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Biblioteca Central: TAREA-IIPC recupera los libros de la inundación de 2013

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A casi cuatro años del temporal que dejó sumergidos miles de libros de la Biblioteca Central, el taller de restauración especialmente instalado en el Campus Miguelete continúa recuperando el catálogo y ya acondicionó una gran cantidad de libros. El exhaustivo trabajo de los especialistas de TAREA-IIPC para preservar un patrimonio de toda la comunidad.

Por Gaspar Grieco | Producción audiovisual: Pablo Carrera Oser y Leandro Martínez

El 2 de abril de 2013, un temporal sin precedentes azotó el conurbano bonaerense y las ciudades de Buenos Aires y La Plata —en las que, en total, se registraron 89 muertes—. De acuerdo con las mediciones del pluviómetro de la Universidad Nacional de La Plata, ese día cayeron 392 milímetros de agua en lluvias constantes. En el partido de San Martín, dos personas perdieron la vida y llegaron a registrarse unos cien evacuados.

En otro nivel de gravedad, la Biblioteca Central de la UNSAM también padeció el temporal: en la mañana de aquel 2 de abril, el agua traspasó el vidrio de una de sus salas principales, en donde se encontraban alojados casi cinco mil libros que esperaban ser catalogados e ingresados a las colecciones permanentes. “Recuerdo que ese día fue imposible entrar: el subsuelo estaba todo inundado con más de un metro y medio de agua”, cuenta Mariela Frías, directora de la Biblioteca.

En la lista de títulos que fueron devastados por el agua y el barro, se encontraban cuatro colecciones de gran valor documental e histórico: la del historiador de la ciencia José Babini, la del investigador de la Universidad de Buenos Aires Enrique Tandeter, la del historiador del arte y poeta Héctor Ciocchini y la del Centro Cultural y Deportivo Isaac León Peretz. Frente a aquel panorama, el equipo de restauradores del Instituto de Investigaciones sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) puso manos a la obra.

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“Cuando llegamos y vimos cómo había quedado la Biblioteca nos dimos cuenta de que teníamos que empezar a trabajar enseguida”, cuenta Nora Altrudi, la docente e investigadora de TAREA-IIPC a cargo del proyecto. “La situación era terrible. El primer día no había luz, era un caos total, pero lo bueno fue que toda la Comunidad UNSAM nos dio una mano, incluso ayudaron muchos vecinos de los barrios cercanos”, recuerda.

Lo primero que hicieron los restauradores fue congelar los libros más afectados en nueve freezers hogareños para evitar la proliferación de hongos y, en paralelo, iniciar un trabajo de secado colocándolos sobre tablones y sogas expuestos al aire de ventiladores. Con la ayuda de docentes, alumnos y personal administrativo abocados al salvataje en jornadas intensivas, el proceso de rescate y separación de los libros mojados llevó alrededor de veinte días.

Poco después, la UNSAM adquirió un contenedor refrigerante para la guarda de los libros y construyó un taller de recuperación en el Campus Miguelete. Los nueve especialistas que allí trabajan —investigadores y becarios de TAREA-IIPC— diseñaron un circuito de trabajo y un protocolo para el salvataje bibliográfico.

El circuito para el restauro

En una primera etapa, los libros ingresan al contenedor instalado en el Campus Miguelete, que los mantiene a 17 grados bajo cero. “El frizado sirve para evitar el desarrollo de hongos y frenar cualquier proceso biológico”, explica Altrudi. En una segunda etapa, los libros son trasladados a los freezers hogareños alojados en el taller. María Pardo, coordinadora del espacio, detalla: “Una vez que los libros salen de los freezers, realizamos mediciones de peso y tamaño, documentamos el proceso aplicado en cada uno de ellos, relevamos su información básica y les asignamos un número para hacerles un seguimiento”.

Luego, los libros son trasladados a una habitación especialmente equipada con una campana de flujo laminar con radiación UV. Allí, las integrantes del grupo Mariela Neyra, Natalia Herrera e Ingrid Bonotto eliminan todos los hongos página por página. “Utilizamos alcohol con una concentración del 70 %. La campana de flujo laminar filtra el pasaje de las esporas al ambiente; es una especie de aspiradora que absorbe el aire infectado y, al mismo tiempo, la radiación UV con la que esta provista actúa como fungicida”, explica Neyra.

Una vez limpios, los libros son secados, aplanados con prensas para recuperar su forma original y, por último, trasladados al sector de limpieza mecánica. “En esta etapa, ya no hay hongos. Allí limpiamos la suciedad e inspeccionamos el tratamiento previo para ver si se reactivó el hongo. En ese caso, el libro vuelve a campana. Luego, los libros que lo requieren pasan a reparaciones, que consiste en una estabilización básica para que no se pierdan elementos sueltos o con riesgo de desprenderse”, puntualiza Pardo.

Una vez finalizado el circuito, se hace un último control en el que se evalúa si el libro está en buenas condiciones en cuanto a estabilidad estructural y ataque fúngico. Si ya no representa ningún riesgo, ingresa a la Biblioteca Central, donde es catalogado.

Un patrimonio que merece ser salvado

Tras cuatro años de trabajo sostenido, los restauradores de TAREA-IIPC ya lograron recuperar  una gran parte de los libros afectados, habiendo priorizado las colecciones más importantes de la Biblioteca. Las colecciones personales de Babini, Ciochini, Tandeter y el Centro Cultural Peretz posen contenidos inéditos, no disponibles en otras bibliotecas.

Al respecto, Frías destaca la importancia del trabajo realizado: “La idea es recuperar lo invaluable. Algunos libros tienen escrituras y marcas realizadas por los propios investigadores que aportan un valor agregado. Con esas anotaciones, accedemos al pensamiento del investigador, que está solo ahí. También hay libros que no son fáciles de conseguir o tienen un costo muy alto”.

Con la asesoría del investigador Eduardo Albertó del IIB-INTECH, el equipo de restauro no solo recupera los libros deteriorados por el agua, sino que, al mismo tiempo, profundiza la investigación sobre el tratamiento fúngico de libros y del soporte ante inundaciones. Al respecto, Altrudi señala: “A lo largo de la historia han habido innumerables inundaciones de bibliotecas, pero la documentación es bastante limitada. De esta experiencia en la UNSAM surge un proyecto de investigación para el tratamiento de hongos. Partiendo del desastre, buscamos producir conocimiento y generar algo que sirva a futuro”.

El equipo de trabajo del taller de recuperación de libros está compuesto por María Pardo, Paola Balario, Ingrid Bonotto, Juan Buelvas Rueda, Norka Carreño, Sofía Frigerio, María Pía Gilardenghi, Virginia Habegger, Natalia Herrera, Juliana Lanhas, Marina Liguori, Cristian López Rey, Julia Lurbe, Mariela Neyra, Sara Pregueiro, Noelia Ramos, Diego Rosso, Constanza Schmidlin y Anabella Sosa Cabrios.

Nota actualizada el 13 septiembre, 2017

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