TAREA-IIPC

Francesco Taccetti habla sobre el nuevo escáner para el estudio de obras patrimoniales

Francesco Taccetti, investigador del Instituto Nacional de Física Nuclear (INFN) italiano, visitó el Taller TAREA para colaborar en la instalación de un escáner que permitirá analizar la composición de obras en forma no invasiva.

Por Matías Alonso, Agencia TSS | Fotos: Pablo Carrera Oser, archivo UNSAM

Franceso Taccetti nació en 1965, y su carrera trazó un extraño camino desde la física médica hasta el análisis de obras de arte. Hoy coordina la Red de Patrimonio Cultural del INFN.

Taccetti visitó el Instituto de Investigaciones sobre el Patrimonio Cultural (TAREA-IIPC) para colaborar con la instalación de un escáner de fluorescencia de rayos X (XRF) y capacitar al equipo del Instituto. El escáner XRF permitirá efectuar, en forma no invasiva, estudios de obras pictóricas para conocer in situ la composición de los materiales presentes en ellas sin necesidad de tomar muestras.

XRFScanner

La visita forma parte de un proyecto de la Infraestructura de Investigación Europea para Ciencia del Patrimonio (E-RIHS), una red de laboratorios con instrumentos tecnológicos avanzados dedicada a la investigación sobre el patrimonio cultural. La E-RIHS consideró que TAREA-IIPC podía ser un aliado estratégico en América Latina para el estudio de obras culturales y se estableció un acuerdo de colaboración para la formación de investigadores y el intercambio de experiencias.

El primer paso consiste en una línea de financiamiento y la exportación durante al menos dos años del escáner XRF, que es propiedad del INFN. Taccetti, que también es especialista en toma de espectrometrías por aceleración de masa (AMS, por sus siglas en inglés) —técnica que permite datar muestras muy pequeñas—, explica: “Las dataciones con AMS se realizan con aceleradores de partículas, pero además se necesita un tratamiento químico previo de las muestras para extraer material orgánico de ellas”.

¿Con qué se encontró cuando llegó a TAREA-IIPC?

Con gente abierta a este tipo de aventuras. Esto es esencial porque tenemos que colaborar en un campo que no siempre tiene buen financiamiento. Hay muy poco dinero en el mundo para investigar sobre patrimonio cultural. Pero esto no es una acción de transferencia, sino un compromiso tecnológico conjunto. Por eso, las herramientas tecnológicas con las que trabajamos utilizan código fuente abierto.

¿XRF es una técnica probada?

Sí, la diferencia es que uno puede ir a Alemania y comprar un equipo para un laboratorio por 300.000 euros, pero nosotros ofrecemos el mismo sistema a una décima parte de ese precio. Además, mientras que el equipo de las compañías privadas solo se puede usar en el laboratorio, el nuestro se puede trasladar para trabajos de campo. O se puede usar mientras hay visitantes presentes en los museos: podemos mostrarle a la gente lo que estamos haciendo y que participe. Mapeamos con rayos X la composición de elementos de sodio y otros más pesados de un objetivo, lo que permite excitar las partículas atómicas y obtener las características de los elementos. El mapeo es muy importante porque los resultados son exactos. Por ejemplo, podríamos estar midiendo, sin darnos cuenta, algo de polvo que se posó sobre la obra de arte. En cambio, si uno hace un mapeo, está seguro de lo que mide.

¿Ya tienen en vista obras de arte para analizar con este instrumento?

Probablemente comencemos con un estudio clave en pinturas rupestres en Catamarca (ver nota “Mil años de imágenes escondidas en Catamarca”). Hay equipos transportables: el más pequeño entra en una valija. También está la opción de analizar sus pigmentos de algunos murales de TAREA-IIPC.

¿Un sistema tan pequeño tiene la potencia suficiente como para emitir rayos X?

Sí, pero la energía de los rayos X tiene un máximo de 40 kV. No podemos elevarla más, debido a las leyes de protección contra radiaciones. La idea es mantener la energía lo más baja posible, para que no haya complicaciones relacionadas con la seguridad. Eso quiere decir que, normalmente, trabajamos con 25 o 30 kV y baja corriente. Se puede estar a una distancia de 10 centímetros sin tener ningún tipo de problema.

¿No se necesita ropa de seguridad?

No, para nada. Lo usamos en una iglesia cerca de Florencia y, mientras hacíamos las mediciones, había turistas. Necesitábamos un espacio para los operadores de al menos un metro, pero a dos metros de distancia ya podía haber público.

¿Cuáles son los próximos pasos?

Queremos traer al TAREA-IIPC un laboratorio para preparación de muestras de carbono-14 y trabajaremos en la técnica de AMS, en la que se usa un acelerador de partículas. La idea es empezar con capacitaciones. Creo que el intercambio de experiencias puede servir para el futuro de todos.

¿Planean replicar esta experiencia en otros países de Sudamérica?

Tenemos intenciones de crear un centro aquí desde donde se dé apoyo a los demás países de la región. El vínculo es de Europa con Buenos Aires. Pero, para hacer esto, aún falta. Volveremos en noviembre para continuar este vínculo de colaboración en otros temas, como el de óptica.

¿Cómo llegó a especializarse?

Estudié física nuclear, después seguí con física médica durante tres años y durante otros ocho años me dediqué a la investigación de rayos cósmicos en el área satelital. Luego volví a la física nuclear aplicada en aceleradores de partículas. Ahora soy el jefe del acelerador tándem que hay en Florencia y que se usa para analizar bienes patrimoniales, para investigaciones en medio ambiente y para pruebas de componentes electrónicos, entre otras aplicaciones. Todo mi pasado en física de alta energía es importante para este tipo de colaboraciones porque usamos tomógrafos para analizar el patrimonio cultural y porque, cuando uno trabaja en física médica, siente que está haciendo algo que vale la pena. Y eso también pasa cuando se trabaja con patrimonio cultural, porque es nuestro pasado. Y no hay futuro sin pasado.

Nota actualizada el 3 de mayo de 2016

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