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Rosana Guber: “Este año ganan por primera vez el Konex de Platino en la categoría una mujer y la antropología social”

La directora de la Maestría en Antropología Social del IDAES recibió el premio Konex de Platino. En esta nota, la especialista en historia de la antropología destaca la importancia de la etnografía como metodología esencial para las ciencias sociales y rememora su trabajo con los veteranos de la Guerra de Malvinas.

Por Gaspar Grieco | Foto: Gentileza Fundación Konex

Rosana Guber siempre recuerda a Esther Hermitte, la reconocida antropóloga argentina —fallecida en 1990— que introdujo el método etnográfico en el país y transmitió a su discípula esa pasión por “ponerse en los zapatos del otro”. Hoy, con una extensa trayectoria, Guber señala que esta metodología de trabajo de campo es “la más parecida a la vida” de las personas a las que se busca conocer.

Esa forma de trabajar la llevó a vincularse con los excombatientes de la Guerra de Malvinas, a compartir sus historias y a conocer sus vidas en profundidad. Treinta y cuatro años después de aquel enfrentamiento armado, la antropóloga del IDAES habla de su trabajo con los veteranos y aporta su punto de vista sobre el desarrollo académico de la historia militar argentina.

Distinguida con el premio Konex de Platino, la autora de De chicos a veteranos. Memorias argentinas de la guerra de Malvinas (2004) y La etnografía. Método, campo y reflexividad (2001), entre otros títulos, Guber es la primera antropóloga social en recibir este reconocimiento.

¿Cuál es la importancia de haber sido distinguida con el premio Konex de Platino?

En antropología-arqueología recibieron el Platino dos arqueólogos: Alberto Rex González (1986 y 2006) y Rodolfo M. Casamiquela (1996). Este año ganan por primera vez el Konex de Platino en la categoría Arqueología y Antropología Cultural una mujer y la antropología social. Esta es la importancia que le atribuyo a la distinción: con los antecedentes de Esther Hermitte y Leopoldo Bartolomé, premiados con el Diploma al Mérito, asciende al Platino la antropología social, una subdisciplina antropológica como son, además, la antropología biológica, la etnología, el folklore, la etnohistoria, la arqueología y la antropología forense.

En el prólogo de su libro El salvaje metropolitano usted sostiene que el trabajo etnográfico es el que más se parece a la vida. ¿Por qué? ¿Cuáles son las ventajas de investigar con esta metodología?

La pregunta llevaría una argumentación demasiado larga para esta oportunidad, pero yo diría que, al intentar comprender desde “los zapatos del otro”, a la gente con la que trabajamos, los antropólogos que hacemos trabajo de campo nos dejamos guiar por ella. Esta guía incluye no solo “la información” sino los modos de conocerla y conceptualizarla. El trabajo de campo etnográfico es la perspectiva metodológica más parecida a la vida de aquéllos a quienes queremos conocer porque son ellos los que nos muestran los qué y los cómo. En ese proceso de aprendizaje podemos ponderar, por comparación, no solo el valor de los conceptos teóricos (académicos), sino los modos de vida (académicos y no académicos) que protagonizamos los investigadores-ciudadanos.

¿Esta metodología es común en la antropología social que se practica en la Argentina? 

El trabajo de campo etnográfico se practica en la antropología en la medida en que se hace investigación seria, de la que hay mucha en nuestro país. Pero también hay mucha declamación de su necesidad, y solo declamación. Hacer trabajo de campo comme il faut lleva tiempo y mucha dedicación. ¿Cómo se hace trabajo de campo mientras se da clase, se evalúan proyectos, se escriben artículos, se asiste a congresos y se hace política universitaria?  Se toman atajos, se resuelve rapidito, se incurre en mala investigación y se publica de inmediato. Ese no es un problema argentino. Desde Cambridge y Oxford para abajo, todos nos quejamos del trabajo burocrático y docente que invade la vida académica.

En cuanto a otras ciencias sociales, es cierto que el método etnográfico ha permeado todas nuestras disciplinas. Creo que esto se debe a que los jóvenes notan que “las herramientas habituales” y, sobre todo, el marco epistemológico de las ciencias sociales no permiten dar cuenta de la realidad que quieren conocer. Entonces, el método etnográfico parece acceder a “todo lo demás” y “todo lo verdadero”. Que así sea depende de las investigaciones concretas, pero con buenas dosis de cuestiones humanas que todos compartimos, investigadores incluidos. Un buen ejemplo es el único estudio que, creo, se ha hecho de todo un proceso de investigación en antropología social. Pido disculpas por ser autorreferencial pero La articulación etnográfica, el libro que publiqué en 2013 sobre la investigación de Esther Hermitte en los Altos de Chiapas, es un caso único de estudio de todo el proceso etnográfico, sostenido por materiales que se encuentran en línea en Archivo Esther Hermitte del Centro de Antropología Social del Instituto de Desarrollo Económico y Social. No solo el diario de campo.

Usted se ha especializado en la Guerra de Malvinas. ¿Cómo fue el trabajo con  los excombatientes poco tiempo después de concluida la Guerra y cómo es el trabajo hoy?

Cuando empecé mi trabajo de campo con quienes fueron protagonistas directos del conflicto bélico (soldados, suboficiales y oficiales de las tres fuerzas) la herida estaba demasiado abierta y el país estaba “casi” en otra cosa: asegurar un nuevo orden democrático que fuera perdurable, lo cual era sumamente original para lo que fue la historia argentina del siglo XX. Malvinas se colaba en las conmemoraciones anuales y en los hechos políticos relativos a los juicios por crímenes de lesa humanidad y los levantamientos militares de 1987,1988 y 1990. Actualmente, empieza a ser posible analizar el único conflicto bélico internacional que protagonizó nuestro país en ese siglo, en todas sus dimensiones y por parte de intelectuales de distintas especialidades y de quienes saben de guerra por teoría y por experiencia, que son los militares. Ojalá esta posibilidad tome cuerpo y se traduzca en debates inteligentes e informados.

Está muy difundida la idea de que la guerra fue un intento de la dictadura de volver a recuperar el prestigio que había perdido. ¿Esto fue así?

Reivindicar en los hechos la soberanía argentina sobre las islas fue, ciertamente, una medida política, pero afirmar que la Guerra fue un intento de recuperar prestigio ya me parece una exageración. Más bien pienso, junto con distintos autores verdaderamente informados al respecto, desde la publicación de El peón de la reina, de Virginia Gamba, que Gran Bretaña nos tendió una trampa y que el régimen cayó en ella y no supo cómo salir; más bien respondió con una “huida hacia adelante”. Pero no en términos políticos, sino bélicos: cuando la tercera administración del Proceso de Reorganización Nacional decidió tomar Port Stanley, Gran Bretaña tenía toda su flota lista a raíz de los hechos de las Georgias del Sur, de los que poco se habla pero que tuvieron una importancia decisiva. La Royal Task Force ya estaba armada y dispuesta. El 2 de abril no fue una novedad para la primera ministra Margaret Thatcher. Galtieri no supo cómo detenerla, y ella no se iba a detener. Las negociaciones y la mediación del presidente peruano Belaúnde Terry fracasaron y el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano el 2 de mayo fue el golpe de gracia a una posible paz (aun cuando las hostilidades habían comenzado en la madrugada del día anterior). En verdad, creo que Galtieri fue tomado por Perón y su balcón: ¿cómo retroceder ante la plaza llena y el entusiasmo por la recuperación de un territorio que los argentinos de entonces, cualquiera fuera su ideología, consideraban suyo?

¿Qué opina sobre los intentos de reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas que realizó el Gobierno anterior? ¿Observa una política de soberanía sobre las islas por parte del actual Gobierno?

No puedo opinar. La cuestión diplomática es muy compleja y no me parece serio hablar del asunto por las noticias de los diarios. De todos modos, si hay algo que nos perjudica seriamente, en este y otros terrenos, es la discontinuidad en las políticas. Aunque la recuperación sudatlántica es una cuestión de Estado que figura en la Constitución Nacional de 1994, los modos van de un extremo al otro. Malvinas no es una excepción.

¿La tradición académica argentina ha mostrado interés en la historia militar?

Hay estudios sobre historia militar muy extensos y serios, pero me da la impresión de que algunas disciplinas de las ciencias sociales no le prestan atención. Precisamente, la historia clásica pre José Luis Romero era una historia político-militar. Es posible que la cuestión castrense no haya sido estudiada desde las ciencias políticas. El punto es que la mayoría de los científicos sociales se han ocupado de lo militar con referencia a la transición democrática. Los científicos sociales prácticamente no se han ocupado de los militares en acción de combate (interno y externo) o no se han ocupado de ellos sin imponerles una lógica ideológica muy determinada. Es una lástima, pero esto puede empezar a cambiar. Estudios como los representados por los colegas Máximo Badaró, Sabina Frederic y Germán Soprano indican que esto es posible.

¿Qué perfil tiene un egresado de la Maestría en Antropología Social del IDAES?

La Maestría de Antropología Social del IDES-IDAES con titulación en la UNSAM propicia desde 2001 un perfil de investigador, académico o aplicado, que sepa relacionar perspectivas teóricas con trabajo de campo y pueda interrogar diversas realidades sociales de manera novedosa y creativa. En ese perfil interviene una formación con docentes-investigadores activos, la lectura de autores extranjeros y nacionales, y la exposición a diversos campos empíricos. Este posgrado ha formado y sigue formando a personas de distinta procedencia nacional, intelectual y académica con intereses y formaciones disciplinarias muy distintos. Cada cual aporta su formación y sus predilecciones temáticas; la antropología les ofrece otra perspectiva teórico-metodológica. Lo que se trae y lo que se aprende se potencian mutuamente y de manera asombrosa. La Maestría acaba de recibir la calificación máxima de CONEAU, la A.

Nota actualizada el 30 de noviembre de 2016

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