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Egresó del CUSAM y ahora acompaña a adolescentes en contexto de encierro

Renzo Salles es egresado de la Diplomatura de Arte y Gestión Cultural del Centro Universitario de la UNSAM en la Unidad Penal 48. A través del programa Alto Bondi Cultural (ABC) volvió al Centro Cerrado de Pablo Nogués donde estuvo privado de su libertad cuando era chico para compartir la importancia de la terminalidad educativa. La iniciativa es producto de una articulación con la Dirección de Programas de Integración para el Egreso del Organismo de Niñez y Adolescencia de la Provincia de Buenos Aires (OPNyA).

Por Solana Camaño. Fotos: Liliana Cabrera (OPNyA)

“Mi libertad”. Los ojos de Renzo recorrían las letras azules y rojas pintadas en la pared. Exploraban el salón, observaban más allá de las ventanas y rejas. Del otro lado del cemento, la lluvia se acumulaba en el pasto de la entrada del Centro Cerrado de Pablo Nogués.

—Me acuerdo de todo —dijo. 

La última vez que había pisado ese lugar había sido hacía 13 años. Lo habían detenido en la localidad bonaerense de José C. Paz y había pasado cuatro noches hasta que lo fue a buscar su mamá. Pero esta mañana de octubre de 2020 solo estuvo unas horas. Renzo Salles es egresado de la Diplomatura en Arte y Gestión Cultural del Centro Universitario San Martín (CUSAM), salió de la Unidad Penitenciaria N° 48 en abril de este año y volvió al dispositivo de Malvinas Argentinas en el que se alojan adolescentes para compartir y valorizar la importancia de la continuidad educativa.


“El arte fue una gran herramienta para darme nuevas posibilidades, como estar acá con ustedes, sin creerme más, porque yo sé lo que es estar así”, aseguró Renzo. Parado frente a una hilera de siete chicos que lo escuchaban atentamente desde las sillas, el joven alto de 28 años, chupines color mostaza y campera negra sujetaba con las dos manos el micrófono. Cada tanto miraba hacia el piso. A medida que hablaba, el cuerpo se distendía. “¡Súbanse a este alto bondi cultural!”, dijo. 

El programa Alto Bondi Cultural (ABC) es una iniciativa del CUSAM que trabaja en dos líneas con adolescentes y jóvenes: prevención del delito y formación. Se propone llevar adelante actividades artísticas y de capacitación en oficios en contextos privativos de libertad,  clubes, centros juveniles y culturales, bibliotecas y escuelas. El rasgo distintivo es que esas propuestas están a cargo de estudiantes de talleres artísticos del penal y graduadxs de la Diplomatura en Arte y Gestión Cultural del Instituto de Arte Mauricio Kagel (IAMK) que han recuperado su libertad. 

El norte es claro: “Llegar antes a un detenido implica que comience a ganar su libertad estando preso. Llegar antes a un pibe implica que no caiga en cana”. Si bien ninguna trayectoria es lineal, quienes impulsan la iniciativa aseguran que lo central es que haya un Estado presente que asegure la posibilidad de estudiar y de encontrarse con lxs otrxs, de pensar los procesos educativos en términos colectivos. Por eso, la articulación con la Dirección de Programas de Integración para el Egreso del Organismo de Niñez y Adolescencia de la Provincia de Buenos Aires (OPNyA) es de suma trascendencia. 

Cuando estuvo en el penal, Renzo conoció el sistema braille y empezó a enseñar cómo utilizarlo. Recuerda que una vez le dio clases a dos personas ciegas que aprendieron a leer. Ese día se dio cuenta de cuánto le gustaba la docencia. “Mi modo de enseñar es muy diferente al que puede tener un profesor que se recibió en una Universidad. No solamente por el hecho de expresarme, sino por empatizar con ustedes”, reflexionó.

En la actividad también participaron Marcos Perernau, director del CUSAM; Florencia Miguel, coordinadora de Arte y Cultura del CUSAM; autoridades de la Dirección de Programas de Integración para el Egreso del OPNyA, cuya flamante Directora Ejecutiva es Eva Asprella; Waldemar Cubilla, investigador de la UNSAM, sociólogo recibido en el CUSAM y coordinador de la Biblioteca Popular La Carcova; Julieta Pautasso, directora de Programación Cultural e Integración Regional, directora provincial de Coordinación de Políticas Culturales del Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la provincia de Buenos Aires; los egresados del CUSAM Patón Arguello, músico, y Jesús Cabral, tallerista del Centro. 

“Yo llevaba 14 años en la cárcel, no podía tener ni un beneficio, tenía miedo de morirme ahí adentro y que no me recordara nadie. La única forma que tenía de reclamar por mi causa era yendo al choque. Pero gracias a la música me empecé a manifestar de otra forma”, dijo Patón.

Mientras hablaba, los adolescentes se pasaban de mano en mano su último disco. “El encierro no es fácil. Pero el tiempo que tienen ustedes acá adentro es re valioso, no tienen que esperar a salir”, afirmó el rapero. Enseguida se llevó la mano a la cabeza: “Acá adentro tienen que sentirse en libertad. A la edad que tienen están a tiempo de cambiar sus vidas totalmente”. 

Y entonces se paró. Primero tomó el micrófono y empezó a cantar. Después, una tiza. Patón le pidió a cada uno que se ubicara delante del pizarrón. Los jóvenes siguieron la consigna: escribieron su nombre y barrio, uno debajo del otro. Dylan del Uruguay, Leonel de Bella Vista, Néstor de Varela. En la columna de la izquierda, la identidad como manifiesto. A la derecha, la búsqueda de palabras propias que rimaran. El descubrimiento de que hay mucho para componer y decir.

“Hagamos un videoclip, sabemos que hay grandes artistas en ustedes”, alentó Marcos. Los profesores y adolescentes comenzaron a tocar el piano, la guitarra y el cajón peruano. Renzo improvisó un telón con un biombo de libros pintados y presentó la escena. Cuando lo corrió, uno de los chicos tomó el micrófono frente al pizarrón y empezó a rapear. Se sumaron los aplausos y chasquidos. Luego, la improvisación: “Quiero lo mejor para cada pibe, a ninguno le deseo la calle, ni volver acá”, cantaba y agitaba los brazos.

Cuando se guardaron los instrumentos, los chicos se acercaron a la esquina en donde estaba Renzo y le preguntaron por su historia de vida. Los docentes invitaron a una ronda final. “Gracias por abrirnos las puertas, queríamos conocerlos para saber con qué venir la próxima, seguir construyendo con ustedes, que nos digan qué quieren, qué sienten, qué les gusta, y qué florezcan más CUSAM”, manifestó Florencia.

Afuera, no llovía más. Ya habían pasado más de tres horas. Renzo fue el último en irse. Antes de subirse al auto pidió que lo esperaran. Agarró el celular, se sacó una selfie en el portón gris de la entrada y se la envió a su mamá.

—Me va a decir: ‘¿qué hacés ahí de nuevo?’ —dijo entre risas—. Le voy a responder ‘no, má, no me retes, volví, pero como profe’.

 

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Nota actualizada el 4 de diciembre de 2020

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