Alejandro Grimson

Escuela IDAES, Notas de tapa

Alejandro Grimson: “Los mitos entorpecen la construcción de un país realmente plural”

Con un recorrido intelectual marcado tanto por su historia personal como por la de su generación, llegó a la UNSAM en 2004 y en 2005 asumió el sueño de forjar un instituto de altos estudios sociales que sea referencia continental. A los 44 años, el decano del IDAES dice que aquella fantasía ha sido superada. Dos meses después de recibir el premio más importante de la Latin American Studies Asociation (LASA) por su último libro, ahora presenta su nuevo trabajo, “Mitomanías Argentinas”, donde desarma los mitos del imaginario nacional.

Por Paula Bistagnino – Fotos: Alfredo Srur / Equipo de Comunicación UNSAM

¿Es cierto que los argentinos descendemos de los barcos? ¿Son los paraguayos, peruanos o bolivianos los responsables del desempleo en la Argentina? ¿Fuimos la nación más europea de América Latina? ¿Brasil o Chile saben el camino y la Argentina se equivoca? En su nuevo libro, Mitomanías argentinas: cómo hablamos de nosotros mismos (Siglo XXI), Alejandro Grimson hurga en el imaginario argentino para desentrañar cada uno de los mitos sobre los que se construye esta argentinidad tan contradictoria e intensa que le pone trabas a la construcción de una sociedad plural.

“Nada de esto es casual”, dice Grimson. No se refiere a los mitos que indaga en su libro –que nada tienen de casualidad y mucho de construcción-; habla de su búsqueda intelectual, que lo llevó de la militancia política y social en el colegio secundario, a empezar “de grande” la carrera de Ciencias de la Comunicación para terminar siendo máster y doctor en Antropología Social, y especializarse en la reflexión y producción teórica acerca de temas como la inmigración, la patria, la construcción de la identidad y lo multicultural. Lo explica sentado en su oficina de decano del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES): “Rastreando la vocación, el camino que hice tuvo y tiene mucho que ver con procesar mi historia personal: el abuelo de mi papá era un pastor protestante que se cree que era hijo de un cura y el de mi mamá un rabino judío. De ahí tengo una familia muy judía europea por un lado y una muy inglesa por el otro. ¿Cómo no relacionar eso con el hecho de que todo mi trabajo gira alrededor de la relación entre las culturas?”. 

Su historia es la de casi todos los porteños pero no la de todos los argentinos, como dice uno de los mitos…

Yo tengo una mezcla de historias y culturas europeas que me colocan en ese gran grupo de argentinos “descendientes de los barcos”. Pero tengo la particularidad de ser uno de los muchos “descendientes de los barcos” que estamos convencidos de que los argentinos no somos sólo eso y que rechazamos el imaginario europeísta blanco de lo argentino.

¿Qué dice ese imaginario-mito?

Que acá la Nación es una mezcla blanca. Y entonces la mitad del país queda afuera de ese imaginario. Esa es nuestra forma hegemónica y es la contraria a la del resto del continente, que asume su mezcla: por ejemplo mestizo en México y Perú, o mulato en Brasil, son categorías centrales y se da cuenta de ellas en las tradiciones de doble apellido. En esos países la mezcla se instituye como una homogeneidad: son naciones homogéneamente mezcladas. Acá pasa lo contrario: yo soy mezclado y sin embargo en el imaginario soy un europeo descendiente de los barcos y representante estereotipado de ese imaginario argentino.

¿Por qué es importante desarmar esos mitos tan presentes en la sociedad argentina?

El debate público, la vida cotidiana y nuestra convivencia están atravesados por estos mitos y creencias. Sean de derecha o izquierda, patrioteros o extranjerizantes, laicos o religiosos, es necesario desactivarlos para construir un país realmente plural, que sin duda va a ser un país mejor. Porque esa es nuestra identidad.

¿Es posible superar esas barreras?

Buenos Aires fue como el gran laboratorio a fines del siglo XIX y principios del XX; acá nos mezclamos y convivimos nacionalidades, culturas y religiones y pudieron entenderse de alguna manera. Esa es la parte optimista. Pero la pesimista dice que sigue habiendo procesos de subordinación, dominación e injusticia muy fuertes. Por eso creo que lo interesante es dejar de estudiar tanto los casos donde no hubo entendimiento y dedicarnos a los que sí lo tuvieron, que están, que somos nosotros. Hay que ir ahí.

Del sueño al IDAES

Egresado de la UBA en Comunicación, postgraduado en Antropología en Misiones y doctorado en Brasil, Grimson se siente un “afortunado” porque en las oportunidades que le dio el país sí hubo algo de casualidad. “Tuve la suerte de que volví al país doctorado en 2002 y justo coincidió con el proceso de recuperación y dinamización de las universidades. Eso, y que todavía en ese momento éramos pocos los doctorados en Ciencias Sociales”, dice. Ya dedicado a la academia, ganó una beca para ir dos meses a Princeton a escribir una investigación sobre los movimientos piqueteros. Justo antes de viajar -a través de Pablo Semán- lo conoció a Carlos Ruta, entonces decano de la Escuela de Humanidades que le comentó que quería formar un centro de investigaciones etnográficas. Apenas volvió, en 2004, empezó a dar clases en el flamante IDAES. En septiembre de 2005, cuando el primer director, José Nun, asumió la Secretaría de Cultura de la Nación, se convirtió en su sucesor.

¿Qué lo atrajo de la UNSAM?

Todos nosotros veníamos con experiencias internacionales en América Latina, Estados Unidos o Europa, que nos habían mostrado que había otras maneras posibles de construir universidades. Teníamos esa inquietud, que sólo podía desarrollarse en un lugar donde hubiera espacio para desplegar la creatividad. Cuando yo me acerqué a la UNSAM, se percibía como una universidad en la que, siempre y cuando se cumplieran ciertos estándares académicos, era posible inventar cosas.

Pasaron menos de ocho años y el IDAES es un instituto de referencia continental. ¿Cómo fue este proceso?

Yo fui por primera vez al Campus Miguelete, a reunirme con Ruta, en diciembre de 2003. Y sólo estaba terminado el Teatro Tornavía. Al año siguiente, recién concluyeron la primera etapa; y a partir de ahí todo fue vertiginoso. En 2005, durante una reunión de decanos y directores, nos preguntaron que imaginábamos cada uno para nuestra escuela o instituto en cinco o diez años. Yo dije que quería construir una unidad académica de Ciencias Sociales con investigadores full time que dieran una formación de grado, posgrado y doctorado al máximo nivel, articulado con investigación en los distintos campos y áreas, con autonomía de los investigadores y con capacidad para ganar fondos concursables que permitieran potenciarse, que trabaje en red con otras casas de estudio del continente… Lo dije como un acto de imaginación, de fantasía y deseo. Y eso, que era un imposible, se pudo hacer.

 

 

Nota actualizada el 10 de octubre de 2012

4 comentarios

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  4. Fernando dice:

    Dr. Grimson, soy estudiante de la Lic. en Antropología de UNSAM, para mi es un enorme placer escuchar sus reflexiones y pensamientos, como también poder leer sus libros.
    Actualmente me encuentro leyendo: “Limites de la Cultura” y “Antropología Ahora”, quería preguntarle ¿donde se puede comprar su último libro?
    Por otro lado también comentar, que el Psicoanálisis tomo mucho de los mitos (Narciso, Edipo, etc.) para poder construir su teoría o dar explicación a determinados fenómenos humanos.
    Le mando un saludo y ojala en algún momento pueda conocerlo personalmente y poder tener una charla con usted, Fernando Urrea.

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