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Ya podés encontrar el nuevo suplemento UNSAM en la Review. Revista de Libros

“La distopía algorítmica”, así se titula el último suplemento de la UNSAM en la Review Revista de Libros, que en esta oportunidad invita a reflexionar sobre la digitalización de distintas prácticas de la vida cotidiana. Algo que, si bien facilita labores, al mismo tiempo favorece ejercicios de vigilancia y control en los procesos de subjetivación y politización de lxs sujetxs y la sociedad.

En su artículo “El malestar en la cultura digital”, Flavia Costa comenta varios de los motivos que han llevado a la sociedad a una conciencia colectiva y a una suerte de incomodidad generalizada en torno a las fake news, a la captación de datos personales sin autorización para uso y manipulación, y a la búsqueda de aceptación social a través de “likes”, hechos que debilitan hábitos y valores que son vitales para la vida en sociedad. Por otro lado, se refiere al foco puesto sobre las tecnologías digitales a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001, y a su rol como “aliadas de los públicos” en la actual pandemia del Coronavirus. De este modo, Costa repasa diversos autores y se pregunta acerca de cómo la revolución tecnológica a través de sus técnicas, se ha ido imponiendo en las diferentes esferas de la vida y cómo se convierte en una posibilidad para operar sobre el mundo. Finalmente, se interroga  sobre los nuevos y urgentes desafíos para pensar en la nueva era digital, y los divide en tres grupos: el primero relacionado con las prácticas de la vigilancia que se instauraron a partir del 11-S, y de las que a su vez participamos al aceptar términos y condiciones de servicios o redes. El segundo, refiere a la segmentación de datos como capital bursátil con los que se impulsan los protocolos de intercambio de información, donde el valor está dado por las poblaciones-público a las que pueden dirigirse en cualquier punto del globo. El tercer, y no menos importante, alude a las resonancias que tienen las tecnologías en nuestros modos de actuar como sociedad frente a las prácticas en la virtualidad.

Por su parte, Martín Becerra se acerca al concepto de soberanía digital partiendo del funcionamiento de la era informacional donde las fronteras físicas desaparecen como consecuencia de una desterritorialización de los procesos productivos. Los mismos que dinamizan la actividad económica y que bajo lógicas de poder inherentes, presentan  tensiones entre ya no sólo entre naciones, sino a su vez, entre las corporaciones tecnológicas que manejan a nivel global los datos de miles de millones de personas. De este modo, menciona el interés de algunos países en ampliar sus márgenes de autonomía en los entornos digitales para garantizar sus propios intereses y no exclusivamente los impuestos por empresas extranjeras. Es así como Becerra se basa en acciones de Donald Trump que fueron repudiadas por la sociedad, para enumerar factores que hacen mella sobre los derechos a la honra, a la privacidad y a la no discriminación, facultades reconocidas por Declaración Universal de Derechos Humanos y por tratados internacionales, y que recrean un clásico de la teoría democrática: ¿Cómo y bajo qué reglas circulan los discursos públicos?

En “El poder de las imágenes en la era digital”, Hernán Borisonik delinea el proceso de facilitación de acceso a procedimientos para crear y hacer circular imágenes. Ello hace que hoy se presenten diversas dificultades al momento de diferenciar la creación humana de la de las máquinas, estas últimas alentadas por los algoritmos creados por personas que no contemplan contextos sociales ni deseos expresivos, sino meras definiciones estilísticas. De esta manera, el autor reflexiona acerca de la ubicuidad de los lenguajes publicitarios y la velocidad de producción de contenidos visuales, remarcando el constante autodiseño en la esfera virtual, actitud que limita la  construcción de la identidad subjetiva, ubicando algunos rasgos fijos de identidad. Así, se acerca al filósofo Éric Sadin para sobrevolar el concepto de “adicción digital” y recalca el engaño de la ilusión del libre acceso donde los recursos digitales parecen irrestrictos e ilimitados.  Por otro lado Borisonik se refiere a la reflexión sentada sobre imágenes generadas por máquinas para ser “vistas” por máquinas, para llegar así a la pregunta acerca de la posibilidad de gestionar las propias imágenes de manera autónoma.

En el cuarto artículo, Patricia Ventrici desglosa las nuevas metamorfosis que en el campo del mundo del trabajo se vienen desarrollando a partir del crecimiento acelerado de las empresas tech y de la actual digitalización del trabajo, fenómeno que se profundizó por la pandemia provocada por el COVID, y a la que llama “giro digital-cognitivo”. Estas nuevas dinámicas que comenta Ventrici, han borroneado todos los límites del trabajo que hasta ahora eran conocidos,  evidenciando  una heterogeneidad en las condiciones de los trabajadores en todos los eslabones de la cadena de producción digital global. Esta situación muestra a su vez dos caras: la retórica empresarial de la meritocracia que promete un futuro brillante para quienes tengan la valentía, confíen, y se adapten a las reglas de esta modalidad, y por otro lado, prácticas laborales donde se intensifican la precariedad, la incertidumbre y  formas de control inéditas que penetran capilarmente todos los planos de la vida. De este modo en “Trabajadores ciborg. Mutaciones en el capitalismo de plataforma”, la autora propone una reflexión acerca del rol del trabajador en esta era digital y la necesidad de desentrañar las actuales metamorfosis en el campo laboral, condición inherente a la vida humana.

A partir de la Segunda Guerra Mundial, la “inteligencia estratégica”, no ha dejado de desarrollarse, comentan Enzo Girardi y Germán Gallino en “IA: Disrupción geopolítica e impacto sistémico”. Allí trazan una suerte de genealogía que explica cómo los procesos de recopilación, procesamiento y análisis de información son una dinámica de espionaje y vigilancia que no detiene su avance, y que es fundamental para explicar los Estado – nación, y que se encuentra fuertemente vinculada con la masificación del internet. Esta inteligencia estratégica ahora conocida como inteligencia-industrial integrada por empresas privadas y organizaciones públicas, trata de contener la incertidumbre generada por el terrorismo como amenaza a la seguridad nacional, y a su vez se configura como una nueva forma de poder. Hoy, la Artificial (IA) representa la gran disrupción científica y tecnológica haciendo parte de lo que se describe como la Cuarta Revolución Industrial. Actualmente las naciones se encuentran en una carrera para acceder al rango de potencia en el que el campo de batalla ahora es otro, y donde la IA se vuelve el factor geopolítico definitorio de nuestro tiempo. En el plano institucional, advierten Girardi y Gallino, existe una interdependencia material que significa que los Estados gobiernan la seguridad a través de corporaciones privadas, que resultan ser inmunes a la gobernabilidad democrática.

Colaboraron en este suplemento Flavia Costa, Martín Becerra, Hernán Borisonik, Patricia Ventrici, Enzo Girardi, Germán Gallino.

Edición general: Micaela Cuesta

 

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Nota actualizada el 5 de abril de 2021

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