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La democracia como mandato, por Adrián Velázquez

Compartimos una entrevista con Adrián Velázquez Ramírez profesor de la Licenciatura en Historia y Becario Posdoctoral del Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas (LICH) de la Escuela de Humanidades de la UNSAM, quien recientemente ha publicado su libro “La democracia como mandato. Radicalismo y peronismo en la transición argentina (1980-1987)”

¿Cuáles eran las transiciones que se ponían en juego en la Argentina a principios de la década del ochenta cuando todavía no era muy clara la salida de la última dictadura?

Generalmente cuando se piensa en la transición se tiene en mente 1983 y el triunfo de Alfonsín. Sin embargo, para llegar a esa instancia hubo un proceso muy complejo en el cual se fueron ensayando distintas alternativas. Hay que tener en cuenta que para aquel momento el pasaje entre gobiernos de facto y gobiernos de iure era una especie de odiosa normalidad, por lo que había un amplio bagaje del cual echar mano. En este contexto, una primera posición era la de una salida concertada con los militares. Sin embargo, las pretensiones refundacionales de la última dictadura impidieron concretar cualquier acuerdo. En efecto, los militares estaban convencidos de que su mandato era reformar totalmente el sistema político, lo cual resultaba incompatible con cualquier esquema de negociación en el cual participaran actores que provenían de ese pasado destinado a superarse. Un poco más adelante, generó cierta expectativa entre los partidos políticos la presidencia de Viola y ciertos gestos aperturistas. En ese momento Alfonsín hablaba de una “salida a la portuguesa” bajo la hipótesis de que la facción más dialoguista de las Fuerzas Armadas se impusiera al sector más reacio a una apertura al interior de la Junta Militar y forzara una salida democrática. Sin embargo, ninguna de estas alternativas prosperó. En esta búsqueda es que surge la  Multipartidaria que fue un nucleamiento en cual coincidieron los principales partidos políticos. Esta fue una experiencia muy importante y que a menudo ha sido relegada de la memoria pública sobre la transición. No pocos dirigentes consideraban que la Multipartidaria debía seguir funcionando aún después de la elección de un gobierno democrático para que funcionara como un órgano de concertación inter-partidario. Esta era la posición, por ejemplo, de Antonio Cafiero.
Tal vez la alternativa menos probable dentro de este repertorio haya sido la que finalmente se impuso. Es decir, aquella que implicaba una revisión jurídica de los crímenes cometidos por las Juntas militares. Y es en este sentido que se agranda la
figura de Alfonsín. Él consideraba que ninguna transición sería realmente efectiva si no se traducía en una victoria de la democracia sobre la dictadura. La política de derechos humanos era precisamente la herramienta para lograr eso. En la propuesta de llevar a juicio a los militares había una clara lectura política de lo que significaba para la democracia este hecho que hoy se considera fundacional.

¿Qué recupera este período de otras instancias democráticas del país?
Este es uno de los aspectos mas notables del periodo y que podría sintetizarse de la siguiente manera. Si bien los actores de aquella época estaban convencidos de que con aquella transición se estaba inaugurando un tiempo radicalmente diferente al largo ciclo de inestabilidad que se quería dejar atrás, también es cierto que acudían a este mismo pasado en búsqueda de elementos que los orientaran para procesar esta ruptura. Esto vuelve muy interesante las lecturas que los partidos políticos hacen de sus propias tradiciones durante este proceso. En el libro se explora esta cuestión en relación con el radicalismo y al peronismo. Al fin y al cabo, estos dos partidos fueron los grandes protagonistas de la transición y tuvieron que revisar sus trayectorias durante el pasado que querían superar. El resultado es una mezcla interesante que reedita elementos muy particulares de la cultura política argentina pero que lo hace a la luz de cierta reflexividad sobre el carácter frágil de la democracia. Si uno se pone a pensar, esta cuestión sigue siendo central en los discursos políticos hoy en día. Constantemente se percibe que la democracia está amenazada y que hay que defenderla. En el caso del radicalismo podemos encontrar una lectura que identifica al partido como un repositorio de los valores democráticos que se fueron erosionando durante el ciclo de inestabilidad. Pero tal vez sea más interesante la autocrítica que hace Alfonsín respecto a lo que percibe como un desvío del radicalismo que en su confrontación con el peronismo se olvidó de que también era un movimiento de mayorías populares. Ante esto, Alfonsín reivindicaba que su partido durante la transición tenía como objetivo histórico superar la aparente contradicción entre democracia política y justicia social. Desde su punto de vista, esta tarea estaba vinculada a un ejercicio de lectura del propio pasado partidario. Retrospectivamente, el radicalismo de Alfonsín fue bastante excepcional en estos 36 años de democracia. En el peronismo tenemos otra dinámica, signada por la derrota electoral en 1983 y una larga interna que no se resolvió sino hasta el 85. Acá encontramos por supuesto a la Renovación Peronista, de paso breve pero que dejó una marca profunda al interior de la tradición partidaria. Una de las cuestiones que se discuten intensamente es el problema de “partido o movimiento” que viene de antes, pero ante la cual la Renovación va a proponer una alternativa de síntesis. En este sentido, la democratización de la vida interna del partido se vuelve condición de articulación entre el movimiento y la dirigencia partidaria. Se piensa una relación dialógica entre ambas partes, donde resulta fundamental el debate interno y la representación territorial, ya sea de carácter electoral o de organizaciones sociales y sindicales. Se piensa al movimiento como una especie de federación. Es muy interesante porque con ello se intenta conciliar los valores de unidad y lealtad con el pluralismo social y político al interior del peronismo.

¿Cuáles eran las reformas intelectuales y morales que eran disruptivas con la época, pero con esta misma fuerza se volvían incompatibles con una mirada nostálgica del pasado y de responsabilidad con el futuro?
Creo que en este punto resulta central la crítica generalizada a la violencia como medio para dirimir las disputas políticas y la consecuente exaltación del pluralismo como un valor central de la democracia. En realidad, se trata de la muy difícil reconstrucción de un marco de convivencia luego de un periodo de conflictividad muy largo y profundo. Es dentro de este marco en donde se cargan de sentido los procedimientos formales de la democracia. A simple vista podría parecer como una discusión que tiene como foco la institucionalización de una forma de gobierno, pero en realidad se trata de un proceso social mucho más complejo que tiene que ver con la construcción de una comunidad política. De ahí que una de las grandes preguntas que atraviesan el periodo es ¿qué es la política? ¿cuál es su función dentro de una democracia? En este sentido, el libro aborda expresamente la cuestión de la representación política, entendiéndolo como una práctica constitutiva de la sociedad. La representación democrática supone cierta escenificación de lo social, de sus conflictos, de sus divisiones. En este sentido, la crítica de la violencia política desemboca en la pregunta por la política: ¿cómo una sociedad puede tramitar sus conflictos sin dejar de ser una sociedad, sin excluir a alguna de sus partes? La respuesta a esto es, obviamente, la democracia. Pero es un problema inacabado, que nos ha heredado la transición y que debemos seguir pensando.

¿Desde la Argentina de hoy, cuál es la mayor conciliación que tenemos con nuestra historia y en qué aspectos cree que hemos involucionado en el tiempo?
La política siempre intenta articular dos caras: la del consenso y la del antagonismo. Es imposible pensar la política sin un alto grado de conflictividad; pero también es cierto que el objetivo de la política es darle a este conflicto alguna forma de resolución. No sé si una involución, pero es evidente que en el último tiempo hemos visto cierta forma de construcción del antagonismo en la cual se pretende situar al adversario por fuera de la política, por fuera de la democracia. No podés operar bajo el supuesto de que tu contrincante es la anti-democracia. Mucho se ha dicho y escrito sobre la grieta, pero creo que tiene que ver con esto, con el coqueteo de ciertas formas de construcción del conflicto que ponen en tensión el marco de convivencia democrático que se empezó a construir en la transición. No es un dato menor que la reciente elección la haya ganado el candidato que intentó situarse por arriba de ese nivel de discusión. Creo también que no debemos caer en el otro extremo: en el de la despolitización de la política. Esto es, que del negocio de la grieta pasemos a una hipersensibilidad al conflicto. Esto también tiene sus riesgos antidemocráticos. Si no somos capaces de construir un escenario en el cual se pueda discutir franca y fraternalmente los grandes problemas que nos aquejan, nos estamos quedando sin una herramienta colectiva fundamental. Y a la larga esto también tiene un costo altísimo. El desafío de los próximos años será el de encontrar
una modulación que garantice la política democrática, es decir, la expresión democrática de los conflictos.

Adrián Velázquez Ramírez es Magister en Ciencias Sociales por la Facultad de Ciencias Sociales sede México (FLACSO) y Doctor en Sociología por el Instituto de Altos Estudios Sociales. Es Profesor Adjunto de la Licenciatura de Historia y Becario Posdoctoral del Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas (LICH) de la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín. Ha publicado artículos en revistas nacionales e internacionales y participado en encuentros académicos sobre su área de especialización: la transición a la democracia en Argentina. Entre sus publicaciones se encuentran: los libros La democracia como mandato. Radicalismo y peronismo en la transición argentina (1980-1987), Imago, Buenos Aires, 2019 y La reconfiguración de lo público y su consecuencia en lo político”, Centro Universitario Hispano Mexicano, Veracruz, México, 2008. Actualmente dirige el proyecto “Las reformas constitucionales durante la transición a la democracia. De las experiencias provinciales en la década de los ochentas a la Convención de 1994” (PICT- 2018-01657), financiado por Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT).

Contacto: [email protected]

 

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Nota actualizada el 18 de diciembre de 2019

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