Escuela de Ciencia y Tecnología

Cecilia Berdichevsky y Hedy Lamarr, legado femenino de la ciencia y la tecnología

Desde el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y durante todo el mes, se realizarán actividades orientadas a destacar el trabajo de las mujeres que trabajan en la UNSAM así como el compromiso de la Universidad con las temáticas de género. María Claudia Abeledo, directora del Centro de Investigación y Desarrollo en Informática (CIDI) de la ECyT y del proyecto San Martín Digital escribe sobre Hedy Lamarr y Cecilia Berdichevsky.

Por María Claudia Abeledo*

Cecilia Berdichevsky

Era contadora pública cuando conoció a Manuel Sadosky, el fundador del Instituto de Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. A ella no le interesaban ni el “debe” ni el “haber”. Fue así que se decidió a estudiar matemáticas. Se licenció casi junto con la llegada de la Ferranti Mercury, la famosa computadora que en el Instituto de Cálculo fue bautizada “Clementina”.

El grupo inicial era un puñado: Manuel Sadosky, Rebeca Guber, Alicia de Marval, Viola Eandi y María Rosa Pistol de Pignotti. Se agregaría más tarde el matemático español Ernesto García Camarero.

En 1961, Alberto Domínguez le encarga a Cecilia el cálculo de los términos de una serie en un problema de perfiles de una tobera que exigía innumerables cálculos manuales. En ese momento, recién arribada la Ferranti Mercury, Cecily Popplewell, colaboradora de Alan Turing, se encontraba en Buenos Aires. Fue como Cecily motivó a Cecilia a realizar el primer programa que corrió en esa máquina y que, en segundos, le dio el resultado buscado.

En 1962 cambia su rumbo pues obtiene  una beca para trabajar en la University of London Computer Unit durante cinco meses y otra por el mismo período en Francia. El ambiente, según su propio relato, era hostil. Los polytechniciens franceses la confinaron a un escritorio, en el que su contacto con la computadora era un carro para entregar el programa y otro para recibir los resultados de la corrida respectiva.

Esta matemática fue prolífica. En el Instituto de Cálculo no dejó ninguna de las tres ramas: la docencia, la investigación y la programación. Cecilia recuerda que los recursos de la Mercury comprendían tres lenguajes: absoluto, un assembler llamado Pig y un compilador, el Autocode. Posteriormente se agregó Comic, compilador generado en el Instituto de Cálculo. En 1966 deja el Instituto y vuelve a su profesión de contadora.

Cecilia recorrió mucho mundo y muchos trabajos desde ese momento: fue consultora de la primera hora en ACT, la empresa de Sadosky, Guber y Chamero; trabajó en IBIZA, donde no se olvidó de sus amigos del Instituto de Cálculo; y, en 1984, se convirtió en subgerente General de la Caja de Ahorro, a cargo del Centro de Cómputos.

Y, por supuesto, Cecilia trabajó y sufrió muchos años en SADIO. Fue vicepresidenta de Oliveros. Fue la representante en la IFIP durante lustros y lustros, amada por todos. Pero quizás lo más importante de todo lo que hizo en SADIO fue organizar las 18 JAIIO en el Bauen, donde el “Cuero” Aráoz era el presidente del Comité Académico y ella la presidenta del Comité Ejecutivo. No recuerdo qué estrella invitada tenían anunciada, que finalmente falló. Por suerte estaba  allí Ramón Puigjaner, quien fue convocado de urgencia por Cecilia. Como pueden imaginar, Ramón no tuvo ninguna posibilidad de negarse. Era una orden. Se presentó y fue un conferencista de lujo, quizás lo mejor de una de las jornadas más memorables que se hayan organizado nunca. Ella, eternamente agradecida con Ramón.

Esta gran mujer también tuvo tiempo para casarse: lo hizo con Mario Berdichevsky en 1951. Ruti, su sobrina de 5 años, muy orgullosa en su vestido de terciopelo azul, le llevaba la cola del vestido de novia. Parece que la plata se junta con la plata. Porque la familia de Cecilia tenía un excelente pasar económico. Pero los Berdichevsky no se quedaban atrás, eran una de las familias más poderosas de Avellaneda. “Mi suegro tenía tres millones, mi padrastro nada más que dos millones”, contó ella. Cecilia es una mujer extraordinariamente extrovertida. Aunque Manuel Sadosky me sorprendió cuando me dijo: “Cecilia Berdichevsky era una joven muy tímida”. Las mujeres siempre guardamos facetas diferentes para personas diferentes en momentos diferentes.

Cecilia, luego de jubilarse, actuó como consultora en informática y participó en importantes proyectos en la República Oriental del Uruguay y organismos internacionales con el PNUD (Programas de las Naciones Unidas para el Desarrollo).

Nos dejó el 28 de febrero del 2010. Y fue nuestra primera programadora.

Hedy Lamarr

Hedwig Eva Maria Kiesler nació en Viena el 9 de noviembre de 1913. Fue la única hija de un banquero y una pianista de origen judío. Desde niña, se destacó por su inteligencia y fue considerada por sus profesores como superdotada. De su madre heredó su perfeccionismo en la ejecución del piano.

Sí, era muy inteligente, pero a los 16 años abandonó los estudios de ingeniería, impulsada por su vena artística.

Así llega al cine, donde triunfa con un film atrevido para la época. El precio alto que tuvo que pagar por esta “infamia” fue su matrimonio obligado con Fritz Mandl, uno de los hombres más ricos de Austria, propietario de una siderurgia que fabricaba municiones para los ejércitos nazis. Sin embargo, los espíritus indomables no se rinden tan fácilmente…

En aquella época (Segunda Guerra Mundial), uno de los problemas más graves a los que se enfrentaban los militares era la fragilidad de las comunicaciones por radio. Por un lado, el enemigo podía escuchar los canales utilizados por sus tropas —lo que les permitía, además de enterarse de sus comunicaciones, triangular el origen de la transmisión y así localizar al emisor—. Por otro lado, el enemigo podía, en el momento en que detectaba una transmisión, enviar una señal parásita en ese mismo canal, lo que interfería y anulaba la transmisión.

Este problema era especialmente grave para los espías, que cada vez que enviaban una transmisión no solo estaban delatando su posición, sino que las interferencias enemigas podían hacer su trabajo inútil. Además, el problema de la fragilidad de las comunicaciones por radio también tenía paralizados los proyectos para crear misiles y torpedos teledirigidos, ya que la facilidad para interferir las señales de radio hacía a estas armas totalmente inviables.

Hedy, entonces, diseñó un aparato en el cambio de frecuencias seguía un patrón fijo que estaba grabado en un tambor; tanto el transmisor como el receptor debían conocer este patrón y estar adecuadamente sincronizados. Hedy patentaría este aparato en 1941, bajo el nombre de Sistema de comunicaciones secreto. Sería la patente número 2.292.387. Pero la Marina de los Estados Unidos de América declaró que el sistema era demasiado vulnerable, inadecuado y engorroso para el efecto propuesto y archivó la idea.

A fines del siglo pasado, los ingenieros que trabajaban en el desarrollo de las redes informáticas inalámbricas se encontraron con el problema de evitar que los equipos que integraban la red se interfirieran entre si. El problema estaba claro: si dos aparatos emiten a la vez por el mismo canal, sus señales se interfieren y a los receptores no les llega nada. La solución obvia es hacer que los equipos estén escuchando el canal y emitan únicamente cuando no hay nadie más emitiendo, pero esto tiene un problema: ¿qué pasa si dos equipos empiezan a emitir simultáneamente? Esta realidad es contundente ya que los equipos informáticos funcionan a unas velocidades muy altas, de manera que en las milésimas de segundo que tarda una señal de radio en recorrer la distancia que le separa de alguno de sus compañeros de la red, este último tiene tiempo de comprobar el canal y realizar su propia emisión.

En general, se observó que los esquemas basados en regular el tráfico para evitar que varios aparatos emitieran a la vez eran muy ineficientes. En este punto, se puso sobre la mesa la invención de Hedy Lamarr. La idea era que los equipos, en lugar de utilizar un único canal, utilizaran un rango de canales de radio y, a la hora de transmitir, eligieran uno de ellos al azar para ir cambiando de frecuencia también de forma aleatoria (frequency hopping). Por supuesto, seguía existiendo el problema de que dos aparatos emitieran a la vez por el mismo canal en el mismo momento, pero se observó que las probabilidades de que esto ocurriera eran muy bajas, con lo que las pérdidas de datos derivadas eran lo bastante pequeñas como para ser manejadas mediante un protocolo convencional de detección y corrección de errores.

El único inconveniente para la época era la necesidad de que el receptor pudiera escuchar simultáneamente en todos los canales utilizados, algo que en los años noventa era posible (cuando Hedy inventó su aparato no lo era), pero con un coste mucho más elevado de lo que los compradores estarían dispuestos a pagar, así que la idea tuvo que congelarse nuevamente hasta los primeros años del presente siglo, en que la tecnología ya se había abaratado lo suficiente como para que el cambio aleatorio de frecuencia se pudiera utilizar en equipos comerciales.

Así, todas las tecnologías inalámbricas de que disponemos en la actualidad, tanto la telefonía de tercera generación como wifi o BlueTooth, se basaron en el cambio aleatorio de canal.

En los noventa, la visión de Hedy comenzó a fallar y ya estaba ciega antes de su muerte, el 19 enero de 2000, en Casselberry, Florida, a los 85 años.

Su hijo hizo trasladar sus cenizas a Viena, de acuerdo con sus deseos.

El Día del Inventor se celebra el 9 de noviembre (fecha de su cumpleaños), en su honor.

 

*María Claudia Abeledo es especialista en nuevas tecnologías aplicadas a la enseñanza y la salud. Dirige el Centro de Investigación y Desarrollo en Informática (CIDI) de la UNSAM y el proyecto San Martín Digital. Además, es docente de la ECyT y de la Universidad CAECE. Estuvo a cargo de equipos de trabajo interdisciplinarios que incorporaron tecnología informática en hospitales nacionales para el seguimiento de pacientes. Además, integró comités técnicos en numerosos congresos internacionales y es autora de publicaciones y presentaciones en la Argentina, Perú, Uruguay, Chile, México y Panamá. Es magíster en Redes de Datos y licenciada en Informática.

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