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Entrevista a Jean-Pierre Cometti: el arte, la cultura y el nuevo capitalismo

El filósofo francés de la Universidad de Aix-Marseille vino a la UNSAM para dictar el seminario “Las condiciones del arte: el estatuto del arte y del artista a la luz de las evoluciones”. En esta entrevista, habla sobre la crisis global y asegura que los casos de la Argentina y Francia no son tan disímiles.

La estética pragmatista de Jean-Pierre Cometti ‒sin duda excepcional en el campo de la filosofía francesa‒ puede verse como un combate tenaz y sostenido contra lo que él mismo denomina “el mito de la autonomía artística”. A contrapelo de las tendencias predominantes en el campo de la filosofía analítica, su obra se halla más interesada en los funcionamientos contextuales y heterónomos del arte que en la búsqueda de su definición en términos de “propiedades esenciales” que no obedecen sino a una concepción particular de los fenómenos artísticos, fuertemente arraigada en el discurso y las instituciones culturales con “el carácter de una ilusión”.

Justamente por esta postura, Cometti fue invitado a la Universidad por el profesor Ricardo Ibarlucía, titular de Estética en la Escuela de Humanidades y el Instituto de Altos Estudios Sociales,  para encabezar un seminario en el Doctorado de Filosofía, con el objetivo de replantear la cuestión del arte, de sus condiciones de autonomía y, más radicalmente, de su lugar en un contexto global que sacude día a día las fronteras en torno a las cuales se constituyeron los principales componentes de la sociedad y de la conciencia moderna.

Auguste Rodin, La voz interior, 1896

Auguste Rodin, La voz interior, 1896

-Durante su última visita a la UNSAM, usted dedicó un seminario al problema del estatuto del arte y del artista a la luz de los cambios culturales de las últimas décadas. ¿Por qué piensa que es necesario replantear estas cuestiones?

-Primero que nada, me parece que la mayoría del tiempo los filósofos no tuvieron lo suficientemente en cuenta los diversos factores y condiciones implícitas en el simple hecho de que exista algo que llamamos “arte” en nuestras sociedades, y que no siempre es igual. Debemos recordar que el arte es un producto social. Segundo, creo que hoy en día no podemos de ninguna manera entender cualquier cosa como arte si no prestamos especial atención a los numerosos factores –yo los llamo “factores de arte”– que se entrelazan de varias maneras para que algo se convierta en candidato a recibir estatuto de arte; es decir, que sea ubicado en el campo especial de las cosas y las prácticas que consideramos arte como diferente de todo lo demás. Además, considero que entender el arte sin estos factores está mal porque no hay cualidades intrínsecas que hagan que algo sea arte, y también porque en la actualidad tenemos que enfrentarnos cada vez más con el largo continuum que vincula recíprocamente el arte y la cultura. Un hecho como este se deriva de un cambio doble que ocurre tanto en el arte como en la cultura: grosso modo, el arte ha incorporado un montón de características, materiales y maneras de hacer que primero tienen lugar en nuestro contexto, en nuestras formas de vida, mientras que al mismo tiempo nuestros estilos de vida fueron abiertos a un tipo de objetos que cada vez menos se dedica a satisfacer nuestras necesidades. Es claro que tales objetos han existido desde siempre, pero en sociedades ricas y desarrolladas, su producción juega una función económica importante. No puedo entrar en detalles, pero podemos estar seguros de que esto está fuertemente relacionado con la economía del nuevo capitalismo, y que el arte se ve envuelto en esta evolución. Hay al menos dos tipos de hechos que son significativos: 1) el doble proceso de “artificación” y “culturalización” que desempeña un papel principal; 2) la extensión de las leyes del capitalismo a toda la cultura y de todo tipo de artefactos.

– ¿Se ha transformado la condición del artista y la relación con su público?

-Claro que sí. La condición del artista es complicada y ambigua. Por un lado, la población de artistas en las sociedades modernas no tiene el mismo estatus económico que un trabajador o un hombre de negocios. Por el otro lado, los productos de arte son siempre parte de lo que es comprado y vendido. Ahora, cada vez que algo cambia de manos tiene un precio. El problema es que quizá en la mayoría de las sociedades que consideramos desde este punto de vista haya dos tipos de artistas: los que venden obras –y a veces a precios realmente altos– y los que no viven de su arte. En esta situación se registran las mismas desigualdades y diferencias de estatus que en otras partes de las sociedades: entre ricos y pobres, empleados y desempleados, hombres y mujeres, etc. Esto contrasta con lo que pasaba a principios del siglo XX. La condición del artista ya no es la misma. Pese a las diferencias que continúan, podemos decir que se comparte una condición similar, debido a la indeterminación que crece en varios sectores de la economía.

– ¿Puede hablarse de una crisis del arte contemporáneo?

No creo que haya una crisis en el arte contemporáneo, que está vivo y en buen estado, mejor que muchos sectores de la economía. ¿Hay una crisis de dinero? Sin dudas, pero hay un montón de plata y un montón de gente rica en el mundo (10% de la gente monopoliza el 83% de la riqueza global). El mundo está en crisis, nuestro sistema económico está en crisis, pero el arte contemporáneo no. Si hay alguna molestia en el arte contemporáneo, es a causa de los cambios que he mencionado.

Man Ray, Marcel Duchamp con molino de agua dentro de planeador, 1917

Man Ray, Marcel Duchamp con molino de agua dentro de planeador, 1917

 

– ¿Hasta qué punto  la tecnología digital y la globalización pueden haber incidido en ese proceso?

Es difícil evaluar las consecuencias de lo que puede pasar con lo que llamamos la digitalización del mundo. Lo que es diferente es que ahora se puede digitalizar –lo que significa convertir en sólo un formato cosas diferentes como cuadros, textos y sonidos- casi todo.  Piensen en Walter Benjamin y su idea de la “reproductibilidad”. Esta se ha multiplicado cien o mil veces, no lo sé. Pero lo sorprendente es que estas potencialidades dieron lugar a un nuevo tipo de “aura”. Probablemente, el tipo de “aura” que el capitalismo requiere. Aunque no estoy seguro de ello, en un mundo así nuestras capacidades de libertad y autonomía puedan incrementarse.

– En Exterior arte (2014), su primer libro en español,  editado y traducido por Ricardo Ibarlucía, se reúnen trabajos leídos durante sus visitas a la UNSAM en 2010 y 2013. ¿Cómo fue su interlocución con el medio filosófico argentino?

Claro que las situaciones y condiciones entre la Argentina y Francia son diferentes, pero descubrí que tenemos las mismas preocupaciones y nos hacemos las mismas preguntas. Podemos entenderlo como un efecto de la “mundialización”. Un montón de gente ahora, en el mundo filosófico, habla inglés, lee en inglés, y consecuentemente comparte muchas referencias filosóficas similares. Esto tiene dos caras: una mala y una buena. Pero tenemos que tener en cuenta otras transacciones intelectuales mucho más profundas. No necesito recordar nuestras afinidades mutuas en arte y literatura, pertenecen a nuestra historia común. Si tuviese que agregar algo es que los intercambios que tuve en 2010 y en 2013 con profesores y estudiantes de la UNSAM, así como con mis colegas del Centro de Investigaciones Filosóficas, fueron muy desafiantes y gratificantes.

– En su libro usted defiende una lectura heterónoma del arte contra la idea de una “autonomía estética”. ¿Cuál sería la nueva función social del arte en el mundo contemporáneo?

La autonomía del arte no es algo viejo y es resultado de nuestra historia. Depende en mayor medida en la manera en que las sociedades evolucionaron, y de las ideas que acompañaron esa evolución. De hecho, el arte es siempre entendido en relación a otros sectores de la experiencia y el pensamiento. Entender el arte requiere de investigar estas relaciones. Hoy en día la autonomía del arte se volvió un problema, debido a la clase de relaciones que he mencionado y también por el rol que puede jugar a la hora de luchar contra el modo en que el capitalismo absorbe los principales recursos que necesitamos para sobrevivir.

Cometti - tapa

Para más información, consulte el Boletín de Estética.

Sobre Jean-Pierre Cometti

Es profesor honorario de filosofía en la Universidad de Provenza (Aix-Marsella). Es miembro del Comité Académico de la Revue International de Philosophie (Bruselas), de la Rivista di Estetica (Turín) y del Boletín de Estética (Buenos Aires) del Centro de Investigaciones Filosóficas. Sus trabajos se sitúan en el triple campo de la filosofía del lenguaje, la estética y la filosofía contemporánea. Su obra filosófica comprende, entre los títulos más recientes: Art, modes d’emplois: Esquisses d’une philosophie de l’usage (2001), Musil philosophe (2002), Art, représentation, expression (2002), Wittgenstein et la philosophie de la psychologie (2004), La force d’un malentendu. Essais sur l’art et la philosophie de l’art (2009), Qu’est-ce que le pragmatisme? (2009), Qu’est-ce qu’une règle ? (2011) y Art et facteurs d’art. Ontologies friables (2012). Exterior arte. Estética y formas de vida (Buenos Aires, Editorial Biblos, Colección Pasajes, 2014) es su primer libro original en castellano.

 

Nota actualizada el 7 de noviembre de 2014

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