#OrgulloUNSAM,Escuela Secundaria Técnica,Notas de tapa

Comienzan las clases en la Escuela Secundaria Técnica de la UNSAM

Galería

Alrededor de 130 adolescentes de los barrios más humildes de la cuenca del río Reconquista de José León Suárez inician hoy sus estudios en esta escuela modelo que, desde 2014, también ofrece una plataforma completa de actividades extracurriculares. Aquí, un repaso de los avances de esta propuesta inclusiva, que penetra en una realidad difícil.

Por Gaspar Grieco | Fotos: Pablo Carrera Oser

Andrea recorre las callecitas del barrio Villa La Cárcova, esquiva los charcos y hace equilibrio para no resbalarse con el barro. Atraviesa la cancha de fútbol y sigue por el camino que corre paralelo al brazo del río Reconquista, cada día más tapado por la basura. Un vecino se le acerca y le convida un mate.

—¿Qué andás haciendo por el barrio, Andrea?
—Vengo a ver a algunos vecinos para que anoten a sus hijos en nuestra escuela.

Andrea toca timbres, saluda y se presenta. “Mi nombre es Andrea Biscione. Soy la vicedirectora socioeducativa de la Escuela Secundaria Técnica de la UNSAM”. Sentada junto a los padres de cada una de las familias que visita desde hace casi dos años, esta docente especializada en pedagogía social les explica la importancia de que su hijo adolescente curse los estudios secundarios. “Ufff, ¿todo el día en el colegio?”, reprochan algunos. Sin abatirse, Andrea insiste y busca que todas estas familias, a pesar de la marginalización que produce un sistema injusto, confíen en ella.

Claro, la Escuela Secundaria Técnica de la UNSAM no es como las demás instituciones educativas. Allí se mantiene vigente una premisa clara: la inclusión. Ubicada en la zona céntrica de San Martín, la Escuela quedó inaugurada en 2014 a partir de la iniciativa conjunta de la UNSAM, las organizaciones sociales que trabajan en los barrios más humildes de José León Suárez y el Ministerio de Educación de la nación por medio del Programa de Creación de Nuevas Escuelas Secundarias con Universidades Nacionales. Hoy, al comenzar su tercer año de actividad, ya se inscribieron más de 40 chicos que se suman a los 90 que vienen de cursar primero y segundo año de los planes de Técnico en Industria de Procesos y Bachiller con Orientación en Ciencias Naturales.

Durante el período de clases, docentes y coordinadores de grupo trabajan codo a codo con los chicos. Además, y lejos de limitar su oficio al interior de la institución, este equipo pedagógico visita los barrios en forma continua para conocer la realidad social de los alumnos y las necesidades de sus familias. “Los profes son recopados, y los talleres están buenos porque aprendés muchas cosas. A mí me gusta el de música, soy rapero”, cuenta Maxi, de 16 años.

Muchos de los chicos inscriptos en la escuela provienen de hogares fragmentados y están inmersos en realidades difíciles, por lo que el trabajo en la institución es complejo. “Tenemos un alto nivel de retención, pero también un alto grado de ausentismo. En otras escuelas, con ese ausentismo, a los chicos los dejan libres, pero nosotros sabemos que, acá, detrás de eso hay causas profundas. Pibes que no duermen porque tienen que enfrentarse con padres golpeadores o chicos que no duermen en la casa y andan girando toda la noche. Detrás de cada pibe hay historias muy duras”, cuenta Alejandro Bergara, vicedirector académico de la Escuela.

“Yo no sé por qué vengo acá. Vengo porque me dicen que tengo que venir”, cuenta entre risas Matías, de 14 años. “Sí, pero a los talleres optativos te quedás, y seguís viniendo igual”, le responde Germán Klug, profesor de música. “Sí, qué se yo… Está bueno venir acá”, acepta Matías, y todos se ríen.

En días de clase, los chistes y las conversaciones entre alumnos y docentes son comunes, pero este vínculo no se genera con facilidad. “Cuando camino por las callecitas del barrio con algún pibe, cuando piso el barro, cuando escucho disparos y me agacho, el pibe siente que es a mí a quien acompaña. Y es ahí donde se genera el vínculo de confianza y empezamos a creer el uno en el otro. Si yo me dejé guiar por ese chico, entonces sabe que él puede dejarse guiar por mí, y ahí se genera el acompañamiento”, explica Biscione y agrega:  “Muchos de los chicos que se anotan en la Escuela vienen de abandonar sus estudios en otras instituciones, por lo que intentamos generar espacios de enseñanza diferenciales”. En este sentido, Alejandra Chaer, profesora de la materia Prácticas del Lenguaje, explica: “Si uno espera que los chicos se adapten a la escuela no está incluyendo, porque hay una escuela que antes los excluyó. Nosotros tenemos que adaptar la escuela a las necesidades de los chicos. Eso es lo más revolucionario”.

Los directivos y los profesores entienden que la educación no se limita al estudio de los libros y el trabajo en pizarras, y que salir a “conocer el mundo” es una parte fundamental en la formación de los chicos. Para esto, la Escuela cuenta con un programa de “paseos”, que permite a los alumnos salir de San Martín cada quince días acompañados por un coordinador. Gracias a esta iniciativa, distintos grupos ya visitaron Tecnópolis, el Museo del Bicentenario, la Casa Rosada y la Central Nuclear Néstor Kirchner (Atucha II), entre otros puntos de interés. Otro costado interesante es la organización de salidas a sus propios barrios: “Se nos ocurrió salir a conocer los barrios de José León Suárez para que todos conozcan de dónde vienen sus compañeros. Algo que antes no podían hacer por las peleas interbarriales. Ahora los chicos entran y salen con sus compañeros sin problemas”, cuenta Biscione.

Estudiantes, trabajadores y artistas

Además del calendario oficial de materias, la escuela ofrece un amplio abanico de talleres artísticos y de oficios abiertos a los alumnos de las dos modalidades. Algunos son obligatorios  —Carpintería, Electricidad, Ecoconstrucción, Radio y Programación— y otros, optativos —Cine, Teatro, Música, Artes Visuales, Circo, Danza, Muralismo, Ajedrez y Deporte—.

“El bachiller está orientado al mundo del trabajo, por eso queremos que sus alumnos también pasen por los talleres del industrial. En el taller de carpintería, por ejemplo, hay que armar un banquito. Puede resultar irrelevante, pero, cuando vas a visitar sus casas, ves que no tienen sillas para sentarse. Entonces, en los talleres, los chicos hacen bancos y se los llevan a sus casas”, amplía el vicedirector académico, Alejandro Bergara.

Todo el esfuerzo y trabajo que los alumnos ponen en sus producciones ya comenzó a cosechar éxitos: en noviembre de 2015, la Escuela Secundaria Técnica obtuvo el primer premio en el hackatón GIT (Girls In Tech) por el diseño de una aplicación para la prevención de inundaciones en los barrios Independencia, 9 de Julio y Libertador Villa Lanzone, de José León Suarez-Cuenca Río Reconquista.

Desarrollada por Ludmila Sánchez (15), Titi Melgarejo (14) y Magalí Reynoso (14) junto con el profesor de Tecnología, Alvar Maciel, esta aplicación para celulares permite alertar sobre inundaciones a vecinos de la zona que estén en red. Su potencial merece ser relatado por las protagonistas: “Elegimos el tema de las inundaciones porque nuestros barrios se inundan mucho, y, aunque la gente se ayude, a veces no alcanza. Con esta aplicación, la gente va a poder enterarse más rápido y ayudarse”, se enorgullece Ludmila.

Pero este no es el único reconocimiento: con la realización del corto La segunda oportunidad, algunos de los chicos ya son cineastas reconocidos. Ideado y producido en el Taller de Cine, el trabajo obtuvo una Mención Especial en la categoría Ficción del festival Hacelo Corto, que se llevó a cabo en noviembre de 2015.

En un balance de las actividades desarrolladas y los premios obtenidos hasta ahora, los profesores quieren que los alcances de la escuela tengan cada vez más visibilidad. “Lo que se ha logrado desde el inicio hasta acá es una relación de confianza y de pertenencia. Los pibes creen que vale la pena venir”, celebra Maciel. Al mismo tiempo, el vicedirector Bergara se muestra esperanzado y afirma: “A medida que avancen en la escuela, los chicos van a sentir que la universidad está cerca y la van a soñar más”. Y no se equivoca: “Yo quiero ser periodista deportiva. Voy a tener que hacer entrevistas y todo eso. Pero también quiero ser futbolista”, cuenta Titi; “Yo voy a ser profesora de inglés”, dice Ludmila; “Yo no sé qué voy a estudiar, pero seguro voy a ir a la universidad”, asegura Magalí.

Nota actualizada el 22 de marzo de 2016

7 comentarios

  1. Jose dice:

    Hola mi nombre es Jose, vivo muy cerca de Bahi Blanca, pero mi flia. y yo nos trasladaremos a Jose Leon Suarez la semana q viene, mas precisamente a la Villa Carcoca, por que estamos sin empleo y me han ofrecido trabajo alli, y estoy buscando un colegio como su institucion para mi hijastra de 13 años que cursa el segundo y es muy buena alumna, en fin queria saber donde se encuentra la escuela, los horarios, si la pueden admitir, y toda la informacion que puedan mandarme y ver como hacer, pues, junto a mi esposa, nos tiene muy preocupado y es lo que nos falta resolver por su pase( este gran cambio para ella), muchas gracias y felicitaciones, Erika y José .

  2. Soledad dice:

    Hola , soy profe de Violoncello. Puedo ayudar en el ensamble si se necesita!

    Saludos!

  3. Veronica Irma GARCIA KUWOTA dice:

    Hola! Fui docente de Arte y de Cerámica de la Escuela. Me pone muy feliz ver los avances y que sigan creciendo. Los quiero, los extraño y les deseo un gran y exitoso año! juntos!!

  4. marcela alejandra amarillo dice:

    Mi nombre, es Marcela Amarillo, soy docente y estudiante de la UNSAM en la Licenciatura en enseñanza de las ciencias. Me gustaría trabajar en la escuela, o ayudar de alguna forma a la formación de los chicos. Espero su respuesta. Gracias!!

No están permitidos los comentarios.