques verbales y, en ocasiones, físicos”, dijo. El investigador también señaló que el área de estudio recibe reclamos de utilidad a corto plazo, así como el desprecio público. “Incluso en la corriente nacional y popular hay una postura antiintelectual desde la que se nos acusa de trabajar en una torre de marfil”, dijo.

Pecheny recordó una anécdota que tuvo lugar durante su primera reunión en el directorio del CONICET, a la que había asistido el secretario de Ciencia, Lino Barañao. “Luego de hablar de la utilidad del conocimiento y la importancia del emprendedurismo, Barañao destacó las cosas útiles hechas por el CONICET, pero no mencionó a las ciencias sociales ni a las humanidades. Ese mismo día, el senador Miguel Ángel Pichetto había hecho declaraciones en materia de migración. Entonces levanté la mano”, relató. “Dije que desde las ciencias sociales y las humanidades producimos material suficiente para afirmar que aquellas declaraciones en materia de migración no estaban basadas en evidencia y que prevenir el fascismo y la xenofobia en la Argentina es de utilidad pública”. 

En esa reunión, Pecheny también planteó cuestiones de género. “Éramos diez varones hablando en una mesa y tres mujeres atrás nuestro tomando nota. Y esas son las cosas que estudiamos quienes trabajamos género. Aportamos evidencias empíricas que muestran por qué situaciones como esa son políticamente inadmisibles a esta altura del partido”, dijo. 

Más tarde, Pecheny argumentó sobre la necesidad de producir evidencia empírica desde las ciencias sociales y las humanidades. “Informan el debate público y tienen un componente político que va más allá de lo instrumental”, dijo. También reflexionó acerca de la tendencia a pensar la evidencia en el sentido de las ciencias exactas y naturales. “Para trabajar temas en salud tenemos evidencia empírica muy sólida que nos permitiría planificar políticas públicas y medir efectos de tratamientos basados en narrativas, etnografías y metodologías cualitativas”, indicó.

Sobre el auge del fascismo, Pecheney arriesgó que “podría ser producto de una inseguridad ontológica derivada del quiebre de la utopía de acumulación e inclusión capitalista y de los lazos de género del patriarcado y la heteronormatividad”. “Esta doble crisis se busca reestablecer a partir de poner a las mujeres, a los jóvenes, a los negros, a los indígenas y todas las categorías dominadas en el lugar que les corresponde. La foto del gabinete de Dilma Rousseff y Michel Temer se puede ver como una caricatura de eso”, dijo.

Además de defender el liberalismo político, el estatuto de Estado de derecho democrático y la verdad empírica y la lógica de los razonamientos, para Pecheney otra tarea de las ciencias sociales y las humanidades es contribuir a la politización. “Hay que reconstruir las matrices estructurales históricas y sociológicas de los fenómenos. No se trata de opiniones personales. Hay que inscribir las experiencias individuales en narrativas colectivas, como fueron las experiencias de Yo Aborté o Ni Una Menos. El papel de las ciencias sociales y las humanidades es poner en disponibilidad esas conexiones”.

Por último, Pecheny se refirió al colectivo de científicxs en la Argentina. “Como científicos y científicas hemos sido objeto de ataques y por eso politizamos el lugar de hacer ciencia como una identidad política. Poder deliberar de manera colectiva en espacios públicos y universidades fue un privilegio”, concluyó. 

Por su parte, Chicote habló sobre “lo que nos dejó la crisis”. Estructuró su presentación en torno a las estrategias de supervivencia de lxs investigadorxs y el lugar de las ciencias sociales y las humanidades. “Más allá de la crisis presupuestaria y la estigmatización que padecimos las y los investigadores, hubo cosas positivas como la autoorganización”, dijo. En ese sentido, destacó el encuentro entre directorxs de institutos del CONICET y los cabildos abiertos para debatir la crisis presupuestaria del sistema científico y tecnológico.

También identificó como un logro el consenso alcanzado en contra de la polarización entre los roles docentes y de investigación  promovida por la separación administrativa entre los ministerios de Educación y de Ciencia y por la doble dependencia de algunas instituciones del CONICET y universidades. Sobre el rol de las ciencias sociales y las humanidades, Chicote aseguró que “tienen mucho futuro si se consideran las tendencias transdisciplinarias de las investigaciones y la necesidad de articular socialmente los avances científicos”.

A su vez, Contreras se refirió a los cuestionamientos a las ciencias sociales y las humanidades, a los que remontó al siglo XVI con Francis Bacon. “Desde entonces, esos cuestionamientos se reeditan de manera constante y en la Argentina tuvieron un nuevo capítulo con Lino Barañao”, dijo. En ese sentido, para la investigadora el rol de las ciencias sociales y las humanidades es aportar “un pensamiento del riesgo”.

Por último, Hurtado planteó que “el capitalismo en su fase neoliberal se propone construir un modelo del ser humano que garantice la centralidad epistémica del mercado” e identificó cuatro momentos de la historia del capitalismo: el nacimiento a fines del siglo XVIII de las ciencias sociales y la aparición de dispositivos de disciplinamiento, que luego fueron conceptualizados por Michel Foucault; la organización científica del trabajo basado en la cooperación entre expertos de formación universitaria y hombres de negocios —la producción en masa y el departamento de Sociología de Henry Ford, de acuerdo con Benjamin Coriat—; los trabajos de Alan Turing en inteligencia artificial y computación a fines de los cuarenta; y la quinta revolución industrial a partir de 1970 con las nuevas tecnologías de la información. 

“Noam Chomsky dijo que las ciencias humanas se reconstruyeron sobre la base de esos conceptos y enfoques tecnológicos del comportamiento humano”, señaló. “Para este sistema de producción de conocimientos las personas son electores. Se buscó la construcción de un ser humano predecible y controlable en su doble rol de sujeto de trabajo y consumo. El resto fue transformar todos los ámbitos de la vida humana en oportunidad para los negocios”, amplió. 

“Esta trayectoria del capitalismo en su faceta neoliberal no está llevando al colapso. Sin embargo, el mainstream económico y financiero, acompañado por sectores importantes de la academia anglosajona, continúa apegado a este paradigma neoclásico. Si esto sigue así, no estaremos frente a un problema acerca del estatus cognitivo de las ciencias sociales, sino de una racionalidad teórica que no busca ser predictiva, sino normativa. Es decir, una ciencia que busca concretarse adaptando la sociedad a sus principios. Por el contrario, las humanidades y las ciencias sociales deben funcionar como un espacio de resistencia”, concluyó. 

Silvia Grinberg, directora del Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas (LICH), estuvo a cargo de la moderación del panel. Participaron del encuentro la decana de la Escuela de Humanidades, Silvia Bernatené, y estudiantes, investigadorxs y miembros de la comunidad académica.

Nota actualizada el 11 de noviembre de 2019

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *