Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental

Gustavo Curutchet: “No se puede separar a la población del ambiente”

En el Día Mundial del Agua, el investigador del Instituto de Investigación en Ingeniería Ambiental de la UNSAM explica la importancia de conocer los procesos integrales del agua y de los sedimentos para poder desarrollar tecnologías de remediación transferibles a cualquier ambiente.

Por Mariana Lanfranco

Gustavo Curutchet es bioquímico y doctor en Ciencias Exactas por la UNLP. En esa universidad fue docente, becario y dio sus primeros pasos como joven investigador. “Siempre me interesó la remediación de efluentes”, cuenta. “Me acuerdo la bronca que me daba cuando en el viaje a la facultad veía que entubaban arroyitos como el Arroyo Giménez o el Arroyo del Plata. Entubar es solo tapar la mugre”, asegura.

Curutchet es investigador principal del CONICET y lidera junto con Roberto Candal el Laboratorio de Procesos Integrados de Análisis y Remediación Ambiental del 3iA. Además, es docente de la Ingeniería Ambiental y de cursos de posgrado de la UNSAM.

Qué hacer con los metales pesados que están en el agua

Uno de los grandes temas de investigación de Curutchet es el tratamiento de los metales pesados que se encuentran tanto en el agua como en los sedimentos de los ríos. En su tesis doctoral se centró en la biotecnología aplicada a los metales pesados y a los minerales, menos contaminante y distinta a la tradicional. 

Los metales pesados que se vuelcan al ambiente como efluentes o residuos se acumulan en los sedimentos alcanzado concentraciones muy altas. “Nuestra tesis central fue tratar los metales pesados por medio de la biolixiviación y la bioinmovilización. Es decir, sacarlos de un lugar, concentrarlos y recuperarlos”, detalla Curutchet, cuya línea de trabajo luego fue diversificándose hacia los residuos orgánicos peligrosos y a los procesos integrales combinando tecnología biológica con tecnología fisicoquímica avanzada.

Su grupo de investigación analiza cómo son los procesos en tres partes del río Reconquista: en la zona menos contaminada, en una zona intermedia y en la zona más contaminada. “Estudiamos cómo ocurren los procesos del agua y de los sedimentos y, a partir de este conocimiento, aprendemos tecnologías de remediación para aplicarlas al río y a otras cosas. Todo lo hacemos con microbiota del lugar, ya sean bacterias, arqueas, hongos y microalgas. Es decir, usamos el potencial biotecnológico que tiene el río Reconquista y sus afluentes”, explica el especialista. 

Si el tratamiento se aplicara solo al agua y no a los sedimentos el efecto sería raro: “El sedimento acumula metales pesados en una condición anaeróbica, por eso el barro huele mal y se ve color negro. Si solo se limpiara el río y volviera a estar aeróbico, los metales se oxidarían y teñirían el agua de rojo. Sería como un río de sangre, tal cual la predicción bíblica. Por eso la solución es tratar agua y sedimentos en forma integral”, asegura Curutchet, que amplía: “La cuestión es como un nudo borromeo: no es posible tratar las partes por separado. Están estrechamente vinculadas el ambiente y la materia orgánica con las tecnologías asociadas a la remediación y el componente social. No se puede separar a la población del ambiente”. 

Junto con Silvia Grinberg, investigadora y docente de la Escuela de Humanidades (EH) de la UNSAM, y Ricardo Gutiérrez, decano de la Escuela de Política y Gobierno (EPyG) de la UNSAM, Curutchet lleva adelante el proyecto Laboratorio Ambiental Cárcova, que comenzó a desarrollarse en 2008 e involucra a varias escuelas y organizaciones del  Área Reconquista dedicadas a un abordaje interdisciplinario del ambiente en el territorio. “En la Escuela N.º 47 del barrio La Cárcova tenemos un observatorio ambiental conformado por la UNSAM y la escuela. Nuestra idea es trabajar con proyectos a largo plazo, que trasciendan a cualquier gestión partidaria”, explica el investigador.

Transferir la tecnología 

Otra de las puntas centrales de este nudo borromeo es la transferencia tecnológica. Curutchet sostiene que todos estos procesos son absolutamente aplicables a las industrias. Su equipo ha realizado  transferencias de plantas de tratamiento industrial con metales pesados a partir de plantas acuáticas y microalgas. “Hay industrias que contaminan más que otras, y hay plantas de tratamiento que son más complejas. Pero actualmente toda industria debe contar con una planta de tratamiento”, expresa. “Podemos desarrollar tratamientos eficientes para cualquier tipo de empresas; se trata de adaptar y optimizar el mismo concepto tecnológico a distintos ambientes, residuos o efluentes.”

En cuanto al tratamiento de los ríos a mediano y largo plazo, Curutchet opina que el panorama es complicado. “Hay mucha superposición de jurisdicciones, cada una con una legislación particular, y las gestiones cambian cada cuatro años. En muchos casos se terminan haciendo obras inmediatas, que no aportan una solución real, como por ejemplo entubar”, señala.

Trabajar en red

El investigador recuerda que cuando llegó a la UNSAM, en plena crisis de 2002, fue un gran desafío. Además de tomar un cargo como docente de la Escuela de Ciencia y Tecnología (ECyT), estaba a cargo de la creación de un grupo de investigación en el área de análisis ambiental. “Montamos un laboratorio que funcionaba primero en el patio Esquiú y luego en el Edificio 23 del INTI. El lugar era tan pequeño que los desarrollos piloto los hacíamos en el patio”.

De a poco fueron consiguiendo subsidios y empezaron a sumarse becarixs. Comenzaron a trabajar en colaboración con Roberto Candal y a armar redes con distintos grupos de investigación. Cuando se creó el 3iA en 2008, Curutchet  formó parte de la comisión directiva y planteó la necesidad de contar con una planta piloto, que finalmente fue instalada. Luego su grupo de investigación se trasladó al 3iA ya que su línea está vinculada al ambiente.

Hoy tiene en su equipo a 4 investigadoras asistentes, quienes desarrollan una línea específica cada una, y a 5 becarixs doctorales. A su vez, trabajan en colaboración con CETMIC y CINDEFI y con el Centro Atómico Bariloche, donde desarrollaron electrodos y procesos bioelectroquímicos para tratamiento de efluentes complicados a partir de microorganismos extraídos del río. “Se trata de una gran red de investigación, en la cual fui generando colaboraciones y amistades a lo largo del camino. Lo bueno es trabajar con amigos”. 

 

Nota actualizada el 23 de marzo de 2021

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