Escuela de Economía y Negocios, IDAES, Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental, Instituto de Investigaciones Biotecnológicas

La pandemia: un antes y un después para el sistema de Ciencia y Tecnología argentino

La principal funcionaria del área de Economía del Conocimiento del gobierno nacional e investigadorxs que protagonizaron casos exitosos de transferencia tecnológica desde la UNSAM al sector privado debatieron sobre tendencias y desafíos para consolidar un nuevo modelo de I+D+i.

Por Alejandro Zamponi

La urgencia de la pandemia catalizó la transferencia de conocimientos desde la academia a la industria, con universidades públicas, pymes y empresas de base tecnológicas como protagonistas. Decenas de casos exitosos de articulación pública privada y transferencia de tecnología, de economía del conocimiento para soluciones locales, pero con proyección de exportación. Ese fue el tema de la mesa de diálogo de la sexta Semana de la Investigación, el Desarrollo y la Innovación 2021 (SIDI) realizada el jueves 9 de septiembre. La pregunta recurrente fue cómo consolidar las articulaciones que hicieron eso posible en el largo plazo. Entre las conclusiones se planteó la necesidad de modificar el sistema de evaluación del rendimiento científico y los enfoques regulatorios para productos innovadores desarrollados en Argentina.

Entre lxs oradorxs de la actividad transmitida en vivo y disponible completa haciendo clic aquí, estuvieron la subsecretaria de Economía del Conocimiento del ministerio de Desarrollo Productivo de la Nación, María Apólito; el economista y becario posdoctoral de la Escuela IDAES, Darío Vázquez; el investigador del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas y director de la empresa CHEMTEST, Diego Comerci; y Ana María Llois, Secretaria de Planificación de la UNSAM e integrante del grupo de investigadorxs que desarrolló los superbarbijos de UNSAM-UBA-CONICET y la empresa Kovi.

El decano de la Escuela de Economía y Negocios Marcelo Paz estuvo a cargo de la bienvenida. “En la SIDI de 2020 hablabamos de la implementación de la Ley del Conocimiento. A un año vista esa ley salió aprobada. Estoy orgulloso del trabajo que cada uno de ustedes hace en la Universidad para que la ciencia esté hermanada en la solución de los problemas reales de los argentinos y tenga el lugar que se merece”, dijo.

La charla fue moderada por Susana Larrondo, investigadora y decana del Instituto 3iA. Las actividades de la semana SIDI con invitados internacionales y locales pueden consultarse haciendo clic aquí.

Capacidades desarticuladas en el área de dispositivos médicos en Argentina

Darío Vázquez presentó los hallazgos de su tesis doctoral sobre el sector salud y destacó la importancia de la producción local de dispositivos médicos, sobre todo aquellos bienes que son intensivos en conocimiento. “Los dispositivos médicos entre los que se encuentran los equipos, instrumentales, insumos y desechables tienen muchas propiedades que permiten pensarlos como un vector de desarrollo”, aseguró.

Vázquez presentó además una tendencia que experimenta el sector de diversificación desde la manufactura, hacia la biotecnología y hacia el software/TICs. Esta tendencia fue identificada a partir del análisis de los perfiles tecnológicos de casi 8.000 compañías del sector de dispositivos médicos en todo el mundo.

En ese sentido, el economista destacó que Argentina tiene capacidades en los tres campos pero que están desarticuladas, por lo que finalizó su presentación con una serie de ejes que deben ser tenidos en cuenta por cualquier estrategia que busque desarrollar el sector.

Avances enormes que hay que consolidar

“A partir del corte de la cadena de suministro, pudimos hacer mucho en muy poco tiempo. Esta pandemia visibilizó todo el trabajo silencioso que se venía haciendo desde la academia en el sector salud desde hacía décadas”, contó el investigador Diego Comerci.

Comerci destacó las políticas públicas que promovieron el desarrollo de empresas de base tecnológica, llevando recursos del sector público de I+D hacia el sector productivo, desde el seno de las universidades. “UNSAM fue pionera en esto y por eso tenemos empresas en el Campus como CHEMTEST”, aseguró.

Comerci destacó que las oportunidades son enormes: “Tenemos que empezar a exportar a nivel regional y consolidar el desarrollo, para que no sea barrido por una nueva avanzada de las grandes corporaciones que manejan el negocio de la medicina y la salud en el mundo”.

Un cambio de rumbo

Ana María Llois contó el proceso de creación de los superbarbijos en articulación entre investigadores de la UNSAM, UBA, CONICET. Tal como se reconstruyó en esta nota por el primer aniversario de los superbarbijos (clic aquí), el grupo que los desarrolló había comenzado a trabajar previamente en el desarrollo de máscaras de uso clínico. En ese sentido, Llois contó durante la charla que ya completaron este segundo desarrollo de las máscaras de uso clínico y está en vías de adopción. “El objetivo es que tengamos producción en el país de máscaras de uso médico más allá de la pandemia. No puede ser que no tengamos algo tan elemental y los vamos a tener gracias a la UNSAM“, aseguró Llois.

La investigadora destacó lo transformador de la experiencia: “Nuestro sistema científico tecnológico no estaba acostumbrado a lo que hicimos, que es el sistema de ciencia por metas. Muchos investigadores no tenían ni idea de que iban a hacer una contribución social con sus trabajos”.

Del éxito en la urgencia al largo plazo

María Apólito habló sobre la visión que tienen desde el Ministerio de Desarrollo Productivo. “Tenemos que lograr que estos ejemplos exitosos que se dieron por la urgencia de la pandemia, se produzcan como un modelo de largo plazo de alineamiento de la industria, la ciencia y el Estado”, dijo.

“El conocimiento y la innovación son factores claves para darle competitividad a nuestro sistema productivo. Tenemos todas las capacidades para agregar valor agregado. El marco normativo es la Ley de Economía del Conocimiento”, señaló y enseguida enumeró: “Es un marco normativo exitoso. Tenemos 2.000 empresas que han comenzado la inscripción, 250 inscriptas, 530 en evaluación, bonos de crédito fiscal por más de 1.100 millones de pesos”. 

“Nos falta coordinar los incentivos simbólicos y monetarios que se puedan dar desde la política científica a aquellos investigadores o instituciones que apuestan al desarrollo de conocimiento para el sector productivo”, dijo. Además, Apolito señaló que hay que modificar el enfoque de los organismos regulatorios sobre todo para productos nuevos e innovadores desarrollados en el país.

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Nota actualizada el 20 de septiembre de 2021

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