Lutz Birnbaumer

Comunicación Institucional,Notas de tapa

Lutz Birnbaumer: “Quiero aportar trabajo, enseñanza y experiencia”

Nacido en Austria y formado en la Argentina, es reconocido en el mundo por sus avances en biología molecular junto al Nobel de Medicina y Fisiología Martín Rodbell. Tras 46 años de carrera en los Estados Unidos, vuelve al país y se suma al instituto de Investigaciones Biotecnológicas. Además, en el séptimo número de la publicación de la Universidad un homenaje a Juan Gelman, la presentación de la nueva carrera de Arquitectura, un texto exclusivo del historiador sudafricano Premesh Lalu sobre Mandela y un adelanto de lo la visita de los escritores Paul Auster y J.M Coetzee.

Por Camila Flynn. Fotos: Pablo Carrera Oser.

Cuando a los 19 años Lutz Birnbaumer fue a inscribirse a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, se encontró con una cola larguísima. “Entonces vi que a la vuelta de la esquina estaba la Facultad de Farmacia y Bioquímica, totalmente vacía. No sé por qué, pero en ese momento lo que me atrajo fue la palabra ‘bioquímica’ y, sin dudarlo, me anoté”, se ríe recordando aquel segundo en el que, por una mezcla de pragmatismo e intuición, definió su destino. “No tenía idea de que me iba a convertir en un hombre de ciencia. Siempre actué sin meta definida, haciendo lo que me gustaba… Y no paré más”, cuenta mientras recorre el edificio del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas (IIB-INTECH), que lo recibe como investigador asociado en su regreso a la Argentina tras casi medio siglo de trabajo en los Estados Unidos.

Considerado en el medio científico internacional como el descubridor, junto a los Premio Nobel de Medicina y Fisiología Martin Rodbell y Alfred G. Gilman, de las proteínas G y su papel en la transmisión de señales en las células, a los 75 años Birnbaumer es un referente en el mundo de la Biología Molecular. “¿Éxito?” -se pregunta a sí mismo el hombre que a los 43 ya era uno de los mil científicos más citados en su materia. “La ciencia es maravillosa. Cada vez que encontramos algo nuevo, abrimos una ventana a un mundo desconocido”.

De la curiosidad al hallazgo

Tras licenciarse con calificaciones sobresalientes, en 1967 se doctoró en Bioquímica. Su tesis, que fue elegida la mejor de ese año, fue dirigida por el profesor Héctor Torres y por el Premio Nobel de Química Luis Federico Leloir. “Tanto Leloir como Torres fueron mentores muy hábiles: nunca me di cuenta de que me estaban guiando por un camino en el que hacíamos experimentos para satisfacer una curiosidad”.

La “curiosidad” tenía que ver con el funcionamiento de los mecanismos bioquímicos por los que la insulina regula la síntesis de glucógeno en los tejidos. “Eso era lo que buscábamos; y lo hacíamos mediante el análisis de respuestas celulares a estímulos hormonales. Trabajamos hombro a hombro con una meta común: encontrar el paso limitante de la conversión de glucosa en glucógeno. Usamos como modelo experimental el único conocido hasta entonces, en el que todos los pasos ocurrían después de homogenizar un tejido: pechuga de paloma. Nunca tuvimos lo que buscábamos, que era un efecto de insulina, pero sabíamos que eso vendría más tarde. Con ellos aprendí cuál es la forma de avanzar en ciencia: paso a paso y sistemáticamente.”

Al año siguiente, Birnbaumer emigró a los Estados Unidos con una beca posdoctoral para trabajar en el laboratorio de Martin Rodbell, en el National Institutes of Health (NIH) de Bethesda, Maryland. “Él fue mi tercer mentor. Su imaginación no tenía límites, era dueño de un entusiasmo contagioso, del que nadie escapaba. Y como también estaba interesado en los mecanismos de acción de la insulina, hubo sinergia”. Faltaban años aún para que le dieran el Nobel a Rodbell y para que él reconociera a Birnbaumer como su principal colaborador en la elucidación de los principios de transducción de señales, desarrollados en sus conferencias y escritos, y por los que le otorgaron el premio de la Academia Sueca.

-¿Cuál fue su línea de trabajo con Rodbell?

-Yo adopté sus líneas de razonamiento e inicié el estudio de uno de los tantos efectos de la insulina –el relacionado con la inhibición de la degradación de lípidos–. La resistencia a la insulina es una patología que afecta a un tercio de la población adulta y desemboca en cuadros de diabetes. La hipótesis de Rodbell era que la insulina reducía niveles de AMP cíclico, que es una molécula que interviene en el metabolismo celular de azúcar y grasas, inhibiendo su síntesis en lugar de acelerar su degradación, y esto es lo que estudié durante mis tres primeros años en los Estados Unidos.

En lugar de descubrir cómo actúa la insulina, descifré los principios de los que hoy se llama el “mecanismo de señalización a través de las proteínas G” y que opera en la formación del AMP cíclico en células.

-¿Hasta dónde llegaron?

-A finales de los años 60 se comenzaron a identificar los procesos de señalización celular. Hoy sabemos que existe una gran variedad de receptores celulares que transmiten instrucciones provenientes de las hormonas mediante la excitación de una u otra proteína G. La importancia práctica del mecanismo de transducción de señales se da en el campo biomédico: sin exagerar, aproximadamente el 50% de las respuestas celulares a hormonas, incluyendo neurotransmisores, utiliza una proteína G para regular procesos celulares.

Una disfunción en estas proteínas provoca enfermedades. Son muchos los medicamentos que interactúan con procesos mediados por proteínas G, entre ellos los antihipertensivos, antiespasmódicos, antihistamínicos, bloqueantes, bronquiodilatadores, etcétera.

La vuelta a la argentina

Con esta experiencia, Birnbaumer inició en 1971 su propio grupo de investigación en la Northwestern University Medical School de Chicago “Me dediqué primero a investigar hasta dónde el mecanismo de transducción que habíamos descubierto en Bethesda era usado por otras hormonas que activan la formación de AMP cíclico”. Cuatro años más tarde, se mudó a Houston para convertirse en profesor de Biología Celular en el Baylor College of Medicine, donde continuó los estudios iniciados en Chicago. Luego vendría una fructífera colaboración con el doctor Arthur M. Brown, del Departamento de Fisiología Molecular y Biofísica de Baylor, para investigar posibles regulaciones de una proteína G en canales iónicos; es decir, procesos que son centrales para el buen funcionamiento del sistema nervioso, y de la actividad glandular y cardíaca.

En las décadas siguientes, Birnbaumer y su equipo ampliaron el espectro de sus investigaciones, incluyendo temas como el estudio de la entrada de calcio a células estimuladas por hormonas y neurotransmisores. Allí descubrieron la existencia de proteínas como la TRPC, que participa en los mamíferos de procesos como la inflamación en infecciones, cicatrización de heridas, fatiga muscular y formación de memoria, y también en procesos patológicos como hipertrofia cardíaca en hipertensión crónica, convulsiones epilépticas o hipertensión común. “Hoy sabemos que en total hay siete proteínas –o canales– TRPC cuyas propiedades varían, y hemos aprendido que cada una de ellas tiene un papel definido que cambia con la célula o el sistema fisiológico. Con estos resultados podremos desarrollar medicinas nuevas en el campo de las reacciones alérgicas, la hipertensión, el daño causado por isquemia y reperfusión, y los ataques cerebrales y cardíacos. Este será el enfoque de mis actividades en la Argentina”.

-¿Qué fue lo que lo motivó a volver y por qué eligió esta universidad?

-Volví sobre todo por razones familiares. Pero también me motivó venir a la UNSAM porque me ofreció la oportunidad de establecer un laboratorio de Farmacología Aplicada en un ambiente cordial y propicio para la investigación biotecnológica de punta. Mis investigaciones requieren trabajo con ratones y el IIB tiene un excelente bioterio. También tiene laboratorios con una infraestructura excepcional y este edificio es maravilloso; tiene un diseño moderno y eficiente.

-¿Cómo ve la formación de científicos en el país?

-En cada una de mis visitas durante todos estos años, he observado que la formación básica de los científicos es de primera calidad. Pero además, el argentino tiene imaginación y eso hace que genere observaciones absolutamente originales, algo muy valioso en ciencia. Lamentablemente, la inestabilidad sociopolítica y económica hacía que estas observaciones –que en los Estados Unidos o Europa habrían podido desarrollarse en líneas de trabajo, patentes y escuelas científicas– acá se marchitaran o desaparecieran; casi sin excepción.

-¿Qué espera de su trabajo en la argentina?

-Voy a trabajar en las áreas de biofísica, biología celular y farmacología, y espero encontrar personas formadas en temas de medida y análisis de canales iónicos, y desarrollo de células madre. Tengo la esperanza de hallar investigadores jóvenes interesados en sumarse a un equipo para desarrollar medicinas nuevas. Y en cuanto a mí, espero poder contribuir con mi trabajo, enseñanza y experiencia. Porque, como dicen, “el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo”.

 

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Nota actualizada el 30 de abril de 2014

Un comentario

  1. luis dice:

    muy interesante la nota
    me permite relacionar contenidos basicos de la materia dictada en la iuniversidad con lo expuesto
    ignoraba lapresencia de este prestigiosio cientifico en la UNsam
    espero mas notas cientificas en la revista

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