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Andrea Biscione, una educadora popular frente al desafío de no convertirse en autómata

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La vicedirectora socioeducativa de la Escuela Secundaria Técnica de la UNSAM milita en las organizaciones sociales del Área Reconquista hace 20 años. “Alquimista” de vínculos y proyectos, valora el trabajo educativo en plena pandemia pero también advierte sobre los peligros de convertir a docentes y estudiantes en autómatas.

Por Gaspar Grieco. Fotos: Leandro Martínez y Andrea Biscione

El domingo 20 de septiembre fue el cumpleaños de la mamá de Andrea, vicedirectora de la Escuela Secundaria Técnica de la UNSAM. Como exige la nueva normalidad pandémica, ella la saludó con un posteo en Facebook. Un rato después, Marcela, mamá de uno de los chicos de la escuela, le mandó un whatsapp: “Hola Andre! Mandale un muy feliz cumple a tu mami”. Respuesta: Hola Marce! Gracias!! Vos cómo estás? Y tu mamá cómo está?

Desde que empezó la pandemia, Andrea habla con lxs chicxs de la escuela y sus 247 familias todos los días. 

—Si tengo que sacar algo positivo de este contexto es que el vínculo que estoy teniendo con las familias no lo tuve nunca —cuenta.

Antes de la cuarentena, solía caminar y tomarse unos mates en las casas de estas familias. Cuando su trabajo como vicedirectora socioeducativa y el cuidado de su hija de 9 y su hijo de 7 se lo permitían, salía de su casa de Villa Ballester y recorría sin problemas Carcova, Curita, Lanzone, Independencia, 8 de Mayo. José León Suárez de punta a punta. El tema central de conversación era el desempeño de los estudiantes. Hoy, los whatsapp giran en torno a situaciones cotidianas y problemáticas de los barrios. 

—Así se va construyendo algo mucho más fuerte. Yo no quiero perder el vínculo con el pibe porque mi intención pedagógica es generar huellas para que cuando el tiempo de la presencia vuelva, los pibes reconozcan el camino de regreso a la escuela. Yo hablo con la familia para no perdernos, para seguir sosteniendo ese lazo. Para que el año que viene ese pibe no se pierda ni me pierda yo. ¿Cómo le hablo a una familia en marzo del 2021 si no se nada de lo que le pasó este año?

De la misma manera vienen trabajando lxs profes y coordinadores de la Escuela, junto a lxs integrantes de las organizaciones de la Mesa Reconquista: asesoraron a las familias para cobrar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), generaron conexiones con el Ministerio de Salud cuando se empezaron a detectar casos de Covid-19 en los barrios y llevaron adelante la iniciativa “comunidad organizada”.

—Desde la escuela empezamos a conectarnos con ollas y merenderos que no tenían posibilidad de acceder a recursos. Con el aval de la Mesa y su asistencia, juntamos a 11 comedores y los acompañamos en ese proceso de organización para el territorio. Eso nació desde la escuela y me llena de orgullo —dice Andrea.

Pero Andrea no está conforme. “Estoy muy angustiada, enojada y dolida”, dice cuando piensa en la situación de la educación.

—¿Por qué?

—Nos sentamos todos a mandar actividades virtuales cuando en realidad se podía haber hecho una gran epopeya educativa. Perdimos la oportunidad de gestar un cambio. Teníamos la oportunidad histórica de que todas las escuelas del país pudieran salir a escuchar al territorio y lo que necesitan para organizarnos todos como comunidad. De que haya sueldos estatales puestos y dispuestos para ser esenciales en lo cultural y en lo educativo. Yo no creo que los docentes seamos héroes ni que estemos haciendo grandes cosas por la educación. Siento que nos estamos convirtiendo, y los chicos también, en autómatas.

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“Andrea es muy buena persona, es divertida y muy copada. Ayuda mucho al colegio. Ayuda a que los alumnos y los profes tengan una sonrisa. Para mi el colegio sin Andrea sería algo aburrido porque ella es como que le da la diversión”, dice Luis, estudiante de tercer año de la escuela.

“Es una mujer fuerte, muy valiente. Una mujer que siempre te va a transmitir alegría, que siempre te va a apoyar, que siempre te va a dar ese empujoncito que a veces una necesita. En el colegio es un gran acompañamiento, siempre tan atenta. A mi siempre me decía ‘vamos leona, vos podés’, y para mí eso no tiene precio. Es una persona genial”, dice Fátima, egresada de la escuela. 

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Andrea empezó a formar parte de la Escuela Secundaria Técnica desde el minuto cero. Su militancia activa por la educación empezó en el Centro Comunitario 8 de Mayo de José León Suárez en el 2001. 

Una noche, Andrea volvía a su casa y sufrió una situación violenta. Un asalto a mano armada en el que llegaron a gatillarle en la cabeza. No fue el único ese año. “Andate del barrio”, “andate del país que acá no se puede más”, le decían sus amigos. Ella, que tenía 26 años, hizo todo lo contrario. 

—Mi decisión fue ir al barrio para ver qué estaba pasando allí. Cuando entré a 8 de Mayo no me quise ir más, fue como volver a nacer. 

Con el correr del tiempo fue conociendo a compañerxs que hoy son referentes del Área Reconquista, como Lorena y Norma de la cooperativa Bella Flor. Dejó la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA y se metió de lleno en la militancia social de un territorio que recién se empezaba a urbanizar. Tiempo después se recibió de Educadora Popular y Pedagoga Social. 

—Alrededor del fuego de las ollas populares que organizamos, siempre se iban avivando otras luchas. Al principio es la comida, pero una vez que eso está organizado aparecen otras cuestiones que tienen que ver con lo cultural, lo educativo, con estar juntos y con pensar juntos un barrio. Ahí empecé a trabajar con jóvenes, y yo nunca había trabajado con jóvenes. 

Nancy Salvatierra, militante de la Mesa Reconquista, la define como una gran “alquimista”, una educadora que sabe sacar lo mejor de entre lo peor que exista y transformarlo. También como una articuladora capaz de generar lazos, eslabones, “vínculos amorosos”.

El papá de Andrea era viajante de óptica y su mamá una ama de casa de origen muy humilde. Cuando el padre volvía de sus viajes, les contaba la realidad de los pueblitos perdidos en la llanura pampeana. Las historias de los agricultores familiares estafados por las empresas transportistas, de lxs maestrxs rurales, de lxs obrerxs de las pequeñas fábricas al borde de la quiebra y de los trabajadores ferroviarios de vías casi muertas la conmovían. 

—Todavía hoy lo veo a mi viejo con lágrimas en los ojos contándome cómo una familia hacía un gran esfuerzo para que su hijo se fuera a estudiar a la ciudad, y a su vez, cómo lo necesitaban en el campo.

 

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La Escuela Secundaria Técnica nació en 2014 por la iniciativa conjunta de la UNSAM, las organizaciones sociales que trabajan en los barrios del Área Reconquista y el Ministerio de Educación de la Nación por medio del Programa de Creación de Nuevas Escuelas Secundarias con Universidades Nacionales. Cuando Andrea se enteró de la creación de este nuevo proyecto no dudó en presentarse.

Martín Perdriel, hoy director de la Escuela, la entrevistó para el puesto de coordinadora socioeducativa de primer año y a los dos días la llamaron para que empezara. 

—Fui a llevar papeles y me dijeron que me quedara. Yo estaba con mi nene a upa, que tenia 6 meses. Ese mismo día se agarraron a las piñas dos pibas. Le di el bebé no se a quién y me metí a separar. Fue un caos, pero no me fui más —recuerda Andrea.

Seis meses después, la escuela se mudó al centro de San Martín. Andrea lo recuerda como “un año muy difícil”, porque apenas se conocían entre los educadores y lxs estudiantes. Tres años después se mudaron al barrio Villa Lanzone en las dos sedes actuales. 

—Teníamos mucho miedo de cómo nos iba a ir en el barrio, pero esos fantasmas se fueron diluyendo en seguida. El barrio y las familias nos abrazaron y nos acompañaron. Los chicos que nos conocen y aún los que no nos conocen nos eligen. Eso es un logro de la comunidad, no de la escuela. Porque lo mejor que nos pasa es que son los mismos pibes y las mismas familias los que dicen ‘quiero que él o ella se inscriba acá’. Eso es hermoso.

“Andrea es el corazón de la escuela. No solo por la parte sensible que claramente tiene y su ternura para pensar, mirar y proponer, sino también porque late con facilidad cuando uno tiene una idea y enseguida se contagia y se pone a pensar cómo llevarla a cabo. Desde la escuela y desde el territorio, ella es un bombeo de energía pero también de saberes”, dice Alejandra Chaer, profesora de lengua y literatura.

Andrea también se define como fanática de Chacarita, terca, obstinada y autocrítica. La Escuela tiene pocos años y un largo camino por delante. ¿Errores? ¿Cosas a corregir?

—Estamos muy pendientes de la mirada exterior. Porque todos quieren ver logros en la Escuela, y esos logros son hegemónicos. Los logros se miden en cantidad de egresados, proyectos realizados y propuestas hegemónicas. Logros hegemónicos dentro de una cultura educativa hegemónica. A mi no me interesa que los pibes se aprendan el himno si después se van a cagar en la Argentina. 

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“Andrea es una persona que hace muchos años, desde antes que existiera la Escuela, tiene un compromiso muy importante con la comunidad. Dentro de la escuela empezó siendo coordinadora y hace 6 años que la tenemos de vicedirectora socioeducativa. Tiene una gran capacidad de organización y conexión con muchas organizaciones. Es el alma y la alegría del vínculo dentro de la Escuela y es una de las personas que más creció en los últimos años. La admiramos por su entrega y por su compromiso”, dice el director Martín Perdriel.

Hoy, en plena pandemia, la Escuela se conecta con las familias por medio del eter. El programa No Queda Otra, de la radio virtual comunitaria Reconquista, se emite todos los días durante media hora. Andrea está “recopada” con el proyecto: “El programa está saliendo hermoso. Queremos que se reconozcan las familias, los pibes, las orgas, los profes. Saber en qué andamos, qué nos pasa. El programa no es escolar, es una radio con el espíritu de la escuela, buscando el vínculo para que parezcan todas las voces del territorio”.

Con todas sus críticas, enojos, orgullos y alegrías, Andrea se permite pensar en Un Futuro Posible“Me gustaría que nunca digamos ‘listo, llegamos’. Que la Escuela siempre esté aprendiendo. Quiero una escuela que aprenda con la comunidad mientras va haciendo. Que vaya creciendo con su comunidad y dando respuestas”.

Nota actualizada el 28 de septiembre de 2020

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