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Adrián Mutto: “Hacemos modificación genética para estudiar enfermedades”

El especialista en biotecnología dirige un laboratorio de reproducción animal y un centro de desarrollo genético en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la UNSAM. En esta entrevista, habla sobre su trabajo en transgénesis y clonación de cabras, ovejas, cerdos, caballos y vacas.

Por Nadia Luna | Foto: Pablo Carrera Oser

Adrián Mutto siempre supo que quería trabajar con animales. Pasó su infancia en un campo de Entre Ríos soñando con ser veterinario. Años después, se mudó a Buenos Aires y comenzó la carrera, pero, con más de la mitad de las materias aprobadas, descubrió que no estaba seguro de querer continuar. Poco antes, la UNSAM había abierto una carrera que lo atrajo más: la Licenciatura en Biotecnología, cuyo plan finalizó con éxito. Allí, su director de tesis fue el médico veterinario y doctor en Química Rodolfo Ugalde, fundador del Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IIB-INTECH), perteneciente a la UNSAM y al CONICET, que hoy lleva su nombre.

“Dentro de la ciencia, Rodolfo era como un padre. Me retaba y me felicitaba como si fuese mi viejo. Eso me hizo quererlo muchísimo”, cuenta Mutto. Ugalde se había formado con el premio Nobel Luis Federico Leloir y era un convencido de que la ciencia debe servir para resolver las necesidades de la sociedad.

“¿En qué querés trabajar?”, le preguntó a su “hijo” científico cuando se graduó. “Quiero algo que me permita pasar la mitad del tiempo en el campo. Me gustaría trabajar con embriones de vacas y caballos”, a lo que Ugalde respondió: “Pero acá no hacemos eso”. Sin embargo, en seguida garabateó un papel y le dijo: “Tomá, esta es la dirección de mi casa. Pasame a buscar a las cuatro de la mañana”.

Aquella madrugada, Mutto y Ugalde viajaron hasta el predio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Balcarce, donde el flamante graduado, luego de trabajar durante un tiempo con la clonación y transgénesis de cabras, conocería a los veterinarios Germán Kaiser y Nicolás Mucci. Todavía no lo sabían, pero los tres investigadores serían los “padres” de una vaca bitransgénica llamada Rosita ISA.

Incansable, Ugalde también dirigió la tesis doctoral de Mutto y le hizo la última corrección dos días antes de morir. Mutto fue el primer doctor en Biotecnología y Biología Molecular egresado de la UNSAM. Hoy, dirige el Laboratorio de Biotecnologías Aplicadas a la Reproducción y Mejoramiento Genético Animal del IIB-INTECH y el Centro de Desarrollo Genético de la sede en Chascomús del Instituto.

Su primer trabajo en reproducción animal fue con cabras. ¿En qué consistió?

Trabajar con cabras fue una idea de Rodolfo [Ugalde]. Al ser animales chicos, se las puede tener en un espacio más acotado. El problema fue que no disponíamos de la cantidad suficiente de gametos [células con función reproductora] para producir embriones. Con las vacas no hay inconvenientes porque frigoríficos hay en todos lados. En cambio, en Buenos Aires no se comen cabras. Así que tuvimos que viajar cada 15 días a Malargüe (Mendoza) a buscar los gametos, luego a Balcarce para realizar la clonación y, finalmente, a Chascomús para transferir los embriones. El objetivo era obtener una cabra transgénica. Posteriormente, cambiamos a vacas. En Chascomús nacieron los primeros toros Brangus de América Latina.

¿No volvió a trabajar con cabras?

No, ¡gracias a Dios! Te vuelven loco, son muy inteligentes. Las vacas son más tranquilas.

Tras la pérdida de miles de animales por la erupción del volcán Puyehue, desde el Centro de Desarrollo Genético emprendieron la tarea de repoblar la Patagonia con ovinos. ¿Cómo lo hicieron?

Buscamos proveer de material genético a las tres provincias más afectadas por esa erupción: Neuquén, Río Negro y Chubut. Son unas tres mil dosis de semen y trescientos embriones que estamos terminando de enviar para generar pequeñas majadas de reproductores. Para eso, adquirimos machos y hembras. A las hembras les hicimos un tratamiento hormonal para superovularlas, luego se las inseminó y, a la semana, recolectamos todos los embriones. Los de mayor calidad fueron criopreservados [congelados] en nitrógeno líquido a -170 °C y lo mismo hicimos con las dosis de semen extraídas. Eso se está enviando a tres sedes del INTA, una sede por provincia, para que transfieran los embriones y los críen. Una vez adaptados al clima, los productores serán capacitados para recibir los animales.

¿Qué trabajo realizan en la sede del IIB-INTECH que está en el Campus de la UNSAM?

Hacemos investigación aplicada. Tenemos dos líneas de investigación: biotecnologías reproductivas y células madre. En la primera, trabajamos con CRISPR, una herramienta de edición genómica que nos permite producir cerdos modificados genéticamente para el estudio de enfermedades humanas —la fisiología del cerdo es muy parecida a la nuestra—. Con estas “tijeras biológicas”, inducimos a los cerdos a que tengan la enfermedad que necesitamos estudiar: cáncer de colon, Huntington, hemocromatosis, Alzheimer, arterioesclerosis o fibrosis quística. Lo hacemos en asociación con la Fundación Favaloro y el Hospital Posadas. También trabajamos en la generación de páncreas en distintas especies con el laboratorio del científico argentino Pablo Ross en la Universidad de California en Davis. Nosotros buscamos generar páncreas de conejo en cerdos.

¿De qué se trata y cómo se aplicaría en humanos a futuro?

Con CRISPR hacemos que el gen que dirige el desarrollo del páncreas en el embrión del cerdo no se exprese, es decir, de alguna manera lo “apagamos”. Posteriormente, agregamos células madre de conejo. Todavía no se sabe bien cómo funciona ese mecanismo pero esas células madre generan un páncreas. Ya hemos tenido fetos de cerdos con páncreas de conejo que son funcionales y producen insulina. Apuntamos a ver si, en un futuro, esto puede convertirse en un mecanismo de reemplazo de órganos mucho más simple y mejor que el actual. Se aplicaría así: yo necesito un páncreas porque el mío funciona mal. Me sacan células de la piel (fibroblastos) y las reprograman para que vuelvan a ser células madre. Esas células se inyectan en un embrión de cerdo donde formarán un páncreas y, como son mías, no habrá rechazo al momento del reemplazo. Esto es algo que todavía está en pañales en todo el mundo por cuestiones biológicas y éticas, porque ese órgano va a ser funcional gracias a venas, arterias y otros elementos que no van a ser de un ser humano, sino de un cerdo.

La ingeniería de tejidos todavía no ha logrado generar órganos funcionales en el laboratorio…

Claro, eso todavía no ha sido posible. Por ejemplo, podemos producir hepatocitos (células del hígado) en el laboratorio, pero necesitamos otros tipos celulares que todavía no pueden reproducirse, ya que todos trabajan en forma orquestada. Tampoco podemos reproducir la forma de cada órgano, porque va adquiriéndose en el desarrollo dentro del útero. Eso no es azaroso: por algo todos tenemos la misma forma en el hígado, los riñones, el corazón. La forma que toman es lo que los hace funcionales.

¿Reprogramar células madre puede generar tumores?

Las células madre tienen algunas características de las células tumorales. Cuando se reprograma una célula, una forma de validar su condición de célula madre es inyectarla en el organismo de un ratón sin sistema inmune y comprobar si se genera un teratoma, que es un tumor que tienen los tres tejidos embrionarios. Si le inyecto células madre a un organismo, le genero un tumor. Esto no pasa con embriones, solo con organismos ya establecidos. Tampoco sucede si inyectamos células ya diferenciadas. Por ejemplo, tenemos una línea de investigación para reparar lesiones articulares en caballos mediante la cual generamos células madre a partir de fibroblastos y, antes de inyectárselas, las volvemos a diferenciar en condrocitos (células productoras de cartílago).

También realizan clonación de caballos de competencia. ¿Les realizan alguna modificación o mejora genética?

No. El motivo por el cual se clonan esos caballos es simple: las yeguas (el 95 % de los animales que compiten en polo son hembras) solo se pueden reproducir en primavera y verano, y eso coincide con la temporada de polo. Entonces, se acortan las chances de tener una preñez. Si en vez de tener una cuartetera (crack, en polo) tenemos diez, las podemos cruzar con diez padrillos y aumentamos las chances de tener embriones. No se hace ningún mejoramiento genético, es solo una técnica multiplicadora.

¿Cómo está la vaca Rosita? El objetivo era obtener leche con alto valor nutricional para el humano. ¿Lo lograron?

El ser humano es la única especie que consume leche de otra especie. La más consumida es la de vaca, que nos aporta ciertos nutrientes como calcio, grasa y aminoácidos, pero su aporte nutricional es deficiente. Para elevarlo, le agregamos lactoferrina, cuya función principal es ingresar hierro al torrente sanguíneo, y lisozima, que tiene propiedades antibióticas. Cuando Rosita entró en la pubertad, la indujimos a la lactación, obtuvimos leche y la mandamos a analizar a España, porque la corroboración de un tercero es la forma más transparente de confirmar el resultado. La leche de Rosita expresó las dos proteínas pero en muy baja concentración. Ahora estamos esperando una autorización de la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA), que es nuestro ente regulador, para producir embriones y estudiarlos. Queremos ver si Rosita tiene la capacidad de transmitirle los genes a los embriones. Además, gracias a la llegada de la técnica CRISPR en 2014, hoy ya tenemos preñeces de vacas modificadas genéticamente, lo que tiene grandes ventajas. En primer lugar, es mucho más simple producir los embriones. Y, en segundo lugar, no serán transgénicas. La tecnología de CRISPR utiliza el propio mecanismo celular para realizar modificaciones genéticas. Por lo tanto, no hay que agregarle ningún vector. Se logra “prendiendo” y “apagando” genes. Una tercera ventaja es que este mecanismo también nos permite apagar el gen de la beta-lactoglobulina, que nos permitirá obtener una leche hipoalergénica. Esto es importante porque se calcula que cerca del 10 % de la población es alérgica a la leche de vaca. Estimo que, en el transcurso de este año, ya vamos a tener algunos nacimientos.

¿En qué estado se encuentra el debate en torno a la clonación de seres humanos?

Ya no se discute más. No hay limitación tecnológica, pero sí biológica. El factor limitante en la clonación siempre son los ovocitos, que son los gametos femeninos y no hay de dónde sacar. Otro impedimento es la cuestión ética. A ningún laboratorio serio se le pasa por la cabeza clonar seres humanos, no tiene sentido científico y hay leyes que lo prohíben. Sin embargo, existen laboratorios en los que se generan embriones humanos por clonación, pero solo para realizar estudios, por ejemplo, de células madre embrionarias. Para eso deben contar con autorización.

¿Qué proyectos tiene a futuro?

Algo que me rompe la cabeza es llegar a entender por qué la fertilización in vitro no funciona en caballos. Tenemos un proyecto de investigación sobre eso y estamos buscando fuentes de subsidio. Ojalá podamos hacer embriones algún día. La formación de recursos humanos es otro objetivo muy importante para mí. También, lograr que el centro de Chascomús sea autosustentable. Y que a futuro yo pueda formar a mi reemplazo.

De los logros obtenidos hasta ahora, ¿cuál considera que es el más significativo?

Dos cosas: la primera, haber logrado los clones de Brangus, que fue una idea de Rodolfo Ugalde. Falleció un mes antes de que yo obtuviera mi doctorado, no llegó a verlo y eso me pesó muchísimo. El otro logro es Rosita, que nos abrió muchas puertas. También fue idea de él, yo solo fui un ejecutor. Otra cosa que me dejó es la forma en que dirijo mi laboratorio. Él no era de los que están encima de la gente todo el tiempo y creo que yo soy igual, además de otras cosas que hago cotidianamente y después me doy cuenta que son similares. No tengo más que palabras de agradecimiento para él.

Nota actualizada el 7 septiembre, 2017

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