Dirección de Género y Diversidad Sexual

#8M: El relato de Teresa Pérez

Es docente de la Escuela Secundaria Técnica de la UNSAM y es articuladora territorial del proyecto Migrantas Reconquista, que trabaja con mujeres migrantes del área reconquista y sus problemáticas. También es artista plástica y educadora popular. 

Al principio de la cuarentena se encontró teniendo que ocuparse de tareas de cuidado y que limitaron su trabajo en el territorio. Después se integró a todas las actividades que llevó a cabo la Escuela y el proyecto de Migrantas para reorganizar el trabajo de la comunidad y asistir en las necesidades de los barrios.

“En términos personales la pandemia me tocó cuidando a mi madre que estaba atravesando un momento difícil de salud, lo cual implicó coordinar las tareas de cuidado con el trabajo de todos los días. En el territorio al comienzo de la pandemia se comenzó a vivir un estado de desesperación muy grande. La mayoría de lxs vecinxs viven al día, trabajan en lugares donde cobrar por jornal diario, semanal o quincenal y la situación de no poder salir fue verdaderamente angustiante. En el caso de las mujeres migrantas, el 50% no pudo acceder al IFE y no tenían sus documentos. A partir de esta y de muchas otras situaciones decidimos poner al equipo a disposición para lo que se necesitase para sobrevivir en pandemia.”

“La primera preocupación no fue el COVID, fue comer. Parte del equipo, que son mujeres de la UNSAM, se dedicó a intentar garantizar los recursos tecnológicos para poder hacer los trámites y los cobros del IFE. A su vez, juntamos donaciones y armamos ollas populares. En el barrio Eucaliptos se armaron dos ollas que estudiantes del FINES, mujeres adultas con las cuales trabajé siendo su profe en el programa, pudimos articular con la municipalidad, la iglesia y otras organizaciones sociales para recibir víveres.”

“Las organizaciones históricas con las que trabajamos (merendero Los Amigos, Biblioteca La Carcova, 8 de mayo y la Colmena) se avocaron a la alimentación. Hubo mucho desgaste de las compañeras que estaban a cargo de esa tarea tan ardua que en algunos casos pasaron de alimentar a 45 niñxs a darle de comer a 350 personas de lunes a sábado.”

“Por otro lado, muchos estudiantes de la escuela no poseen celular o wifi y reordenarnos en ese contexto primero fue difícil. Nuestra escuela está muy basada en la pedagogía de la presencia, en el abrazo y de repente nuestra realidad se transformó totalmente. Sin embargo, desarrollamos distintas estrategias para seguir: el equipo socio-educativo puso en marcha el plan de continuar de alguna manera por Whatsapp y tuvo bastante éxito en los primeros años. La población estudiantil de los últimos se dedicó al trabajo para ayudar a sus familias a pasar por toda esta situación. En ese mismo sentido la radio se volvió un gran sostén: armamos el programa “No queda otra” que nos sirvió para seguir comunicándonos con las familias. El objetivo principal era recuperar las voces del territorio y ahora, con 150 programas hechos, tenemos un montón de testimonios de compañerxs que nos contaron cómo fue que se organizaron para poder seguir, para sobrevivir.”

 

Nota actualizada el 29 de marzo de 2021

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