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Incendios en el Bajo Paraná: “No pensamos el Delta como un santuario de la naturaleza, sino con la gente adentro”

El Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental convocó a una mesa debate para analizar el tema urgente de los incendios en el Bajo Paraná. Participaron Abelardo Llosa, director nacional de Planificación y Ordenamiento Ambiental del Territorio, la productora agropecuaria Analía Esperón y lxs investigadorxs de la UNSAM Patricia Kandus y Rubén Quintana.

Por Solana Camaño

Los procesos ecológicos no pueden pensarse sin las personas y las actividades productivas que los integran. Esa fue la premisa central de la mesa debate “Bajo Paraná: Un territorio amenazado por el fuego”, organizada por el Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental (3iA) de la UNSAM y moderada por Gustavo Bianchi, director de la Maestría en Gestión Ambiental

Los efectos de los incendios en la naturaleza, los actores implicados en la problemática y la necesidad de una presencia estatal con ordenamiento territorial fueron los ejes del encuentro virtual realizado el martes 15 de septiembre.

Los humedales ocupan entre 1 y 3 puntos de la superficie terrestre y albergan el 40 % de todas las especies vegetales mundiales y el 12 % de las animales. “Esto da cuenta de lo que esos ecosistemas implican para la vida de millones de personas en todo el planeta” señaló Rubén Quintana, investigador del 3iA.

En lo que va de 2020, una vasta superficie diversa y compleja del Bajo Paraná fue arrasada por un factor homogeneizador: el fuego. Las quemas intencionales se potenciaron con la particular situación de sequía y bajante del río. No es la primera vez que ocurre algo así, en 2008 se dieron condiciones similares.

“Me pregunto si el territorio está amenazado por el fuego o si la amenaza es que se trata de un territorio en disputa”, dijo Patricia Kandus, especialista en humedales del 3iA. “El Delta del Paraná es un territorio con diversidad de usos —ganadería, agricultura, forestación, pesca, turismo—. Además, brinda a la sociedad una enorme cantidad de bienes naturales comunes: la regulación hídrica, climática y biogeoquímica, además de la biodiversidad”, amplió.

 

En esa línea, Kandus señaló que el desplazamiento de ganadería forzado, los fuegos de origen antrópico y los intentos de forzar el humedal para que se comporte como un sistema terrestre repercuten de manera negativa. Sin embargo, más allá de la variabilidad del cambio climático, apuntó contra el modelo agrofinanciero, “que habla de una lógica cultural, tecnológica y hegemónica orientada a expandir sus actividades en un territorio complejo como si fuera tierra firme”.

Según la experta, esos factores actúan sobre los bienes naturales comunes y sobre los diversos usos que hay en el territorio. “El impacto se mide en las pérdidas de superficie de humedal y de biodiversidad, la degradación de los terrenos, la expulsión de los pobladores locales y también por la movilización social, porque a nadie le gusta estar reclamando para que paren los incendios”, advirtió.

Analía Esperón, productora agropecuaria de la zona, participó del encuentro desde las Islas de las Lechiguanas. “Acá es agua y tierra de nadie”, dijo mientras mostraba los pastizales y suelos secos que contrastaban con el cielo despejado. Al fondo, se podía ver el río en el que creció. Esperón es la cuarta generación de su familia dedicada al agro y a otras actividades fluviales. Su abuelo murió en un barco de madera porque se rompieron los corrales, pero el legado permaneció. Cuando era chica, su padre la llevó a navegar por el Delta y hoy maneja un buque de carga de 200 toneladas en el que traslada ganado y maquinaria.

“La mayoría de lo que se encuentra acá son ranchos, construcciones muy precarias. Casi no hay familias por la falta de educación y conectividad”, describió Analía mientras caminaba con sus ariculares y el celular en la mano. “Es un lugar hermoso pero tengo que hablar de lo feo. ¿Qué tipo de islero queremos tener en la zona? ¿De qué forma vive? ¿Viene acá para hacer una farra y sobrevivir o a hacer algo en turismo y ganadería a largo plazo?”, se preguntó. También apuntó contra quienes invierten por las ganancias momentáneas, pero no proyectan con una visión más amplia.

La falta de ordenamiento territorial fue un problema advertido por todxs lxs disertantes. Abelardo Llosa, arquitecto y director de Planificación y Ordenamiento Ambiental del Territorio del  Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, habló del desafío de lograr leyes armónicas entre las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe. Además, definió la reactivación del Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sostenible en el Delta del Paraná (PIECAS-DP) como un instrumento que permitirá avanzar de manera sostenida entre las jurisdicciones.

En cuanto a su gestión, Llosa expresó: “Por un lado, están las políticas orientadas a apagar la emergencia; por el otro, la proyección de construir en el tiempo un modelo de desarrollo para el Delta con una perspectiva compartida basada en la sostenibilidad, lo que implica el trabajo en conjunto con universidades y municipios”. (Nota relacionada, aquí). 

 

Desde el PIECAS, junto con las provincias y los parques nacionales, se propusieron estrategias de prevención. Una está conformada por los “faros de conservación”, pensados para irradiar políticas públicas en el entorno. Con 7 faros ya en funcionamiento, se busca reforzar la presencia del Estado en el Delta, un territorio que, según Llosa, siempre fue más descuidado que otros sectores pampeanos de la agricultura y la ganadería.

“La idea es tener un faro cada 100 mil hectáreas conectado con tecnologías, antenas, cámaras térmicas y drones que permitan detectar fuegos de forma temprana. Por otro lado, la clave será contar con personal de parques nacionales operando no como policía ambiental, sino como vínculo con los actores del territorio: lxs isleñxs, lxs productores y las familias que habitan allí”, amplió Llosa.

En cuanto a la minimización de riesgos, el arquitecto identificó como centrales la prevención, la capacitación y la sensibilización. “El fuego es un desastre natural, pero las condiciones que lo producen son humanas”. Kandus coincidió: “La valoración de los humedales es un camino y un proceso de la mano de la capacitación y la educación. Nadie pueda valorar lo que no conoce o no entiende”.

Al cierre del encuentro, Llosa retomó una idea planteada por Quintana sobre la importancia de producir en sintonía con el funcionamiento de los ecosistemas y no en contra de ellos. “Las necesidades productivas deben adaptarse al medio y no al revés”, afirmó el funcionario. Kandus también se había manifestado en ese sentido: “Entender el medio natural en interacción con la población, el uso y los modelos imperantes del desarrollo es lo que nos va a permitir pensar cómo va a ser el futuro”.

“No estamos pensando en un delta como un santuario de la naturaleza, sino con la gente adentro, con actividades productivas en un marco de sostenibilidad”, dijo Llosa, quien invitó a la concientización colectiva: “El Delta es un tesoro que tenemos en la Argentina. No podemos dejar que se nos escape de las manos”.

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Nota actualizada el 16 de septiembre de 2020

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