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Lxs científicxs de la UNSAM detrás del SAOCOM 1B

Profesorxs, estudiantes y no docentes de la Escuela de Ciencia y Tecnología fueron parte del equipo que integró los paneles solares del satélite argentino lanzado el 30 de agosto. El trabajo fue decisivo para garantizar el despegue y buen funcionamiento en órbita del dispositivo.

Por Solana Camaño. Foto destacada: Equipo CNEA-UNSAM en INVAP

“Cuando veo a estos científicos de pie, trabajando emocionados y abrazándose porque ven que su labor tuvo sentido, digo ‘qué bien hace la Argentina en invertir en toda esta gente’. Somos uno de los diez países capaces de poner en órbita satélites como el que lanzamos hoy”.

El domingo 30 de agosto, Laura González escuchaba al presidente Alberto Fernández anunciando el despegue del satélite SAOCOM 1B. “Uy, esto es groso”, recuerda que pensó mientras contemplaba la hazaña junto a su hija, que creció escuchando sus relatos de viaje, estudio e investigación en laboratorios.

A sus 45 años, la estudiante de Ingeniería en Energía de la Escuela de Ciencia y Tecnología (ECyT) de la UNSAM es una de lxs trabajadorxs de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) que participaron en la integración de los paneles solares del artefacto de 3 mil kilos. El esfuerzo diario cobró sentido ese domingo: “Es súper emocionante pensar que algo que tocaste y manipulaste va a viajar al espacio. Cuando nos llega la noticia de que los paneles empiezan a generar electricidad y funcionan, respiramos. Eso significa que el trabajo está hecho”.

Laura González en el laboratorio de la CNEA

Hernán Socolovsky, docente de la carrera de Ingeniería en Electrónica de la ECyT, es jefe del Departamento de Energía Solar de la CNEA. Para este profesional de 42 años, la experiencia complementó el lanzamiento del SAOCOM 1A, el cual presenció en octubre de 2018 junto a su equipo de trabajo. Esta vez, lo compartió con su familia: “Son 10 minutos en los que uno está bastante emocionado y nervioso, hasta que finalmente el satélite llega a la órbita deseada”.

En los primeros días de septiembre comenzó la segunda etapa —previa al alcance de la posición orbital definitiva junto a otros cuatro satélites italianos y el SAOCOM 1A, que integran la constelación del Siasge—, centrada en la calibración del sistema de propulsión del satélite. Los primeros siete días son los más significativos porque hay que comprobar su funcionamiento.

Los paneles solares son fundamentales porque cargan la batería de los subsistemas, lo que permite “darle vida” al satélite. Los sustratos fabricados por la empresa argentina INVAP se equipan con celdas solares, cables, componentes electrónicos y sensores de temperatura en el Centro Atómico Constituyentes —que depende de la CNEA—, ubicado a dos kilómetros del Campus de la UNSAM.

Además de Socolovsky y González, el grupo de la UNSAM a cargo del equipamiento está formado por lxs docentes Mónica Martínez Bogado, María Luján Ibarra, Claudio Bolzi, Javier García y Mariana Tamasi; el estudiante de Ingeniería en Energía Carlos Rinaldi; y el no docente Oscar Romanelli.

Rinaldi tiene 56 años y trabaja en la CNEA desde hace trece. Explica que la integración solar es esencial porque permite que los paneles puedan soportar la vibración y el cambio de temperatura en el momento del lanzamiento del cohete. “Hay que minimizar todos los riesgos posibles. Si el satélite falla cuando ya está en órbita, no podemos ir a repararlo”, explica.

Algunas de esas tecnologías para uso espacial se fabrican en el laboratorio especializado o Área Limpia del Centro Atómico Constituyentes. Entre guardapolvos antiestáticos, cubrecalzado, cofias, barbijos y guantes, el trabajo es casi quirúrgico por la fragilidad de los materiales. Cada celda solar tiene su “historia clínica”. La parte que más le gusta a González es la inspección visual tradicional. Con una lupa estilo vincha que se coloca en la cabeza, observa minuciosamente los cables y vidrios y trata de detectar si hay fisuras o astillas.

Inspección visual de paneles en el laboratorio de la CNEA

Tanto la inspección visual como la verificación eléctrica implican una serie de ensayos que deben realizarse después de cada movimiento que se hace del panel. Esa misión llevó a lxs especialistas a viajar a distintos lugares con el fin de verificar su efectividad: desde la sede central de INVAP en Bariloche hasta el Complejo de Lanzamiento Espacial de Cabo Cañaveral (Florida, Estados Unidos). “Somos varios en el grupo y nos vamos turnando. La idea es que cada uno tenga la experiencia de trabajar en la base”, cuenta González.

En marzo, el equipo estuvo presente en la base de SpaceX, la empresa estadounidense que realizó el lanzamiento del SAOCOM 1B. Para Socolovsky, resultó un gran desafío: “Por un lado, está la responsabilidad de dar el veredicto final sobre el estado de salud de los paneles. Eso implica un plus de responsabilidad que a veces nos pone un poco más nerviosos de lo normal. Por otro lado, es increíble tener la oportunidad de visitar un edificio tan emblemático, desde donde han salido tantas misiones históricas ”.

Inspección de paneles en el laboratorio de la CNEA

El proyecto SAOCOM tiene una larga historia: estaba previsto en el plan estratégico que la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) diseñó en 1994. Los satélites no solo significan más soberanía espacial para la Argentina, también permiten controlar la humedad de los suelos a través de una antena de apertura sintética y brindar datos clave para la producción agropecuaria. “En un país con una extensión territorial tan grande como la nuestra, es muy importante tener herramientas que nos permitan habilitar los recursos naturales de manera eficiente”, señala Socolovsky. “Tener esa información resulta de mucha utilidad, por ejemplo, para determinar el momento exacto en el que hay que sembrar un determinado producto. También posibilita detectar de forma temprana catástrofes naturales como inundaciones o sequías, ya que las señales de radar pueden penetrar una distancia por debajo de la tierra”, detalla.

Como sostuvo el primer mandatario argentino, el SAOCOM 1B no es un satélite más. Su desarrollo y montaje, junto al de su gemelo, involucró a más de 800 profesionales de todo el país; en su mayoría, formadxs en la universidad pública. Los aportes desde sus respectivos campos de conocimiento fueron indispensables en este hito del desarrollo tecnológico nacional.

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Nota actualizada el 9 de septiembre de 2020

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