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Crisis de alquileres: los hogares sostenidos por mujeres, personas trans-travesti o no binaries y jóvenes son más vulnerables

El dato surge de un estudio conjunto entre Escuela IDAES y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que acaban de presentar el Índice Vulnerabilidad Inquilina, un indicador que mide la incertidumbre de los hogares inquilinos.

El trabajo detalla que, en los hogares sostenidos por mujeres, la alta vulnerabilidad llega al 34%, y en los que están a cargo de personas trans-travestis o no binaries llega al 38%. En cuanto a las diferencias por edad, la franja etaria de entre 16 y 29 años registra el nivel más alto de vulnerabilidad: 33%.

En un contexto de incertidumbre económica y precariedad laboral, el peso creciente del alquiler en la economía de los hogares, el riesgo de que se interrumpan los ingresos y la posibilidad de un desalojo hacen que para muches alquilar sea una situación habitacional cada vez más frágil.

El CELS y la Escuela IDAES de la Universidad Nacional de San Martín hicimos una encuesta telefónica a hogares inquilinos del área metropolitana de Buenos Aires. Con base en esta encuesta, presentamos ahora el Índice de Vulnerabilidad Inquilina (IVI), un nuevo instrumento para medir el mayor o menor grado de precariedad de los hogares inquilinos.

El IVI permite analizar cómo se distribuye la fragilidad habitacional entre los hogares inquilinos, según un conjunto de variables que identificamos como críticas: la calidad de la vivienda, si el contrato es escrito o de palabra, el grado de dificultad para pagar el alquiler, si se arrastran deudas y si se identifica un mayor riesgo de desalojo. Según una combinación ponderada de estas variables, se configuran 3 niveles de vulnerabilidad inquilina: baja, media y alta.

Les inquilines de villas y asentamientos también concentran altos niveles de vulnerabilidad. En esta población la alta vulnerabilidad alcanza el 44%, contra el 26% de quienes lo hacen en el resto de la ciudad. Además, el alquiler en estos barrios populares necesariamente es de palabra, por lo que quedan excluidos de los mecanismos de protección previstos, orientados generalmente a quienes alquilan con contrato escrito.

El 35% de los hogares inquilinos con niñes u otras personas que requieren cuidados tienen alta vulnerabilidad, pero si el hogar está sostenido por una mujer llega al 40%. El contraste es muy marcado con los hogares inquilinos en los que no hay personas que requieren cuidados: en ese sector la alta vulnerabilidad se reduce al 15%.

Finalmente, el 54% de los hogares inquilinos encuestados respondió que alquila “de palabra”, es decir, sin contrato por escrito. Entre ellos, el 43% está en una situación de vulnerabilidad alta, mientras que entre quienes cuentan con contrato escrito solo un 14% registra ese nivel de riesgo habitacional. Además, une de cada tres inquilines declaró tener deudas de alquiler, una proporción que llega al 41% en los hogares que recibieron el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) en 2020.

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Nota actualizada el 27 de octubre de 2021

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