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Última fase de estudios para la primera vacuna 100 % argentina: Por qué soy voluntaria de la ARVAC

Científicxs de la UNSAM y el CONICET desarrollan la vacuna proteica ARVAC Cecilia Grierson contra el COVID-19, diseñada para proteger contra las variantes de SARS-CoV-2 que circulan en la región. Una de las voluntarias de la última fase de prueba explica por qué decidió ser parte de este hito de la ciencia y la tecnología nacional que, en pocos meses, podrá aplicarse como refuerzo en todo el país. “Tener una primera vacuna argentina será un logro importantísimo: sé que las futuras generaciones lo van a agradecer”.

Por Camila Flynn, integrante de la Gerencia de Comunicación UNSAM

Tomé la decisión de sumarme a esta convocatoria por muchos motivos: primero, porque trabajo desde hace más de diez años en la Universidad Nacional de San Martín, en cuyos laboratorios la vacuna empezó a gestarse desde cero (las vacunas extranjeras se desarrollaron en tiempo récord, sí, pero sobre plataformas ya existentes); segundo, porque conozco la trayectoria académica y de investigación aplicada de Juliana Cassataro, investigadora UNSAM-CONICET a cargo del proyecto, que trabaja desde hace décadas en el desarrollo de vacunas seguras; tercero, porque entiendo que poder tener una primera vacuna nacional, íntegramente desarrollada en el país, será un logro importantísimo: diremos adiós a las importaciones y tendremos vacunas de producción local a menor costo y con una plataforma que podrá adaptarse al desarrollo de muchas otras vacunas; cuarto, porque la generación de nuevas líneas de trabajo e investigación aplicada siempre se traduce en nuevos desarrollos tecnológicos con impacto en la industria y en la formación de equipos de investigación altamente capacitados.

Sé que las futuras generaciones lo van a agradecer.
 

Primer paso

En marzo de 2023 completé el Formulario de Postulación para participar como voluntaria de la última fase de prueba de la vacuna ARVAC Cecilia Grierson. Fue un cuestionario sencillo en el que volqué algunos datos de tratamiento confidencial indispensables para verificar algunas precondiciones básicas: ser mayor de 18 años, tener un máximo de 3 dosis de vacunas contra el coronavirus, no haber contraído el virus en los últimos 6 meses, no tener tatuajes en la zona a vacunar y no estar embarazada ni planear estarlo en los meses subsiguientes al estudio.

Una vez preseleccionada, me contactaron por teléfono para coordinar una primera entrevista en uno de los tantos centros de investigación clínica que hoy reciben voluntarixs en CABA, AMBA, La Plata, Córdoba Capital, Mendoza Capital y Salta Capital. El traslado corrió por cuenta del consorcio, que envió un auto hasta mi casa para la ida y la vuelta. Pactamos la primera visita para un sábado por la mañana, momento de la semana en el que suelo estar más tranquila.
 

Visita 1

Lo primero que tuve que hacer cuando llegué al centro de investigación ubicado en Coghlan (CABA) fue presentar mi DNI y el carnet de vacunación contra el COVID-19, y leer un formulario de consentimiento informado en el que me detallaron los motivos por los cuales me ofrecían participar de la última etapa clínica del desarrollo, las características de la vacuna, los objetivos y procedimientos del estudio (examen físico completo, oximetría de pulso, extracción de sangre, test de embarazo, hisopado nasal, registro de la medicación concomitante, vacunación —una dosis de fórmula activa y otra de placebo en dosis cruzadas—, registro de eventos adversos y completado virtual de un Diario de Síntomas) y el tiempo de duración del estudio (5 visitas en total). Si bien en un principio el proceso me pareció un poco complejo, la seriedad y el grado de detalle del informe me dieron seguridad y más ganas de participar.

Después de leer el documento, una médica clínica me invitó a pasar a un box ultra aséptico para la realización del examen físico completo, que en realidad fue muy simple: me tomaron el peso, me midieron la altura, la presión y el oxígeno en sangre, y me hicieron algunas preguntas de rutina (qué medicamentos tomo, si contraje coronavirus y en cuántas oportunidades, qué método anticonceptivo uso, si tuve algún tipo de intervención quirúrgica, etc.). Después de completar y firmar dos copias del consentimiento informado —una para el centro y otra para mí—, me hicieron pasar a un segundo box en el que dos enfermeras muy amables me hisoparon, me extrajeron sangre y me dieron un frasquito para el análisis de orina, que entregué en el acto. Los resultados de los análisis tardaron 15 minutos y todo salió bien (no tenía COVID ni estaba embarazada).
 

Poner el hombro

Entonces llegó el frasquito con la primera aplicación de la vacuna: ¿contendría fórmula activada o placebo? De acuerdo con el consentimiento informado, para poder confirmar que la respuesta generada por la vacuna en estudio (ARVAC CG) no es casual hace falta compararla contra un placebo. Por este motivo, el estudio se diseñó de manera cruzada: la mitad de los voluntarixs inicialmente recibe la vacuna y, la otra mitad, la solución salina (el proceso se invierte en la segunda aplicación). Además, para asegurar la objetividad de los resultados, la aplicación de la fórmula activa y del placebo se realiza a doble-ciego: ni el/la voluntarix ni el equipo de investigación sabe qué se aplica en cada caso.

El pinchazo apenas lo sentí y el hombro no se me inflamó. Antes de irme, y mientras esperé unos quince minutos en los que controlaron la reacción de mi organismo, me dieron una vianda dulce y un termómetro electrónico de regalo. Por último, me enviaron por Whatsapp un link a un Diario de Síntomas, que completé durante los 8 días subsiguientes detallando síntomas locales y generales (no experimenté ninguno). Entre que llegué y me fui del Centro de Investigación, no pasó más de una hora y media.

En pocos días, me toca la segunda entrevista de control, que seguro será más breve.
 

Protección sanitaria, ahorro y generación de divisas

Sumo dos datos curiosos de las últimas semanas: en marzo de 2023, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó suspender la aplicación de refuerzos de vacunas contra el COVID-19 entre los grupos de bajo riesgo, pero sugirió mantener el esquema de refuerzo en los grupos de medio y alto riesgo —embarazadas, fumadorxs, trabajadores de salud de primera línea, personas mayores de 60 años o de cualquier edad con problemas de salud graves como afecciones cardíacas o pulmonares, inmunosupresión, obesidad o diabetes—. Sin embargo, este llamado a los países para que consideren sus contextos específicos tuvo que ver con una sugerencia estratégica: reservar las vacunas para los sectores más vulnerables de cada población. Poco después, el actual presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, comunicó que su gestión financiará el desarrollo de nuevas vacunas contra el COVID-19 con 5 mil millones de dólares. ¿El objetivo? Acelerar el diseño de nuevas vacunas y tratamientos contra las cepas conocidas y contra otras variantes que podrían suponer una amenaza en el futuro.

Ante un panorama así, la vacuna ARVAC Cecilia Grierson estará disponible de manera inmediata para toda la población argentina, permitiendo ahorrar dólares e, incluso, pudiendo generarlos a partir de la exportación de su fórmula a otros países de la región.

¡Postulate vos también!

ARVAC Cecilia Grierson es un desarrollo inicial del CONICET, la UNSAM y el Laboratorio Cassará, y fruto del esfuerzo conjunto de más de 20 instituciones públicas y privadas del país. Se trata de un proyecto que logró la sinergia de universidades públicas, organismos de ciencia y tecnología, y empresas de capitales nacionales. Una innovación nunca antes vista en la Argentina y la región, del que participaron más de 300 investigadorxs.

Completar esta última fase va a servir de inspiración y ejemplo de lo que nuestro sistema científico es capaz de hacer a partir de articulaciones público-privadas y de la colaboración de todxs lxs argentinxs.

No lo dudes, postulate como voluntarix y sé parte de este hito de la ciencia y la tecnología argentina.
Más info, en esta nota.

Nota actualizada el 24 de abril de 2023

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