Campus de Innovación

Inmunova: Constructores de anticuerpos

A mediados de 2016, la empresa Inmunova trasladó sus instalaciones al Campus Miguelete de la UNSAM. Linus Spatz, uno de sus socios fundadores, habla del vínculo con la Universidad y destaca la importancia de esta interacción para el desarrollo de nuevos productos biotecnológicos destinados al tratamiento de enfermedades.

Por Vanina Lombardi | Fotos: Pablo Carrera Oser

Inmunova es una empresa biotecnológica dedicada a la investigación, el diseño y el desarrollo de vacunas y otros productos orientados a la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades que afecten la salud humana o animal. A través de lo que se conoce como ingeniería en proteínas y anticuerpos, sus desarrollos están basados en una plataforma propia y patentada denominada Inmuno MultiCarrier (IMC) y en la tecnología de nanoanticuerpos (VHH).

La empresa nació en 2006 como un desprendimiento de un laboratorio de la Fundación Instituto Leloir, donde funcionó hasta septiembre de 2016, cuando sus instalaciones fueron trasladadas al edificio de la Fundación Argentina de Nanotecnología (FAN), que funciona en el Campus Miguelete. A un año de la mudanza, el biólogo Linus Spatz, uno de los cuatro socios fundadores de Inmunova (junto con sus colegas Fernando Goldbaum, Jorge Villalonga y Dan Kaplan) habla del vínculo entre la empresa y la Universidad y destaca la importancia de esa interacción para el desarrollo de nuevos productos biotecnológicos.

¿Qué significó para la empresa instalarse en el Campus Miguelete?

Una empresa como la nuestra, con una importante proyección de crecimiento, necesita relacionarse con distintos grupos de trabajo, tanto en el ámbito de los graduados como de los estudiantes, porque eso nos permite abrir nuevas líneas de desarrollo. Solemos hacer presentaciones de nuestra plataforma y, si un investigador trabaja con alguna enfermedad que nos parece compatible y hay interés en hacer algo en conjunto, lo acoplamos a nuestra plataforma para que pueda hacer pruebas de concepto en su laboratorio. Si la prueba funciona, puede patentarse conjuntamente con la UNSAM y seguir con el desarrollo de un posible producto.

¿Qué cambia para un investigador cuando empieza a trabajar con ustedes?

Somos una empresa que se basa únicamente en el conocimiento, por lo que el modo de hacer ciencia es bastante parecido al del mundo académico. Entre biólogos, biotecnólogos y bioquímicos, sumamos 13 científicos en total, además de 2 administrativos. Producimos ciencia todos los días y publicamos igual que en la academia. La diferencia es que nosotros hacemos foco en proyectos concretos y gestionamos la documentación de otra manera. Algo novedoso es que alumnos de distintas universidades pueden hacer el Doctorado en Biología en nuestra empresa, algo que no es común, por lo menos en la Argentina. Considero que la colaboración público-privada es fundamental, tanto para crear más empresas de base tecnológica y facilitar el acercamiento de la academia a las necesidades de la industria como para que las empresas puedan incorporar la última tecnología que se desarrolla en las universidades.

¿Surgieron proyectos nuevos desde que se instalaron en la UNSAM?

Estamos analizando ideas. Además, ya teníamos subsidios compartidos, como un FONARSEC para un proyecto bastante ambicioso que busca mejorar el diagnóstico de enfermedades como el síndrome urémico hemolítico (SUH), para el cual también tenemos un consorcio con ANLIS/Malbrán, que es el centro nacional de referencia. También tenemos la licencia de una patente que obtuvo la investigadora Juliana Cassataro (IIB-INTECH) a través del CONICET. Ella  desarrolla vacunas y patentó un antígeno en particular, una proteína, sobre el que tenemos licencia para trabajar en conjunto. La parte productiva tiene que tener una altísima calidad, los productos deben ser inocuos y, para ello, es necesario hacer una serie de estudios que permitan que ese producto se vaya acercando al mercado.

En el caso del tratamiento del SUH, ¿en qué etapa están?

Estamos haciendo pruebas clínicas. Es un proyecto que nació hace muchos años a partir de una colaboración con Marina Palermo, de la Academia Nacional de Medicina. Teníamos una plataforma para presentar moléculas al sistema inmune a la que sumamos determinados antígenos, que son como pequeñas partes de un virus o bacteria, y que permiten dirigir una respuesta de defensa contra un patógeno determinado.

En este caso, sería la Escherichia coli, que contamina alimentos…

Sí, en este caso, “decoramos” nuestra plataforma con una parte de la toxina, pudimos presentarla al sistema inmune y logramos muy buenos anticuerpos para su neutralización. Es como si se le bloqueara la cerradura a las toxinas con una antitoxina. Funciona de un modo muy parecido al de un antisuero contra alacranes y arañas.

Una vez que lograron esa respuesta de manera satisfactoria, ¿cuáles fueron las etapas que siguieron?

Se planificó y se trabajo muchísimo. Hicimos ensayos preclínicos en animales, para lo cual contratamos al Centro de Medicina Comparada de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y el CONICET. El objetivo era probar la inocuidad de los anticuerpos. Antes de eso, hicimos mucho trabajo de laboratorio para comprobar su funcionamiento. De hecho, tenemos varias publicaciones internacionales sobre el tema.

¿Lo patentaron?

Sí, invertimos mucho en patentes y este desarrollo tiene una patente internacional que sacamos en conjunto con el CONICET. Nosotros desarrollamos el producto y, en caso de que se venda, se le devolverá al CONICET lo que corresponda en forma de regalías.

Tras la etapa de ensayos preclínicos, muchos desarrollos suelen ser transferidos para que los continúen empresas más grandes. ¿Qué harán ustedes?

En este caso, lo vamos a seguir haciendo nosotros. Hay medicamentos muy caros y vacunas muy sofisticadas que cuestan cientos de millones de dólares, pero en este caso es diferente. Lamentablemente, la Argentina es el país con mayor prevalencia de SUH en el mundo, lo que incentiva a buscar una solución. Los pacientes están acá, con lo cual hace falta hacer los ensayos clínicos en el país. Ya conseguimos suficiente apoyo local para empezar las primeras etapas de ensayos de las fases 1 y 2, con voluntarios primero y, posteriormente, con pacientes.

¿Qué otros desarrollos tienen en este momento?

Tenemos una línea de vacunas para aplicación animal basada en la misma plataforma. Específicamente, estamos avanzando en una vacuna recombinante para fiebre aftosa en conjunto con Biogénesis Bagó, con quienes también compartimos un subsidio. Otro proyecto incipiente, en este caso con el Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME) del CONICET, es un desarrollo vinculado con el cáncer a partir de una vacuna terapéutica que no busca reemplazar a las terapias actuales, sino que sería complementaria.

Nota actualizada el 10 octubre, 2017

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