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La Universidad inauguró su primer laboratorio en el espacio

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LabOSat es una plaqueta para experimentos electrónicos diseñada por investigadores de la UNSAM y de otras instituciones, que viaja dentro de los nanosatélites comerciales Fresco y Batata, lanzados en mayo por la empresa Satellogic.

Por Matías Alonso, Agencia TSS | Fotos: Pablo Carrera Oser

El grupo de investigadores que, desde hace años, desarrolla memorias no volátiles para uso en ambientes hostiles logró llevar su trabajo al espacio. Todo surgió a partir del contacto con Satellogic, la empresa argentina de nanosatélites que hace poco lanzó sus dos primeros productos comerciales: Fresco y Batata, dos paralelepípedos de 80 centímetros de alto, 40 de ancho y 40 de profundidad equipados con 3 cámaras especiales, aptos para ofrecer servicios de monitoreo y de control de seguridad.

En el espacio, los componentes de los satélites quedan expuestos a un nivel de radiación mayor que el terrestre. Viajando a unos 27.000 kilómetros por hora, atraviesan fases de sol y de sombra cada una hora y media. Además, en el despegue, debieron tolerar vibraciones y una fuerza de gravedad 10 veces mayor que la existente en la superficie de la Tierra.

Fresco y Batata son los primeros nanosatélites comerciales argentinos. Están a 500 kilómetros de altura, pesan 35 kilos y tardan 190 minutos en dar una vuelta completa a la Tierra. Su trayectoria y funcionamiento se controlan desde dos bases terrenas, una ubicada en la localidad argentina de Tortuguitas y la otra en Svalbard, Noruega. Satellogic ya firmó cartas de intención con 10 clientes interesados, a los que les ofrecerá el monitoreo de sus campos, análisis de infraestructura y controles de seguridad para la industria petrolera, entre otros servicios.

El equipo de investigadores que desarrolló las plaquetas para experimentos electrónicos LabOSat está liderado por Pablo Levy —físico e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA)— e integrado por investigadores de la UNSAM, la CNEA y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), y por becarios del CONICET. A esas plaquetas el equipo les incorporó unas memorias especialmente diseñadas —las MeMOSat—, cuyas propiedades de resistencia eléctrica permiten enviar información útil para estudiar el comportamiento de sus materiales en un ambiente hostil. Se trata de dispositivos que, en caso de llegar a funcionar sin fallas en ese ambiente, próximamente podrían incorporarse comercialmente a otros satélites, además de ser utilizados en otros entornos agresivos, como el industrial y el nuclear.

“Las memorias están compuestas por tres capas de metal-óxido-metal, que permiten guardar información de manera muy segura”, explica Federico Golmar, coordinador del equipo y docente de la UNSAM. “No tiene sentido usar memorias flash, como las de una cámara de fotos, que tienen un costo muy bajo, pero son muy frágiles. En cambio, nosotros diseñamos una memoria de pocos bits muy segura, adaptable a las necesidades de almacenamiento de información en un satélite, en lo profundo de un pozo petrolero o en un reactor nuclear”, detalla. Las plaquetas LabOSat también funcionan como pequeños laboratorios en miniatura, ya que permiten el testeo de otros componentes electrónicos. “Los datos enviados sirven para verificar el correcto funcionamiento de las memorias y los demás componentes que se prueban dentro del satélite, analizar variaciones sufridas por los materiales y comprobar si hubo pérdida de datos por el ambiente hostil”, agrega Golmar.

Federico Golmar

En abril de 2013, Satellogic lanzó Capitán Beto, el primero de sus satélites, que sirvió como prueba de concepto para los siguientes. Poco tiempo después, la empresa puso en órbita Manolito y Tita —este último de mayor complejidad y unos 25 kilos de peso—. La memoria de Tita incluyó una plaqueta para medir las propiedades eléctricas que inspiró la creación de MeMOSat. “Estamos en una etapa de aprendizaje y queremos entender cómo se comportan estas memorias. Hacemos mediciones para saber si los datos almacenados se degradaron y, si lo hicieron, cuándo y de qué manera”, indica Golmar. “La plaqueta instalada en Tita, por ejemplo, trabaja una vez por día en diversos experimentos, cuyos datos transfiere a la Tierra a través del satélite. Luego Satellogic nos envía esos datos para que podamos analizarlos” amplía.

Para el lanzamiento de Fresco y Batata, se creó la plaqueta LabOSat, que habilita la experimentación y permite sumar dispositivos de otros grupos de investigación. “Es un laboratorio en miniatura ideado para medir propiedades de dispositivos”, define Golmar. Gracias a ello, a las memorias diseñadas por el equipo argentino también se sumaron dosímetros de un grupo de la Facultas de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y transistores no convencionales provenientes del Centro de Investigación Nanogune, del País Vasco.

Para contribuir a la investigación y agradecer los aportes del Estado —la empresa recibió subsidios y créditos blandos del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación— Satellogic permitió la inclusión, sin costo, de las plaquetas, a condición de que cada unidad no superara los 100 gramos y no consumiera más de 1 watt. “Veníamos con esta idea de sumarnos a un satélite y sabíamos que Emiliano Kargieman, el CEO de Satellogic, daría una charla en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. Lo fuimos a ver y, en marzo del 2014, ya habíamos hecho la primera plaqueta, que se incorporó a Tita. No es común que se puedan hacer estas cosas”, advierte Golmar.

A diferencia de los satélites convencionales, que pesan entre 1 y 3 toneladas, y tienen un promedio de vida de 10 años, estos nanosatélites solo duran 3, pero cuestan 100 veces menos. Esta disminución en el promedio de vida hace que la constelación de satélites que la empresa tiene pensado construir pueda estar más actualizada en términos tecnológicos. Para 2017, Satellogic tendrá 25 satélites listos para ser lanzados y, hacia 2020, habrá construido cientos.

Nota actualizada el 14 junio, 2016

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