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Mónica Szurmuk: “Ignorar a las mujeres escritoras hizo que la historia se reconstruyera de manera incompleta”

La investigadora principal del CONICET con sede en el Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas de la UNSAM habla de su actual estadía en la Universidad de Harvard, del rol de la crítica literaria en el rescate de las voces excluidas del canon y de la perspectiva de género como condición necesaria para pensar la literatura, la cultura y la historia de América Latina. 

 

Por Camila Flynn. Foto destacada: María Birba

Mónica Szurmuk tiene una voz dulce y joven. Prende la cámara y cuenta que hoy está cuidando a su nieta de tres meses. Habla bajito para que no se despierte, pero dice mucho y se apasiona. Hace poco llegó a la Universidad de Harvard con una beca de investigación por su proyecto Cartografías de la intimidad, que explora el secuestro de niñxs durante la última dictadura militar en la Argentina.

Su carrera académica es impactante: se formó y enseñó en algunas de las universidades más prestigiosas del mundo; publicó más de diez libros y editó otros tantos; investigó las articulaciones entre el poder, la cultura letrada y los modos de subalternidad y resistencia en América Latina con foco en temas de raza y etnicidad desde los campos de la literatura y los estudios culturales; escribió sobre género, memoria, mujeres viajeras y cultura judía en América Latina. Mujeres en viaje (2000), Women in Argentina, Early Travel Narratives (2001), Memoria y ciudadanía (2008), Diccionario de estudios culturales latinoamericanos (2009), Sitios de la memoria: México Post ’68 (2014), Entre mundos y lenguas: Las cartas de un maestro de la Alliance Israélite Universelle desde Entre Ríos (2018) y La vocación desmesurada: Una biografía de Alberto Gerchunoff (2018) son algunos de sus títulos. Además, hoy está al frente de la serie Latin American Literature in Transition de la Cambridge University Press y se encuentra editando la obra completa del escritor argentino Alberto Gerchunoff.

Como si todo eso fuera poco, enseña e investiga desde el Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas (LICH) de la Escuela de Humanidades de la UNSAM.

Antes de charlar sobre tu estadía en Harvard y sobre tu trabajo como investigadora, autora y editora, hablemos de la Maestría en Literaturas de América Latina que dirigís en la UNSAM junto con Gonzalo Aguilar.

Es una maestría muy original en el contexto nacional, pero también en el regional. Trabajamos las literaturas de América Latina insertas en un discurso global. Nos interesan los cruces entre lenguas, el trabajo con otras disciplinas, la intermediación del cine, las artes visuales, la música. Pero lo que nos diferencia de otros posgrados similares de la Argentina es, sobre todo, el interés por crear investigadores e investigadoras rigurosos y originales.

Tenemos estudiantes que después buscan hacer un doctorado o que cursan la Maestría como parte de sus recorridos como becarios doctorales del CONICET, pero también gente que trabaja en revistas, medios, universidades nacionales, escuelas secundarias y profesorados. El objetivo es fomentar un proceso individual y creativo en relación con las literaturas latinoamericanas. En este sentido, la visión es latinoamericanista y no tan exclusivamente centrada en la Argentina.

Por otro lado, Gonzalo Aguilar es un crítico muy importante en el ámbito de la literatura y la cultura brasileña, pero también ha explorado otras áreas de América Latina. Yo me especialicé en México y las diásporas latinas en los Estados Unidos, países en los que enseñé durante muchos años. Entonces tenemos una visión muy regional que además se nutre de profesores visitantes de otras áreas de América Latina y también de Estados Unidos y Europa.

También tienen una revista editada por lxs estudiantes, ¿no?

Sí, una revista digital que se llama Transas. Allí publican nuestros estudiantes, pero también investigadores e investigadoras de todo el mundo. Es una revista que difunde temas de interés cultural de América Latina y que tiene mucho alcance internacional. Por otro lado, es una plataforma que a los estudiantes les permite probar sus ideas, pensar los temas que están trabajando y empezar a escribir.

Transas también recibe las contribuciones de críticos y críticas muy reconocidos que se animan a hablar de su propio trabajo en un registro no tan académico, lo que habilita la llegada a un público más general.

 

El plan de estudios tiene tres áreas: formativa, orientada y de investigación. ¿Cómo se articulan con los objetivos de la carrera?

Ofrecemos materias básicas y materias formativas. Las formativas cambian todos los años. Entonces tenemos, por ejemplo, una literatura latinoamericana y una literatura mundial, pero con contenidos que van actualizándose; una materia que explora los cruces con otros medios; otra que trabaja temporalidades, etc. Este año, por ejemplo, ofrecimos un seminario sobre literatura colonial. En años anteriores, dimos seminarios sobre la memoria.

Tenemos también materias optativas que pueden surgir de nuestra oferta, pero también de otras unidades académicas de la UNSAM o de otras universidades. Hacemos muchos puentes con maestrías del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) y tenemos un seminario permanente de investigadores e investigadoras que vienen a presentar sus trabajos.

Por último, tenemos el área de investigación y tesis, a la que le damos muchísimo peso. En esa instancia, estimulamos el trabajo con archivos y la producción de una escritura personal. Para esto, aprovechamos los archivos que tiene la UNSAM, como los acervos del Centro de Estudios Espigas o el CeDInCI.

Por otro lado, también creemos en aprovechar la riqueza que traen nuestros estudiantes, que vienen de diferentes países y con distintas formaciones disciplinarias. La idea es que utilicen todo eso y apliquen su experiencia en la cursada.

En agosto de este año diste el seminario Archivos de la Intimidad en las Literaturas Latinoamericanas. ¿Qué materiales de lectura incluiste y cómo los trabajaron? ¿La cursada virtual aportó algo nuevo a la experiencia?

El tema de este seminario estuvo muy vinculado con lo que ahora estoy haciendo en la Universidad de Harvard, donde tengo una beca de investigación. El seminario estuvo basado en dos elementos: el archivo y la intimidad.

En 2018 me invitaron a dar la conferencia de cierre de las Jornadas Nacionales de Historia de las Mujeres. Compartí la mesa con Rita Segato, que es antropóloga, y con Elizabeth Jelin, que es socióloga. Yo abordé la historia de las mujeres desde la crítica literaria y mi planteo fue el siguiente: la literatura y el arte hecho por mujeres nos pueden ayudar a recuperar las voces negadas por los archivos tradicionales. Las voces de las mujeres, de los subalternos, de los disidentes sexuales, de los pueblos racializados que nunca fueron registradas. Una literatura que recupera escenas y subjetividades ignoradas por los archivos del canon y que puede funcionar como un archivo hospitalario.

Cité entonces un texto de Lina Beck-Bernard, una escritora francesa del siglo XIX que vivió en Santa Fe durante un tiempo, que retrata una fiesta del 25 de Mayo incluyendo una descripción de una mujer indígena con su bebé en el regazo. Esa mujer presenciando la fiesta de los criollos, de los blancos, me pareció una imagen muy poderosa. Entre otras cosas, esa imagen cuenta que ella estaba ahí. Pudo haber desplazamientos, pudo haber desposesión, pero lo que nos permite este texto es ubicar a esta mujer indígena y a su bebé en esa celebración del 25 de Mayo a mediados del siglo XIX en una provincia de la Argentina.

Esta idea de la literatura como archivo hospitalario la desarrollé después en un artículo que publiqué en coautoría con Alejandro Virué, un estudiante de la Maestría que está trabajando los inicios de la literatura gay en la Argentina. Ahí extendimos la idea del archivo hospitalario para pensar la literatura homoerótica.

El otro eje del seminario fue la intimidad, que durante la pandemia funcionó de una manera bastante interesante. Partiendo de una crítica norteamericana que se llama Lauren Berlant pienso la intimidad como una narrativa dominante de género. Una forma, un punto de vista, un enfoque metodológico que permite pensar la naturalización de ciertos espacios determinados por el patriarcado, pero también por los modos en que la idea de subjetividad se otorga a ciertas poblaciones y no a otras.

En este sentido, y siguiendo a otras críticas feministas, pienso en cómo algunas poblaciones tienen derecho a las intimidades y otras no. Esa intimidad deseable que, por supuesto, va cambiando a lo largo del tiempo, pero que está bastante ubicada en el contrato heterosexual del matrimonio, en contraste con aquellas intimidades que son despreciadas, invisibilizadas.

En el ámbito internacional, podemos pensar las intimidades de los países centrales frente a las intimidades de los países pensados como marginales. En cuanto al desarrollo colonial, la intimidad se puede pensar como una manera de establecer una diferencia en el acceso a determinadas posibilidades de subjetividad y narración propia.

 

De algún modo, las clases virtuales ocurren en ámbitos de la intimidad.

Ahora, todos y todas estamos en casa. Entonces la intimidad está exacerbada. Por eso, durante la cursada decidimos hacer un diario de trabajo colectivo. Creamos una lista de música en Spotify y empezamos a escribir y compartir contenidos buscando conectar con estos espacios invisibles.

Leímos relatos peruanos del siglo XIX en los que se describe la situación de niños indígenas que eran secuestrados y vendidos para ser llevados a las casas de las familias ricas de Lima como juguetes vivientes. Para entender esto, nos visitó Ana Peluffo, una crítica argentina especializada en literatura peruana y autora de En clave emocional, que nos habló del tráfico de afectos, de los modos de funcionamiento de ciertas domesticidades en las que de pronto hay niños que son juguetes de otros niños. Ella nos contó cómo, a través de la literatura y de algunos textos legales, pudo reconstruir una genealogía de la figura del cholito como niño regalado. Leímos Feliz nuevo siglo, doktor Freud, de la dramaturga mexicana Sabina Berman, y Autobiografía del algodón, de la escritora mexicana Cristina Rivera Garza, que también vino al seminario. Esta novela parte de la historia de una huelga de pizcadores de algodón en el norte de México durante la década del treinta. Vimos cómo ella construía la intimidad de sus personajes en tanto novelista y cómo, en tanto historiadora, hurgaba en los archivos para encontrar la historia y documentar, por ejemplo, la huelga obrera y gran parte de la historia de esa zona fronteriza entre México y Estados Unidos, de donde proviene su familia.  También leímos El lenguaje de las orquídeas, de Adriana González Mateos, con quien también charlamos; vimos Roma, de Alfonso Cuarón, y debatimos el tema de la racionalización del trabajo doméstico junto con la investigadora y escritora mexicana Maricruz Castro Ricalde. Tuvimos la visita de Héctor Hoyos para debatir Estrella distante, de Roberto Bolaño.

O sea, una de las cosas que nos permitió la virtualidad es recibir visitas impresionantes. La novela de Rivera Garza la pudimos leer apenas había salido. Por otro lado, hicimos un recorrido que nos permitió articular los conceptos de intimidad y de archivo hospitalario, y que además les permitió a los estudiantes ir construyendo un recorrido propio.

¿Cómo fue esta experiencia de armado colectivo de un diario?

Fue muy interesante. Yo había propuesto algo parecido para la Maestría en Periodismo Narrativo de la UNSAM y a los estudiantes les sirvió muchísimo. A mí también me sirvió mucho. El diario nos permitió hacer cosas muy estimulantes: primero, seguir conectados a lo largo de la semana, ir conversando las lecturas; segundo, compartir relatos personales, a veces con un nivel de compromiso y de autorrevelación muy fuerte. La gente se la jugó mucho. Además de la música compartida, aparecieron fotografías, videos, registros de la intimidad durante la cuarentena. Fue un complemento extraordinario. Las aulas virtuales funcionaron muy bien y fue fácil compartir enlaces y contenido. Además, todo ese intercambio quedó registrado.

La vida de los estudiantes se fue colando en el seminario. Se creó un espacio de intimidad a pesar de la cámara. Hubo un deseo real de compartir las experiencias propias y las de otros, además de las experiencias de lectura.

En una entrevista que te hicieron hace un tiempo para Transas vos decías que, trabajes de lo que trabajes, siempre volvés al género. Que la mirada de género, de alguna manera, abre nuevos modos de mirar un corpus. ¿Cómo conectás esta mirada con la idea del archivo hospitalario que mencionaste antes?

Durante mi doctorado trabajé la literatura de mujeres. Con el correr de los años fui trabajando  otros temas, por ejemplo, la biografía de Alberto Gerchunoff, que tradicionalmente no se pensaría como un trabajo de estudio de género, pero creo que desde mi autoría tiene una marca fuerte de género. Creo que la mirada de género siempre está presente para mí y que todo trabajo es un trabajo sobre el género.

La idea del archivo hospitalario es un desarrollo de esta mirada, una manera de pensar el hecho de que ignorar a las mujeres escritoras, ignorar el género durante siglos, hizo que la historia se construyera de manera incompleta. Porque faltan las mujeres, faltan los pueblos originarios y, durante mucho tiempo, también faltaron las clases populares. El archivo hospitalario nos permite entrar en esos mundos.

En 2016 presentaste junto con Ileana Rodríguez una Historia de la Literatura Femenina Latinoamericana, editada por la Universidad de Cambridge. ¿Qué investigadoras participaron? ¿Qué cronología pensaron? ¿Qué autoras rescataron y cómo entraron a jugar los temas de género, raza, migración, memoria y resistencia en América Latina, que son tus temas de investigación?

Lo que hicimos fue ampliar la idea de literatura. Si pensamos en literatura canónica, hasta el siglo XIX el corpus latinoamericano es ínfimo. Entonces incluimos textos, pero también otras manifestaciones culturales, como representaciones en lienzos de la cultura maya.

El recorte fue histórico: partimos del momento previo a la llegada de los españoles y portugueses a América. La suerte de contar con cuarenta años de estudios feministas nos permitió ampliar muchísimo el campo. Además, pudimos sumar a investigadoras que estaban mirando las representaciones de las mujeres en culturas precolombinas, obviamente no escritas en lenguas europeas.

Entonces acompañamos la historia de América Latina desde el momento de la colonización hasta el presente. Buscamos incluir las literaturas menos transitadas —la literatura boliviana, la literatura paraguaya— y también reconstruir momentos de ebullición que luego fueron olvidados. Tenemos, por ejemplo, una parte dedicada al período colonial, otra al siglo XIX, una sección de principios del siglo XX que cubre las vanguardias y que también incluye la Revolución Mexicana. Pensamos la etapa del llamado boom latinoamericano analizando qué pasó en ese momento con las mujeres. Hicimos una reconstrucción del momento más contemporáneo, con temas de memoria, militancia, acceso al canon y a la posibilidad de escribir y ser publicadas.

Buscamos pensar a las mujeres en serie con otros subalternos, pero también nos interesó explorar la idea de lengua. Porque la literatura latinoamericana no es solo la escrita en castellano y portugués, sino también la escrita en inglés, francés y en lenguas indígenas. Entonces nos pusimos en contacto con alguien que estaba trabajando literatura en lenguas indígenas en Centroamérica. Después de las masacres masivas de la década del setenta, hay un resurgimiento de la escritura en lenguas indígenas. El libro registra eso.

Por suerte, todo esto se fue ampliando y ya tenemos muchos más estudios enfocados en lenguas indígenas y en discursos que reconstruyen la vida de las mujeres en la colonia, como el jurídico o el médico.

 

El libro también incluye la obra de escritoras latinas que viven o vivieron en Estados Unidos. ¿Cuál es la situación de estas mujeres? ¿En qué idioma eligen escribir? ¿Para qué público?

Sí. Otra marca del libro es la inclusión de la diáspora latina en Estados Unidos y Canadá. La mayoría de estas mujeres elige escribir en inglés, pero muchas hacen textos en los que también aparece el castellano. Textos fronterizos en más de un sentido: no solo se ubican en la frontera entre México y Estados Unidos, sino también en una lengua de transición. Una lengua que incorpora el castellano y que dialoga con otros elementos de la cultura latinoamericana, quizá más canónicos.

Se trata de textos que adquirieron cierta representatividad en el segmento de lectores que leen en inglés, pero que en un primer momento fueron textos pensados para “mujeres de color”, “mujeres del Tercer Mundo”. Lo interesante es que hay una recuperación de la tradición latina que, puesta en contacto con la cultura anglófona, se desparrama. Textos que fueron bien recibidos porque tienen gran claridad conceptual a la hora de pensar ciertos temas como la frontera, la migración, el bilingüismo y la subalternidad.

Son textos que también tienen una conexión con la naturaleza. En la última novela de Cristina Rivera Garza, por ejemplo, leemos los discursos de la geología y la ecología, que en otras escritoras chicanas aparecen mucho. Esta relación de respeto con la tierra, que también está presente en escrituras en lenguas indígenas.

¿Qué recepción tuvo esta historia en Estados Unidos?

Extraordinaria. Es un libro muy citado y utilizado en docencia e investigación porque ofrece textos de índole teórica, pero también textos que construyen campos de estudio —por ejemplo, el campo de literatura andina de mujeres—. La cantidad y la diversidad de textos que se llegó a recopilar fue impresionante. Algo que además conectó a mucha gente con otras lecturas.

¿Qué estás haciendo ahora en la Universidad de Harvard?

En principio, obtuve una beca de investigación del Centro de Estudios Latinoamericanos. Me presenté a la beca con un proyecto de libro que tengo ahora, cuyo título provisorio es Cartografías de la intimidad. Vengo de trabajar los flujos de la literatura latinoamericana en el ámbito mundial y ahora quiero pensar una zona más pequeña. Puntualmente: Lomas de Zamora. Armar allí una cartografía de la intimidad incluyendo diferentes aspectos.

Creo que, en general, la lectura de la literatura argentina responde a un modelo monolítico, escrito por hombres. Este modelo propone una manera determinada de pensar la literatura y la cultura, pero también de vivenciar la intimidad, la construcción de la intimidad. Dicho esto, me interesa pensar qué otras cosas pasaron con la cultura y la literatura a partir de dos espacios: el municipio de Lomas de Zamora y La Salada, que está dentro de ese municipio. La Salada es el mercado ilegal más grande de América Latina. Al mismo tiempo, la municipalidad está en un barrio con casas inglesas.

Pensar ese mundo pequeño donde convivieron un montón de realidades, con comunidades de inmigrantes completamente diferentes —ingleses, alemanes, judíos, japoneses—, las cuales fueron construyendo espacios bien diferenciados. Pensar qué pasó con las poblaciones indígenas. Qué pasó con la población negra. Explorar cómo se fueron construyendo diferentes modelos de intimidad, qué circulaba en las bibliotecas, qué circulaba en las iglesias, cuáles eran los textos que se enseñaban, qué pasaba con los grandes textos de la literatura mundial cuando se leían en las escuelas del conurbano.

Esta idea surge de otro proyecto sobre derechos humanos que comparto con dos investigadoras jóvenes, Malena Velarde y Agostina Invernizzi. En concreto, sobre un hogar de niños en el que se alojaron hijos de desaparecidos durante la última dictadura militar. Nos interesaba pensar qué pasaba con el lugar del barrio en la vida de esos chicos. Ver estos espacios de la calle, el club de barrio, la iglesia, donde la gente puede tener vivencias muy agradables, pero que también son espacios donde pasaron cosas terribles.

 

Volviendo un poco a tu actividad docente, ¿encontrás diferencias entre lxs estudiantes latinoamericanos y lxs extranjeros a la hora de encarar los textos? ¿Con qué prejuicios de lectura llegan? ¿Qué sensibilidades se ponen en juego?

En un nivel de posgrado la experiencia no es radicalmente diferente. Entre otras cosas, porque en los seminarios que doy, esté en donde esté, siempre hay una presencia importante de estudiantes argentinos y latinoamericanos. Por otro lado, un posgrado siempre es un laboratorio para pensar las diferencias. Son espacios de experimentación y de articulación de una voz propia que nos alejan del provincialismo. Una de las mayores riquezas de un posgrado es abrir el universo.

En la UNSAM, por ejemplo, los estudiantes participan de experiencias extraordinarias como la Cátedra Coetzee, que fue una oportunidad única porque permitió conectar realidades y literaturas muy diferentes, inclusive descubrir cómo se piensa la literatura desde los grandes centros del poder. Iniciativas que son de una riqueza que, ojalá, podamos seguir construyendo.

¿Qué libros, revistas, blogs, cuentas de Twitter estás leyendo/siguiendo en este momento?

Acabo de terminar Transcendent Kingdom, de Yaa Gyasi, una autora de Ghana criada en Estados Unidos que toca el tema de lo racial y los modos sutiles con los que el racismo destroza las subjetividades.

Desierto sonoro, de la mexicana Valeria Luiselli, es un libro que ya leí tres veces. Un texto extraordinario que piensa la cuestión de la maternidad y el valor de lo humano: quiénes son los chicos que importan y quiénes son los chicos que no importan.

Cristina Rivera Garza hace algo muy parecido con su Autobiografía del algodón, que también está muy en línea con la idea del archivo hospitalario. Cuenta la historia de su propia familia en la frontera entre México y Estados Unidos y, a partir de allí, reconstruye episodios importantes como la Revolución Mexicana, la gripe de 1918, las deportaciones.

Sigo la cuenta de Twitter de Karina Galperín, y también la de Hinde Pomeraniec. Por supuesto, leo las cuentas institucionales de la UNSAM y el CONICET. Enterarme de lo que hacen otros y otras colegas siempre es muy enriquecedor.

Conocé la Maestría en Literaturas de América Latina de la UNSAM.

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Nota actualizada el 3 de noviembre de 2020

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